enero de 2026

En homenaje a Ingrid Thulin, a los veintidós años de su muerte

Ingrid Thulin fue una magnífica actriz alemana de películas tan importantes como Fresas salvajes, El rostro, películas dirigidas por Ingmar Bergman, pero también fue la gran protagonista de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Minnelli, junto a Glenn Ford, película basada en la novela de Blasco Ibáñez, pero cambiando el escenario. Si en la novela se centra en la Primera Guerra Mundial, la película de Minnelli lo será en la Segunda Guerra Mundial.

Pero hay una película, de mis favoritas, porque se trata del gran Visconti: La caída de los dioses, basada en la novela Los Buddenbrook, de Thomas Mann, donde la magnífica actriz interpreta a la amante del gran Dirk Bogarde. Acerca de esta película, dedico mi homenaje a la actriz sueca. Murió a los setenta y siete años el 7 de enero de 2004, ya que le faltaban veinte días para cumplir los setenta y ocho.

LA CAÍDA DE LOS DIOSES O EL UNIVERSO DE MANN

Muchas veces el hombre se halla frente a sus fantasmas, contempla cómo se derrumba el edificio que ha creado, ya nada tiene sentido, tiene que empezar de nuevo, en el cine hay películas que cuentan el ocaso de los grandes hombres, seres que se creen invencibles, pero que están tocados por la condición humana, son ídolos de barro en realidad.

En 1969, Luchino Visconti realizó La caída de los dioses, una película impactante porque se asoma a la dinastía de los Essenbeck, una familia que ha triunfado con el negocio del acero, pero que se halla en franca decadencia. De ahí, sin duda, la alusión al capitalismo del barón de Essenbeck, un hombre forjado a sí mismo, en una lucha por conseguir triunfar en la vida.

La película toma como referentes grandes hombres de la literatura y de la música, sin duda, está Shakespeare, gran artífice del drama humano y de la corrupción de los hombres, por otro lado, está Thomas Mann, autor de Los Buddenbrook, novela que sirve para contar la historia de esta familia tocada con el sino de la desgracia, no hay que olvidar que la trama ocurre en 1933, cuando el poder de Hitler se empieza a sentir con fuerza en Alemania, ya hay hombres a favor del futuro dictador y otros en contra, en la película podemos presenciar, como si fuera una figura presente que rompe la armonía de las cosas, a Hitler en la mirada de algunos personajes, en sus actitudes, se habla de una nueva Alemania, superior a otros países, una Alemania que ya se enfrenta al mundo con su poder omnímodo. De la música, destaco la influencia de Wagner en el mundo nacionalsocialista que va surgiendo como un monstruo alrededor de los personajes.

Sí podemos ver en la relación entre Sofía y Frederich (magníficamente interpretados por Ingrid Thulin y Dirk Bogarde) a una pareja que tiene mucho que ver con el Macbeth de Shakespeare, porque Sofía incita a Frederich a alcanzar el poder, a pasar por encima de otros miembros de la familia, a regentar el negocio del acero, como si en ello fuese su vida. En la mirada de Bogarde, ese gran actor inglés, presentimos toda la ambición, toda la tortura psicológica que lleva consigo, en los ojos de Ingrid Thulin podemos ver su ambición, su falta de escrúpulos, sus delirios de grandeza.

Pero también hay ecos de Dostoievski, en el suicidio de la niña, porque Martin, el ambiguo personaje interpretado por un inefable Helmut Berger, es un hombre enfermo, trastornado, cuyo impulso sexual hacia la infancia le come por dentro, es otro ser torturado que recuerda al personaje del genial novelista ruso en Los endemoniados, me refiero a Stavroghin. Martin canta vestido de mujer la famosa canción Lili Marleen, imitando a la Dietrich, para perturbar la atmósfera insana de la historia, de esos personajes torturados, que ya saben que han perdido la cordura.

Siguiendo el estudio de William L. Schirer Historia del Tercer Reich, hay una lucha en pos del poder que está en la película como también ocurrió en el ascenso de Hitler al poder, su presencia se halla en la abigarrada atmósfera de la casa, en los espacios oscuros de esa estancia donde discuten acaloradamente, hay en Visconti un deseo de fijarse en los rostros, porque en ellos podemos ver una radiografía del alma humana, perturbada, enfermiza, herida por el deseo y la frustración posterior por no obtener lo que se anhela conseguir.

En los personajes de Konstantin y Aschembach (curioso el apellido que luego dará lugar al famoso compositor en la película Muerte en Venecia), se halla un notable paralelismo con los personajes reales de Ernst Röhm (responsable de la SA) y Heinrich Himmler (responsable de las SS  y de la Gestapo), ambos, establecen una lucha de poder, ya que Joachim von Essenbeck, patriarca de la familia, está dispuesto a pactar con el nuevo régimen, el nazismo, con tal de salvar su industria, hay también un paralelismo latente con Los hermanos Karamazov, la famosa novela de Dostoievski, todos son seres que quieren el poder, desterrar al padre, en este caso, el único hijo de Joachim ha muerto, pero todos, familiares y allegados, como en las tragedias de Shakespeare quieren devorar al padre, anularlo, cosificarlo, para ser ellos los que puedan ostentar el poder y así manejar los hilos de los demás seres humanos.

Película teatral, sin duda, de ambiente mortuorio, una bajada a los infiernos, donde los personajes de un inmenso palacio, donde vive el ocaso de una época (claro paralelismo con otra gran película del cineasta italiano El gatopardo), hay una mezcla de estética refinada en un ambiente depravado, inmoral, en las cenas familiares, los personajes se definen, algunos van huyendo de esa camada de lobos que pretenden devorarse unos a otros, seres humanos sin principios, solo pendientes de ese capitalismo atroz del dinero, que los va cosificando, convirtiéndolos en seres absolutamente degradados. Por ello, Visconti, elige el ambiente teatral, las largas conversaciones, los primeros planos de los actores, todo huele a teatro rancio, como la boda esperpéntica de Sofía y Frederich, ella maquillada como si fuese una máscara (lo que nos recuerda a los personajes de El Casanova de Fellini), él, con la mirada perdida en su propia fracaso, rodeado de banderas nazis, que ya los están ejecutando de antemano.

La música de Maurice Jarre, impuesto por los productores, pese a que Visconti quería a Nino Rota, la fotografía oscura de Pasquale de Santis, que va recorriendo como un entomólogo las miradas de estos seres atormentados, el reparto de actores, Bogarde, Ingrid Thulin, Helmut Berger, Helmut Griem, Charlotte Rampling, etc, va cobrando dimensiones oscuras, nos va introduciendo en una pesadilla, en un descenso a los infiernos, en un mundo oscuro, donde el crimen y la falta de valores asolan con todo pudor o toda decencia.

La novela de Mann está detrás de esta sinfonía de derrotas, porque Visconti amaba la narrativa del genial autor alemán, no en vano llevará al cine muy poco después su gran obra maestra La muerte en Venecia, con un Dirk Bogarde majestuoso e irrepetible. Aquí ya vemos el talento del actor, la fascinación de su mirada, en ese personaje ambicioso que se verá derrotado por su propio egoísmo, también a un Helmut Berger que fue amante del director, un actor demasiado encasillado en el papel de bello enfermizo, patológicamente trastornado, que repetirá con otros matices en Confidencias, otra muy interesante película del cineasta italiano.

Estamos ante una película que refleja el capitalismo más atroz, la ambición más desmedida, la locura de unos seres que se devoran unos a otros por tener el poder, sin darse cuenta que son solo títeres de un nuevo régimen que acabará con todos, un régimen fascinante para los alemanes que llevará a la Segunda Guerra Mundial y a una de las épocas más duras del s. XX. Ya vemos en esta película un mundo atroz, desolador, un claro antecedente a los años que vendrían después, una gran obra de Visconti, un fresco absolutamente necesario para la historia del cine.

 

 

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