Hablamos de una de las conexiones académicas más potentes y respetadas en el ámbito del pensamiento político en español. Eduardo Nolla no es solo un estudioso de Alexis de Tocqueville; es, sin lugar a dudas, uno de los máximos especialistas mundiales en su obra y el responsable de que el lector hispanohablante pueda acceder al pensador francés en toda su profundidad.
El trabajo de Nolla en torno a Tocqueville se sostiene sobre tres grandes pilares:
- La monumental edición crítica de La democracia en América: El mayor hito de Eduardo Nolla es su edición crítica y traducción de La democracia en América (publicada en español por la Editorial Trotta). No es una traducción cualquiera. El trabajo de Nolla consistió en bucear en los manuscritos originales, borradores, notas marginales y la correspondencia que Tocqueville mantuvo con su familia y con su compañero de viaje, Gustave de Beaumont, mientras redactaba la obra entre 1835 y 1840.
1.1. El valor del borrador: Al incluir las variantes y fragmentos inéditos que el propio Tocqueville tachó o decidió no publicar, Nolla permite al lector ver «funcionar la máquina de entender América». Se puede apreciar cómo el autor francés pulía sus conceptos y los miedos reales que le despertaba el futuro de las sociedades modernas.
1.2. De libro de viajes a tratado universal: Gracias a este nivel de detalle, la obra deja de ser vista simplemente como el mejor libro sobre los Estados Unidos del siglo XIX para consolidarse como el tratado definitivo sobre la naturaleza, virtudes y patologías de la propia democracia.
- Alexis de Tocqueville. Un liberal único (2025). Nolla sintetizó décadas de investigación en su libro biográfico y conceptual Alexis de Tocqueville. Un liberal único. En esta obra, dirigida a un público más amplio, pero con un rigor impecable, Nolla define al pensador como alguien cerebral, obsesionado con el rigor y carente de dogmas de partido. A través de este análisis, Nolla destaca la tesis central de Tocqueville:»La democracia es la libertad combinada con la igualdad».
Sin embargo, Nolla recalca que el gran peligro de la modernidad es que esa misma obsesión por la igualdad termine devorando a la libertad, abriendo la puerta a un «despotismo democrático» o una tiranía de la mayoría donde los ciudadanos prefieren ser iguales en la servidumbre antes que desiguales en la libertad.
- Las claves tocquevillianas que Nolla reivindica hoy: En sus conferencias y lecciones académicas, Nolla insiste en que Tocqueville no es un autor del pasado, sino un cronista del siglo XXI. Los puntos en los que Nolla suele hacer mayor hincapié para entender nuestro presente son:
3.1. Instituciones vs. Costumbres: Las leyes y las constituciones son importantes, pero para Tocqueville (y así lo subraya Nolla) lo que sostiene a una sociedad libre son los «hábitos del corazón y de la mente»: las creencias, la educación y la participación activa en el tejido social y asociativo local.
3.2. La descentralización: Nolla explica cómo Tocqueville defendía firmemente la descentralización administrativa. El municipio, la pequeña asociación y la gestión local son las escuelas donde el ciudadano aprende a ser libre y a no esperar que el Estado central lo resuelva todo.
3.3. La «mala democracia»: Nolla describe, siguiendo al autor, cómo la pasión por la igualdad puede volverse patológica. Cuando cualquier pequeña diferencia social o económica resulta hiriente para los ciudadanos, estos tienden a delegar todo el poder en un Estado tutor que planifique sus vidas a cambio de una falsa seguridad material.
En resumen, la aportación de Eduardo Nolla ha sido rescatar al Tocqueville más humano, complejo y dinámico, alejándolo de las estatuas de bronce académicas para devolverlo al debate político actual como el mejor espejo en el que mirarnos.
Para profundizar de viva voz en este análisis sobre cómo las advertencias del pensador francés se aplican a los desafíos políticos actuales, resulta muy ilustrativa la entrevista a Eduardo Nolla: Tocqueville y la Democracia en el siglo XXI, donde detalla la tensión entre igualdad y libertad y el concepto de la «mala democracia».











