Semillas. Aforismos y fragmentos
Novalis
Cypress Cultura (colección Bífida), 2026
Edición a cargo de José Luis Trullo
68 páginas
La obra de Novalis es uno de los más nítidos espejos donde ver reflejada aquella poderosa revolución cultural que hoy conocemos como romanticismo. Y es así no sólo por sus poemas y relatos, sino también, por sus aforismos y fragmentos, lamentablemente, menos conocidos en España. La presente edición, a cargo de José Luis Trullo, reivindica la relevancia de estos textos como un gran hito en la tradición de la brevedad. Publicada en Cypress Cultura en la colección Bífida, esta edición bilingüe suma otro hito más a los ya aparecidos en este sello en torno al género más breve con la habitual solvencia de quien es responsable de incontables publicaciones en la creación e investigación sobre el aforismo, como también de actividades para su divulgación.
Semillas es una aproximación meticulosamente seleccionada a los fragmentos y aforismos de Novalis, en la que están presentes sus diferentes registros, desde el aforismo clásico (“Quien traiciona la verdad, se traiciona a sí mismo”) a las notas filosóficas más extensas. Una muestra representativa, en todo caso, de esa mixtura filosófico-poética que caracterizó a Novalis. “Se requiere —escribió— una gran cabeza para que el espíritu poético y el filosófico se interpenetren en plenitud”
Muchos de los fragmentos y aforismos de Novalis (Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, 1772-1801), fueron publicados en vida del autor, aunque otros tuvieron que ver la luz tras su temprana muerte. En todos ellos se aprecian con claridad los rasgos de la nueva perspectiva romántica y la propia sensibilidad vital de nuestro autor. Novalis, intenso y apasionado, lúcido y rebelde, apostó sin reservas por la imaginación, la intuición y el sentimiento frente a la pura razón; por la elevación estética (“Todo lo bello es una singularidad luminosa, perfeccionada”) y por la indagación sobre esa realidad mistérica, trascendental, que el mundo material nos esconde. Como todos sus colegas y amigos de Jena, (donde se fraguó el movimiento en Alemania a finales del XVIII), Novalis defendió la individualidad creativa, la poetización de lo real, la necesidad de la fusión de naturaleza y arte, del entendimiento y la sensibilidad, de lo terrenal y lo divino, de la poesía y la ciencia, … “Cada objeto amado es el centro de un paraíso”. Volvió su mirada hacia el interior, hacia ese yo escondido y emocional que palpita en nosotros, porque era en él donde situaba el puente hacia la realidad superior. “Soñamos con viajes espaciales, pero ¿acaso el universo no reside en nuestro interior?”. No en vano los románticos vieron en Shakespeare y el protagonismo que otorgó a la subjetividad, el icono de la nueva era, y apreciaron en Fichte y su “filosofía trascendental del yo”, el marco teórico. Este acento subjetivista, (junto a otros rasgos), que tanto influiría en la aforística posterior, implicó una ruptura con el viejo canon literario y filosófico. El fragmento tuvo un papel muy relevante en esta ruptura.
Para Novalis, como Schlegel y los primeros románticos, el fragmento no era ya un texto inacabado o necesitado de mayor desarrollo, era la expresión más genuina del nuevo espíritu filosófico y literario. No lo veían como una carencia sino como una semilla, como apunta el acertado título de esta antología que Trullo nos presenta. El romanticismo, con su defensa del fragmento, sentaría las bases (como hemos apuntado en El aforismo en los tiempos rebeldes de la filosofía) del cambio de paradigma en el aforismo contemporáneo. Fueron diversas las razones por las que el fragmento se convirtió en la bandera del romanticismo, tan sólo apuntar, el rechazo romántico de lo sistemático y cerrado; su valor para aquel propósito de “romantizar el mundo”, o lo que es lo mismo, de hallar lo sagrado en lo cotidiano (“Cualquier objeto puede ser un templo para lo religioso, en el sentido que le daban los augures”, afirma Novalis); o su virtud para traspasar la frontera entre saberes, …
Los fragmentos de Novalis eran como polvo de flores (en alemán, Blüthenstaub) o Polen, tal fue el afortunado título con el que Friedrich Schlegel rebautizó a las Observaciones diversas que aquel le entregó en 1798 para la publicación en Athenaeun, la revista fundacional del movimiento romántico. «Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra» o “Fragmentos como estos son semillas literarias”, escribió nuestro autor. Todo puede germinar, incluso el dolor y la pérdida (y de ello, él sabía): “Toda ceniza es polen”.
Esperemos, como el propio Trullo apunta, que esta entrega de las fascinantes observaciones breves de Novalis no sea la última y pueda el lector admirador de estos lucidos fragmentos seguir descubriendo nuevas gemas.





