febrero de 2026

Kim Novak, una belleza del cine clásico, cumple noventa y tres años

Kim Novak cumplirá noventa y tres años el 13 de febrero (nació en 1933), fue musa de Hitchcock, en Vértigo, también del malogrado Richard Quine en Me enamoré de una bruja, Un extraño en mi vida y La misteriosa dama de negro, tanto es así que Quine quiso casarse con ella y esta le rechazó, poco antes de la boda. Pocos conocen esta película que protagonizó con Robert Aldrich y que sirve como homenaje a una diva del cine clásico, muy hermosa, aunque el exceso de operaciones de estética, han deformado su rostro. Recordar a las parejas con las que trabajó, el gran James Stewart en Vértigo y Me enamoré de una bruja, donde Lemmon hacía de hermano, el gran Jack Lemmon en La misteriosa dama de negro o Kirk Douglas en Un extraño en mi vida, hacen de esta gran belleza una de las mujeres más deseadas y bellas de los años cincuenta y principios de los sesenta, además de notable actriz.

LA LEYENDA DE LYLAH CLARE, KIM NOVAK Y ROBERT ALDRICH

Cuando volvemos a empezar lo hacemos porque creemos que podemos mejorar el pasado y hacer del presente algo mejor. Muchas veces, se intenta recomponer un amor fracasado, un matrimonio roto, pero también buscamos en nuestra esencia aquello que el tiempo ha difuminado. En el mundo del cine se ha tocado muchas veces este tema, no solo en la memorable película de Garci del mismo título, donde dos personas mayores que vivieron un pasado que no pudo fructificar vuelven a unirse cuando ya ha pasado el tiempo.

Pero también en el mundo del cine se ha tratado el tema de resucitar a una vieja gloria del celuloide, lo hizo muy bien Billy Wilder en Fedora, pero también Robert Aldrich en la película que voy a comentar: La leyenda de Lylah Clare (1968). El largometraje, que fue producido, nuevamente por Asociates and Aldrich, narra la historia de un proyecto maldito, de una película que ya se pensó materializar tiempo atrás, pero que no se había hecho realidad.

La historia arranca cuando un cazatalentos de Hollywood descubre a una mujer Elsa Brinckman (interpretada por Kim Novak) que guarda un gran parecido con Lylah Clare, antiguo mito erótico de Hollywood, fallecida unos años atrás en circunstancias extrañas. Este cazatalentos se da cuenta de la necesidad de hacer un biopic donde se cuente qué ocurrió con la famosa estrella. Este proyecto cobra relevancia cuando Lewis Zarkan (Peter Finch) conoce a la joven. Zarkan fue el marido de Lylah y se queda totalmente prendado de Elsa, porque parece la reencarnación de su mujer. Elsa se deja modelar por Zarkan y pierde toda su personalidad para asumir, mientras se rueda la película, el papel de la actriz fallecida.

Sin duda alguna, con este argumento, ya podemos ver un recuerdo de la doble en Vértigo de Hitchcock, donde Kim Novak también asume ese papel cuando James Stewart la persigue por San Francisco. La actriz, en realidad, sirve para Aldrich como un pretexto para analizar también la ascensión de Novak en el mundo del cine y su correspondiente decadencia, pese a ser todavía una mujer joven. No hay que olvidar que Kim Novak triunfó en los cincuenta y empezó a declinar a finales de los sesenta.

Las interpretaciones de Peter Finch, como el marido de Lylah, que pretende resucitar sum imagen, volver a empezar con un amor que ya no existe, porque ya no es la misma mujer. A la vez que vive en Zarkan la culpa por haber explotado como mito erótico a su mujer y haber precipitado su muerte. Finch dota al personaje de fuerza y de credibilidad (no olvidemos lo buen actor que era Finch y cómo ganó el Oscar póstumo por Network en una interpretación genial). El otro grande de esta película es Ernest Borgnine que interpreta a Barney Sheean, el ejecutivo del estudio al que acude Zarkan en busca de financiación para su película. El papel de Borgnine es excelente, porque se ajusta al tipo de productor de la época, poco refinado y de ademanes algo groseros, pero de fina inteligencia para buscar el éxito, como fueron los productores de la época dorada del cine.

El problema de la película que es ciertamente interesante por reflejar el mundo del cine es la forma en que se lleva a cabo. Desde el inicio de la misma hay un afán documentalista, que intenta acercar la cinta al cinema verité. El director quiere contarnos una historia y lo hace en la línea de Ciudadano Kane de Welles, al escuchar las opiniones de otro para trazar la línea argumental de la película. Esta forma de comenzar la cinta fue muy utilizada en el cine clásico, no solo en la película de Welles que sería el modelo a seguir, sino también en películas tan prestigiosas como La condesa descalza o Cautivos del mal. Esa idea de la entrevista a otros para conocer a un personaje que ya se ha mitificado prevalece en la cinta, lo que hace que podamos creernos que existió la famosa actriz o que al menos vivió alguien a quien Aldrich sigue la pista enérgicamente. En realidad, también es una radiografía, como comentaba antes, de la ascensión y caída de Kim Novak, una actriz efímera de notable belleza, que no mantuvo su glamour más allá de los años cincuenta y sesenta. De hecho, tampoco se apreciaba en ella el peso de una gran actriz, que sí hubiera mantenido su fuerza a lo largo de las décadas posteriores.

La parte final de la película cuando se cuenta el accidente doméstico que costó la vida a Lylah Clare está filmado de una forma más estandarizada y se deja llevar por un ambiente más teatral que aleja la cinta de la propuesta anterior, donde respiraba más el afán documentalista. Ese giro perjudica a la película, porque nos reflejaba una Lylah Clare inmersa en las depresiones de muchas actrices de éxito, ya que se rompe el cuello al hallarse ebria en su casa y se precipita por las escaleras. La muerte de la propia Ellen en una situación similar nos produce a los espectadores la idea de hallarnos ante un deja vú, un volver a empezar, porque toda la película está centrada en ese afán de poner a una mujer como si fuese un espejo de un mito erótico del cine.

Indudablemente, la película contiene aciertos porque refleja muy bien el mundo del cine, sus contradicciones, sus verdades y sus mentiras y las interpretaciones de Finch y Borgnine dan credibilidad a la historia. Kim Novak dota al papel de un aire melancólico y triste, porque también fue una estrella rota, no llevada al extremo de Lylah Clare (la actriz vive retirada a sus ochenta y nueve años), pero en el fondo deseamos saber algo más del interior de Lylah y de Kim, porque en el fondo Aldrich sabe que el mundo del cine también puede ser muy destructivo.

Como si volviese a empezar, una vida rota (la de Lylah) con la de Ellen, un destino trágico para ese mundo de sueños donde no todo es glamour y también hay sombras después de los aplausos de los espectadores (solo hay que recordar a Judy Garland, Marilyn Monroe, Monty Clift y otros mitos que cayeron en desgracia siendo grandes estrellas). Cuando acaba la película nos queda la mirada de Kim Novak, como si pidiera a gritos volver a empezar de nuevo.

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Archivo Entreletras

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