¡Mis queridos palomiteros!
El documental deportivo En silencio: La resiliencia de Isco Alarcón —distribuido en España por 39 escalones Films— acompaña al futbolista malagueño de 33 años durante la recaída de una grave lesión que lo obliga a pasar por una segunda intervención quirúrgica y a permanecer alejado de los terrenos de juego durante meses.
Filmado sin entrevistas ni bustos parlantes, el documental sigue su día a día en ese periodo de incertidumbre, un viaje que también exhibe su rehabilitación y la convivencia con su familia. Un retrato íntimo, y lúcido, del camino invisible que atraviesan los deportistas cuando los focos ya no les iluminan.
Hay documentales que se empeñan en fabricar épica a golpe de montaje y otros que, con más riesgo que alardes, prefieren mirar de frente al ser humano sin más. En silencio: La resiliencia de Isco Alarcón pertenece, sin duda, a esta segunda categoría de cine honesto. Y la actriz Sara Sálamo, esposa además del jugador del Betis, debuta en el largometraje con esta interesante aproximación de excelentes mimbres —que también ha escrito— donde su mirada personal y valiente recoge ciertos puntos de luz muy valorables que dotan al género de un valor añadido indiscutible.
La joven directora tinerfeña firma un elegante trabajo donde no hay ocasión para las entrevistas, ni expertos, ni narradores que conduzcan al espectador de la mano. La realizadora decide acompañar a Isco con total libertad, incluso cuando su presencia favorece las tensiones entre ambos. Lejos de ocultarlo, Sálamo integra todos estos momentos en el propio relato, reforzando el carácter identitario del filme y su coherencia narrativa.

Así las cosas, el documental trasciende pronto el terreno deportivo. La lesión funciona como detonante para abordar emociones reconocibles: el miedo a desaparecer, la fragilidad del prestigio, el peso del juicio público y la dificultad de aceptar que el tiempo profesional avanza. En este sentido, Isco se convierte, para todos, en una figura enfrentada a una situación incierta y rodada de silencio por todos los costados.
La película, al prescindir de una estructura clásica, apuesta por una mirada directa, pero también de algún modo delimita el alcance del filme; mantiene un buen ritmo, pero en algunos momentos resulta puntualmente reiterativo. Aun con esas reservas, el mérito de Sara Sálamo es indiscutible. La cámara se centra en la resistencia diaria; en el esfuerzo por seguir adelante. El minimalismo técnico, impuesto por las circunstancias del rodaje, potencia la sensación de cercanía que recorre toda la película.
En silencio: La resiliencia de Isco Alarcón se inscribe así en una tradición de documentales deportivos que han optado por desmontar el mito desde dentro, como Hoop Dreams de Steve James (1994), Senna de Asif Kapadia (2010), Diego Maradona del propio Kapadia (2019) o Icarus del oscarizado Bryan Fogel (2017). Películas que usan el deporte para mostrar cómo se cae, cómo se lucha y lo que somos en realidad.
Además, el trabajo que nos ocupa no es una película para todos los públicos ni pretende atrapar al espectador de forma inmediata. Pide tiempo, atención y empatía. Y ahí reside su mayor valor: recordar que incluso los ídolos libran sus batallas más duras lejos del estadio, justo donde nadie escucha. En silencio. Una pieza valiente y muy recomendable.
Os dejo con unas muy interesantes declaraciones de su directora, Sara Sálamo, hacia este periodista sobre la película.












