
New York, New York: una historia de amor y soledad en los años cuarenta
Si hay una película que nos cuenta la historia de un fracaso amoroso junto al mundo de la música de jazz, esa es New York, New York, una historia que pretende recuperar el antiguo cine musical, que había tenido éxito en los años cuarenta y cincuenta.
La protagonista es Liza Minnelli (inolvidable también en Cabaret de Bob Fosse), quien realiza una magnífica interpretación como Francine Evans, la cantante de la que se enamora un histriónico Robert De Niro. Con motivo de su ochenta cumpleaños (nació el 12 de marzo de 1946) de la hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, dedico este artículo.
La idea de realizar un musical la tenía Scorsese desde el año que rodó Taxi Driver, en 1975. El director italoamericano se enteró a través del Hollywood Reporter que Irwin Winkler había adquirido los derechos de una historia que transcurría en la época de las grandes bandas. El director se puso en contacto con Winkler, que, junto con Robert Chartoff, como productores, iniciaron la fase de preproducción. Scorsese estuvo en Parma para hablar con De Niro, quien rodaba Novecento de Bertolucci y le dijo que buscara un hueco para hacer la película, el actor aceptó, dada la gran admiración que tenía por el director.
El guión fue escrito durante largo tiempo y ello provocó que se hiciese muy extenso, pareciendo una novela, de hecho, durante el rodaje se tuvieron que reescribir los diálogos y De Niro y Liza Minnelli aportaron interesantes improvisaciones.
Con un presupuesto inicial de 8,7 millones de dólares, se llegó a 11 millones, las catorce semanas del rodaje se transformaron en veintidós.
Toda la película se rodó en plató, sin un solo plano en exteriores. Se rodó en los viejos estudios de la Metro Goldwyn Mayer, en el mítico plató 29. La película llegó a tener una duración inicial de 270 minutos, pero se redujo para hacerla comercial a 153 minutos, 136 minutos en la versión europea.
La película es un claro reflejo de los avatares que vivieron en la vida real Scorsese y De Niro, el director iba a tener un hijo con Julia Cameron, De Niro estaba esperando el suyo con Diahnne Abbott, que canta en la película, Honeysuckle Rose. Las relaciones difíciles de los dos matrimonios están en la historia de Jimmy Doyle, el saxofonista y la chica que conoce el día de la Liberación, cuando acaba la Segunda Guerra Mundial en Times Square, en Nueva York.
Ya desde el principio de la historia vemos a De Niro como un hombre obsesivo que se obceca en conquistar a una Liza Minnelli (Francine, una cantante) que, al principio, no muestra interés en él. Ya podemos apreciar que nos hallamos ante dos solitarios que tienen amigos, pero que no han encontrado a su mitad.
De Niro lleva una camisa estampada, tiene aspecto de galán, pero algo rudo y continúa la misión de conseguir que Minnelli le haga caso, es muy divertida la escena en que finge una cojera para no pagar una habitación de hotel. Desde el principio, vemos a Jimmy Doyle como un hombre excesivo, gesticulante, que quiere llamar la atención, al igual que Travis en Taxi Driver, pero la diferencia es importante, Doyle no siente esa timidez de Travis, es un hombre que quiere destacar y carece de vergüenza alguna. A Francine le cautiva la forma de ser de un hombre temperamental, que no es como los demás.
Dos artistas que se dedican a crear como telón de fondo el enfrentamiento, porque ambos quieren conseguir el éxito y aunque comienzan una carrera juntos, el destino les separa, mientras Francine triunfa como cantante, Doyle se queda más relegado a los clubs de jazz, para un público más minoritario.
Desde el principio asistimos a una historia de amor en un contexto que va a propiciar la rivalidad, si Jimmy necesita montar a su alrededor un mundo de excesos (recordemos la boda, por ejemplo), Francine va ganando poco a poco con su voz, el interés de los hombres importantes de la música.
Escenas memorables que van calando en nuestra retina (De Niro en el coche discutiendo con Minnelli, cuando hablan sobre el hijo que ella va a tener y que Jimmy Doyle no quiere, el mundo del jazz cuando vemos a Jimmy tocar el saxofón en los locales muy bien ambientados de la época de los cuarenta).
Maurizio Porro dice acerca de New York, New York, como se encarga de recoger Gian Carlo Bertolina en Il Castoro Cinema / La Nuova Italia en el estudio titulado “Martin Scorsese” publicado en Florencia en 1981, lo siguiente:
Otra cantata, como Malas calles, como Taxi Driver, sobre individuos que, cebándose solo en su propio yo, no consiguen emerger a una vida civil, sino en la perspectiva de la ficción. Así como los protagonistas de los otros films de Scorsese reaccionaban a la violencia de la sociedad organizada con otra tanta violencia, estos dos artistas, perros sueltos en el gran parque de las luces de neón, responden al resto del mundo aislándose en su trabajo, cerrándose en un yo hambriento sólo de satisfacciones individuales. La música es la coartada de las coacciones infelices (p. 88).
Muy ciertas las palabras de Maurizio Porro, porque siempre late la soledad en los personajes de Scorsese, nunca aparecen familiares, algo que les una a alguien, recordemos a Travis Bickle, a este Jimmy Doyle y, aunque en menor medida, a Jake LaMotta, que, aunque tiene un hermano, nadie entiende su violencia, su forma de ver la vida. Tampoco Francine Evans aparece en la historia refiriéndose a una madre o un padre, son seres que viven su desvinculación con el mundo a través de la música, pulsión que les lleva al éxito o a la destrucción.
También es digno de mencionar el hecho de la diferente caracterización de los personajes, siendo el personaje de Jimmy, probablemente gracias a De Niro y su impactante interpretación, el que destaca sobre el personaje de Francine, más desdibujado, sin que, por ello, pierda el ritmo y nuestro interés en su recorrido, tan unido al de Jimmy Doyle.
El personaje de Francine acierta en sus decisiones, sin renunciar a su hijo por su carrera, mientras que Jimmy elige el camino difícil, el tortuoso mundo de los clubs, donde pocos van a verle, huyendo de la masa, comprendiendo que el jazz merece un público menos numeroso y más selecto, pero dándose cuenta que no tiene el éxito que ella empieza a ganar cuando su portentosa voz empieza a triunfar.
Llama la atención algo que señaló muy acertadamente José Enrique Monterde, me refiero a que el tiempo histórico, lo que nos cuenta la película, es muy extenso, más de lo que solía ser habitual en los musicales, más centrados en el presente, pero los personajes reciben marcas, discretas, de envejecimiento. En toda la película está el señuelo de aquellas big bands americanas como la de Tommy Dorsey en que, sin duda alguna, se centró Scorsese para el personaje de Jimmy.
Como han señalado algunos críticos hay una cierta misoginia en los personajes de Scorsese, fruto de su soledad, Travis, llevando a Betsy a un cine porno, Jake LaMotta pegando a su mujer por celos, Jimmy, sin dar todo el valor que tiene Francine, porque vive centrado en su mundo del jazz, en su obsesión (todos los personajes masculinos de Scorsese viven una obsesión autodestructiva).
Para terminar, cabría decir que, después de ver Happy Endings, la película que ha dado fama a Francine, va Jimmy a verla actuar, cuando se encuentra con su hijo, dialoga con él, sin que ya nada pueda ocurrir entre dos seres que no se conocen, habla con Francine, pero la inmensa distancia que hay entre ellos impide la vuelta atrás y tras verla actuar (con ese impresionante número de New York, New York, que solo Liza y Sinatra podían bordar), se marcha solo, demostrando que hemos asistido a la historia de dos soledades que se han ido separando en el tiempo, si Jimmy ya no puede cambiar y su carrera está estancada, tampoco sospechamos que Francine esté con alguien porque sigue siendo un corazón solitario, con éxito social y artístico, pero solitario, al fin y al cabo.
Nos queda la sensación de asistir a un espectáculo que nos gustaría que acabara mejor, pero no podría tener sentido otro final, dos temperamentos así sólo pueden vivir caminos separados. Los zapatos de De Niro, como un final que nos recuerda a su entrada en escena, nos ofrecen la respuesta a nuestra pena, el mundo no se ha concebido para que dos seres como ellos acaben juntos, pero en algún lugar quedó el amor, ese con que hemos disfrutado y llorado en esta magistral película que no tuvo el éxito que se merecía.
Y Liza Minnelli cantando New York, New York, una actriz prodigiosa, que luego se fue apagando poco a poco, pero que deslumbró en los setenta como pocas.












