junio de 2024 - VIII Año

Señor Presidente

José Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala (1898-1920)

El premio Lenin de la Paz y Nobel de Literatura, Miguel Angel Asturias, escribió su mejor novela sobre los efectos sociológicos de la dictadura. Hasta el final de la novela, el autor no deja hablar al dictador; su escrito se refiere al proceso de complacencia que el autócrata genera en círculos concéntricos. La élite inmediata de sus allegados, imbuidos por el espíritu cercano del jefe, afianza su posición con dos armas: echando incienso, por devoción, hacia arriba al Benemérito de la Patria, y replicando el modelo autoritario, con creces, hacia abajo.

Así pues, como por ensalmo, el modelo autocrático se desarrolla, generando un tejido social de la misma índole, como una metástasis mortal, tanto más furiosa cuanto menos sentido crítico haya instalado y más lejano, o endiosado, se vea al Benefactor de la Patria. Es como si la posición relativa se quisiera acortar exacerbando sin freno el mimetismo con el modelo, porque estar cerca y estar lejos es ser vecinos, apunta Asturias. Nada más cercano que la imitación, sobre todo si es desde la lejanía.

Asturias es un poeta y llena su novela de figuras de dicción: hipérboles hasta el surrealismo, sinécdoques, metonimias, metáforas, prosopopeyas que hacen hablar a las piedras, gradaciones, imprecaciones, sentencias, retruécanos sin cuenta. Todo un alarde de lujo para presentar la cara impresentable del ser humano eximio en su miseria.

La fuente de inspiración de Asturias fue la dictadura de José Manuel Estrada Cabrera, sin duda. Él fue un abogado que, en 1898, llegó al poder en Guatemala cargado de complejos de inferioridad, ansias de venganza y delirios de excelencia. Lo enardecía un tipo de soberbia que se cría en las cloacas de la marginación social, aliñada con humillaciones y menosprecios. Era un niño huraño, rencoroso y agresivo, al que la educación de los jesuitas dio alas ad maiorem gloriam eius,  pero que seguía  practicando, en la clandestinidad, los ritos indígenas en los que fue iniciado por su propia madre.

Como su paternidad era discutida por su mismo padre, franciscano exclaustrado,  él reconoció a catorce hijos, de los cuales sólo dos eran legítimos y los restantes cada uno de su mamá;  generalmente,  chicas jóvenes de las que se beneficiaba su capricho presidencial. Dice Asturias que el hombre se rellena de mujer –carne picada- como una tripa de cerdo para estar contento. Es una metáfora del chorizo enhiesto de ruindad.

La dictadura de Estrada, que iba a durar más de 22 años, comenzó con generosidad, otorgando también una amplísima amnistía y la reintegración de todos los bienes confiscados a los amnistiados.

A lo largo de la dictadura anterior, el Señor Presidente Estrada, mientras fue Ministro de la Gobernación y Justicia, con visión de futuro, ya apuntó maneras y aprovechó, maquiavélicamente, para organizar su trono posterior inmediato, por decreto:  el poder ejecutivo copó todo el poder político, disolvió el poder judicial y la asamblea legislativa, y prorrogó el mandato presidencial. Era una manera de ser precavidos y no procrastinar.

Cuando, por fin, el autócrata consigue el poder, no tolera oposición; con métodos expeditivos y sin miramientos morales, Su Excelencia, don Manuel, va deshaciéndose de enemigos, esto es de cualquiera que pudiera hacerle sombra, o atreverse a  discrepar de sus maniobras ingenieriles y decisiones furiosas.

Según la Psicología Social, es líder aquel miembro del grupo que mejor lo representa. De manera que si un líder mentalmente inane es elegido por sus iguales, a partir de ahí, la inanición mental se convertirá en norma grupal. Es un suponer.

Nada más tonto que la explicacioncilla que el prójimo se busca de los actos ajenos, dice Asturias. Es otro ejemplo, para nada incierto. Las explicacioncillas son fruslerías, entretenimientos de superficie, fuegos de artificio para disimular la hondura corrupta de las motivaciones profundas. Los portavoces de Su Excelencia se pasan el día dando explicacioncillas, alimentando la tontuna inane para que los prójimos no vean la trayectoria, ni perciban a dónde vamos, si no sabemos de dónde venimos. Charca de ranas tontas que croan.

El responsable, sigue apostillando Asturias, buscaba echarse fuera de cuanto sucedía. Es el canon supremo del cinismo. Los sucesos vienen como las visitas por los espejos y se van por las ventanas de la nariz sentencia Asturias. Si no hay autor, no hay acontecimiento, sólo apariencia, ilusión, ensoñación o alucinación. Quien alucina está mal de la cabeza, quien sueña es un nostálgico y quien vive de ilusiones no deja de ser un pobre hombre o lo aparenta. Sólo es fiable el Benemérito de la Patria.

La verdad arde como cepillo sobre llaga, augura Asturias. Cada grupo tiene el líder que se merece, mientras no cambie la sintalidad, la personalidad colectiva del grupo. El líder es el espejo donde el grupo se reconoce. Esa es la verdad de la Psicología Social. En Cuzco, Perú, hay una iglesia del barroco-criollo llena de espejos: los retablos están hechos con espejos y las paredes del templo también andan recubiertas de espejo. Únicamente los santos resplandecen en su drama. Ante el asombro del turista, interrogante y espantado, el pastor de la grey dio la explicacioncilla correspondiente: para que mejor veas lo pecador que eres… Esto es ir a por lana y volver trasquilado. Ocurre. Por tontos… ¡A quién se le ocurre!

Para cambiar la sintalidad, conviene leer a los clásicos, a Miguel Angel Asturias y a otros, porque ellos avisan, sin hacer propaganda, por sentido común, aunque éste sea raro, raro, raro. Nos deben doler las hojas del árbol, advierte nuestro autor. Ya que lo plantamos, de qué nos extrañamos… A lo hecho, pecho, reza el aforismo. Pero, es necesario aprender. Para no repetir.

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