Gemas para el fuego
Mónica Velasco
Olé Libros, 2026
64 pp.
LA BELLEZA DE MÓNICA VELASCO EN GEMAS PARA EL FUEGO
Vuelve la poeta Mónica Velasco a deslumbrar con la tersura de su poesía, con el lenguaje alado de los versos. En la editorial Olé libros aparece Gemas para el fuego, donde la profesora y poeta aviva el lenguaje, para acercarnos a la mirada existencial ante la vida.
Mónica, salmantina, busca en la palabra el hondo sentir, ahonda en el lenguaje para que veamos esa noche oscura del alma, que nos regaló San Juan de la Cruz. En el poema “Silencio”, la poeta se rinde a esa contemplación del mundo, como también cantó Fray Luis de León:
“En las ramas del árbol / advierto al pájaro por su canto. / En el canto, / la voluntad frente al ruido. / En el silencio, / el coraje contra la desaparición”.
Si es el pájaro que nos devuelve a la Naturaleza, en ese mundo que se revele, luz inaugural, templo de emociones. Necesitamos entonces el silencio para permanecer, porque todos somos efímeros, pero encontramos en lo que no se dice, la voluntad de ser inmortales.
Mónica Velasco sabe que el lenguaje es la vía que lleva al lector a su mirada interior, y nos deja sus reflexiones vitales.
También el tiempo es el espacio donde naufraga el cantor, pero sí hay permanencia en el beso, en el ser amado, en los seres que se van, pero permanecen en nosotros para siempre. Por ello, “Tiempo” es el poema, donde se reivindica el aquí y el ahora, vivamos entonces el momento pleno de la vida:
“Comienza a rodar por la ladera distinta / la curva del tiempo. / Has leído esos pocos versos / y te ha bastado para saber / que este todo pertenece / a la noche y a ti, / que la bóveda narrará / el curso de los siglos / y que tú existes ahora”.
La noche es el espacio de la creación, noche por la que San Juan sale como enamorada para buscar a Dios, en la secreta escala disfrazada, y en el alba el encuentro de los amantes produce la fusión amorosa. Para Mónica, la noche es también luz que desvela a los enamorados, instante pleno de un mundo que se evapora en el tiempo. Solo la permanencia, el estar, nos hace dueños del deseo y nos completa como seres vivos.
Y en el poema que contiene varias partes, “Gemas para el fuego”, podemos entender la importancia que le da Mónica al lenguaje, porque, es este una gema, una piedra tallada para que se extinga, pero que resplandece cuando se enuncia:
“Cercar de lenguaje la sola realidad, / perfilar sus contornos / con palabras de tinta: / cercar el fuego con piedras escogidas / gemas con un trabajo pendiente, / en bruto, / gemas para el fuego”.
Y el amor, porque todo el libro es una ascensión, al momento pleno del amor, donde dos seres se completan, porque solo en el otro nos vemos y nos reconocemos. Nuestra otredad se halla en la mirada al otro ser, que nos invoca al deseo. Al igual que la palabra que nos hace eternos por un instante, el acto de amor es una lucha contra la muerte. Completo mi mirada con el poema “Labio”:
“El labio y sus perfiles. / Miro la comisura que late la corriente, / su delicado milagro. / A veces se humedece / como perfil de hoja de caoba / o languidece y su silencio / alcanza la redondez del mundo. / Si lo tocase ahora mismo, / ¡qué candor!”.
La nieve, el invierno, la piel, todo nos invoca a permanecer, porque el libro reivindica la vida y la Naturaleza, nos habla del amor, del mundo que nos rodea, y que es tan hermoso, que no lo vemos, por la prisa de nuestro tiempo. Mónica Velasco completa esa sensualidad que es saber mirar, amar el universo y gozar también de la plenitud del deseo.
De nuevo, la poeta salmantina nos enamora, nos enriquece con sus versos y ya sabemos que el mundo está bien hecho, como nos dijo Jorge Guillén, solo queda saber mirarlo, contemplarlo en ese camino de la noche al alba, en la senda de nuestro querido San Juan de la Cruz. Un libro que es una gema, para leer despacio y mirando al Universo y a su belleza.





