abril de 2024 - VIII Año

El tornaviaje de Kidlat Tahimik conquista el Palacio de Cristal

Abierto todos los días de 10:00 a 18:00 horas, hasta el 6 de marzo de 2022. Entrada gratuita

El Palacio de Cristal del Retiro en Madrid acoge una extraordinaria instalación, Magallanes, Marilyn, Mickey y Fray Dámaso. 500 años de conquistadores RockStars, del polifacético artista filipino Kidlat Tahimik.

Franqueamos la entrada a la exposición y nos sumergimos en un contexto que, al principio, puede parecer un poco caótico e inconexo, e invita al espectador a realizar un pequeño esfuerzo de atención que enseguida se ve recompensado.

Filipinas regresa a Madrid ciento treinta y cuatro años después. En cierto modo, Tahimik cierra ahora un círculo que nació en este mismo lugar el año 1887 cuando, con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas, se construyó este magnífico edificio en hierro fundido y cristal. Aquí fueron exhibidos un grupo de indígenas filipinos,  junto a la flora y fauna originaria del país, como si de una especie exótica más  se tratara.

Cada una de las piezas responde a un vínculo que el autor pretende recuperar; una filosofía ancestral donde la comunidad, el trabajo colectivo y la compasión por el otro trascienden como valores fundamentales, Kapwa es el término tagalo que atesora este patrimonio intangible de la cultura filipina. En la actualidad colaboran con él un equipo de artesanos y para sus películas no contrata actores profesionales.

Tras estudiar en Estados Unidos y trabajar en París, Tahimik comienza a tomar conciencia sobre cómo el progreso material puede deformar una cultura ancestral hasta el punto que un pueblo pierda sus raíces precoloniales. Regresa a su país para dedicarse de manera autodidacta al cine independiente y desde entonces ha trabajado como director de cine, intérprete, guionista, y actor.

El arte de Tahimik, muy influenciado por el cine, recrea mitos y fábulas contemporáneos donde señala el colonialismo, el capitalismo, la globalización y el imperialismo cultural como azote de una riqueza cultural y educación propias.  Los encaja, además, de forma magistral con gran talento y  donde no falta el sentido del humor.

Sus esculturas realizadas en madera, mimbre y un sinfín de materiales reciclados, cobran una segunda vida y, dan forma a las representaciones que nos ayudan a comprender momentos clave en la historia del colonialismo y del dominio extranjero en Filipinas.

En 1521 Magallanes puso pie por primera vez en el archipiélago filipino, quinientos años después, en 2021, los barcos  de Tahimik hacen el viaje a la inversa y regresan cargados de una narrativa e imaginería que refleja la globalización cultural como experiencia comparable a la del sujeto colonizado.

La muestra se puede dividir en tres grandes bloques; por un lado nos encontramos frente a la recreación del momento en el que Magallanes pisó territorio Filipino en 1521. Dirigimos nuestra mirada a un galeón casi a tamaño real, con Magallanes encaramado a la proa junto a su esclavo Enrique de Malaca, personaje enigmático, cuya posible importancia histórica se ha visto arrinconada, y que hizo las veces de intérprete de su señor con los nativos.

Otro plano escenifica la Exposición General de las Islas Filipinas, que tuvo lugar en Madrid en 1887 para exhibir la vida y cultura del archipiélago que, en aquel momento, dependía de España.

En otro conjunto aparecen en dos pequeñas naves; la estrella americana Marilyn Monroe, enfrentada a la diosa filipina del viento Inhabian, que sopla levantando las faldas de la diva. Ambas son unas impresionantes tallas de madera que alcanzan los tres metros de altura.

El artista reivindica en su obra el valioso significado del conocimiento ancestral y la transmisión oral de los relatos tradicionales que corren a cargo de los ancianos de la tribu y que, a día de hoy, se han visto desplazados por las nuevas deidades; Spiderman, Wonder Woman o Capitán América, que planean sobre nuestras cabezas y cabalgan unos potentes cohetes con los que pretenden torpedear la cultura nativa.

Tahimik consigue, en verdad, hacernos reflexionar no solo sobre el colonialismo y los abusos de siglos pasados hacia los pueblos conquistados, sino cómo el efecto de la globalización que sufrimos es una experiencia comparable a la del sujeto colonizado y que hace tambalear nuestros valores y cultura autóctonos.

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Archivo Entreletras

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