mayo de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / ‘Tormenta’ (Strindberg): Iván López-Ortega sacude el Teatro Español con una brillante puesta en escena

¡Mis queridos palomiteros!

Esta crítica cultural de Tormenta, de August Strindberg, analiza su intensa puesta en escena en el Teatro Español, en la Sala Andrea D’Odorico. El autor sueco (1849–1912) fue una figura clave en la evolución del teatro moderno hacia una escritura más psicológica y simbólica. La pieza, escrita en 1907 en la etapa final de su trayectoria, permanecerá en cartel hasta el 3 de mayo. El espacio escénico favorece la proximidad y potencia la dimensión íntima del conflicto.

La obra —en su formato de teatro de cámara— se articula en torno a un hombre anciano que, en el tramo final de su vida, se ve obligado a confrontar su pasado, sus vínculos afectivos y sus acertadas —o no— decisiones.

Más que una trama de acción, Tormenta propone un movimiento hacia el interior de la persona —tal vez incluso con un ligero toque espiritual—, un ajuste de cuentas con la memoria, donde los personajes giran alrededor de esa conciencia en crisis, activando tensiones latentes entre dependencia, resentimiento y necesidad de redención. A ello se suma la notable calidad de sus diálogos, de alta belleza, que no solo enriquecen la experiencia escénica, sino que aportan profundidad al texto y refuerzan su condición de escritura teatral de gran nivel dentro del propio montaje.

La propuesta está firmada por el joven Iván López-Ortega, responsable no solo de la dirección, sino también de la música original y de la plástica escénica, lo que da buena muestra de un proyecto de autor en sentido amplio.

Por su lado, la escenografía, construida a partir de maquetas y soluciones artísticas muy elaboradas -ingeniosas y creativas en formato de miniaturas- no se limita a recrear una época, sino que configura un espacio mental: cerrado, casi asfixiante, en el que los personajes parecen quedar atrapados. En este sentido, el vestuario subraya esa coherencia estética que despliega la historia con una línea sobria y bien definida, que contribuye a la plasmación de un conjunto visual en total armonía.

Joaquín Notario

En el plano interpretativo, Joaquín Notario (que da vida al anciano) es el pilar sobre el que pivota este intrincado drama, que desarrolla con buen estilo y personalidad, y que deja entrever un afinado e interesante trabajo actoral, especialmente acentuado en los momentos finales del espectáculo a través de esa agitación mental por la que viaja su personaje.

Óscar Fervaz y Lara Grube

En cuanto a otro de los otros personajes esenciales de la historia, la hermana del anciano, es Lara Grube —estupenda, por cierto en Viaje hasta el límite— el encargado de darle vida. Destaca por la precisión de su papel, marcado esencialmente en la gestión de las emociones. Muy resolutiva, además. Junto a ellos, Rocío Suárez de Puga encarna a Gerda, la ex-mujer del anciano, con bastante finura y determinación.

En el caso de Paula Muz, criada y confidente del señor, confiere a su papel un importante aliento cómico en este personaje que funciona muy bien junto a Óscar Fervaz, un campechano cocinero que va y viene por aquí y por allá, que el actor resuelve con un buen resultado dramático. Ambos entran en contraste con la trama principal, gracias al inherente humorismo de sus personajes, en gran medida deudores de teatro del absurdo bien armado.

Joaquín Notario, Óscar Fervaz y Paula Muz

Y es precisamente en esa sólida armadura, en esa hábil arquitectura dramática, donde el montaje encuentra su identidad. La puesta en escena logra escalar el conflicto con ritmo. De este modo, Tormenta pone el acento en la fragilidad del individuo frente a su propia biografía, donde el conflicto no es tanto un fenómeno externo como un proceso de erosión interior.

En definitiva, el valor de este montaje no descansa solo en su fidelidad textual, sino en la inusual coherencia con la que se despliega en escena, permitiendo que la obra respire por sí misma y encuentre su potencia en la propia densidad dramática.

Más allá de lo escénico, resulta encomiable que instituciones como el Teatro Español sigan reivindicando piezas que exigen pausa e introspección frente a la urgencia del mundo contemporáneo. En ese sentido, Tormenta no solo se consolida como una experiencia teatral de hondo calado, sino como un recordatorio necesario de que el teatro que invita a mirar hacia dentro sigue siendo, hoy más que nunca, una asignatura vital.

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