Landa seguirá siendo un referente para todos, el español medio en tantas películas. Uno de los actores más entrañables e inolvidables de nuestro cine.
Hijo de un capitán de la Guardia Civil, nacido en Pamplona, Navarra. Estudió Derecho, para luego unirse al Teatro Universitario.
Comenzó a trabajar en teatro en 1960, con El cenador, junto a Julia Gutiérrez Caba y en Los caciques (1962) de Carlos Arniches.
Debutó en el cine de la mano de José María Forqué en Atraco a las tres. Fue el comienzo de una carrera impresionante en la que protagonizó 133 películas.
EL LANDISMO
En 1970 interpreta el divertido papel en No desearás al vecino del quinto, donde hace de gay, para conquistar a todas las mujeres que puede. Durante los años setenta será el protagonista del landismo, llamado así, porque Alfredo interpreta a muchos españoles casados o solteros que se hallan reprimidos ante el auge de las suecas en España. Junto a actores como Manolo Gómez Bur, Antonio Ozores, José Sacristán y José Luis López Vázquez, se convierten en un actor habitual de ese tipo de cine. Las películas muy parecidas, siempre tenían un componente de hombres persiguiendo mujeres estupendas, con algunas escenas eróticas, suaves comparadas con el cine actual.
LA ETAPA MEJOR DE LANDA
Será con El puente, cuando Alfredo Landa empiece a emerger como un actor total, brillante y complejo. Las verdes praderas, dirigida por Garci, reconoce a un actor que podría compararse con el español atribulado que interpretó en Estados Unidos Jack Lemmon y, sin llegar a la genialidad del actor americano, Landa está siempre excelente.

Llegan papeles impresionantes como El crack, con Garci de nuevo, director que sacó el mejor partido a Alfredo, donde interpreta a un detective, Germán Areta, en un Madrid de principios de los ochenta, demostrando su gran complejidad interpretativa, de la talla de los más grandes del cine español. También estará genial en Los santos inocentes, el pobre campesino que huele donde está la perdiz y que se rompe una pierna, siendo maltratado por el señorito, ese otro grande del cine, Juan Diego. Pocas veces un actor estuvo tan magnífico como Landa, junto a Francisco Rabal, como Azarías, un personaje terrible, enfermo, que acaba matando al señorito cuando mata a su Milana. Ambos recibieron el premio a los mejores actores del festival de Cannes, lo entregó otro grande, Dirk Bogarde, a quien le entusiasmó la película de Mario Camus.
El bosque animado, El rey del río, Tata mía, son tantas las películas de Landa que llenarían folios enteros, siempre magnífico, demostrando su expresividad y talento. Naturalmente, destacable en La vaquilla, dirigida por Luis García Berlanga, junto a otro grande del cine, José Sacristán.
Nació un 3 de marzo de 1933, tuvo un ictus y cuando recibió un Goya de honor, se encontró mal. Fue uno de los más grandes y merece la pena recordarlo. La talla de Landa deja claro que su vida y su cine fueron ejemplares. Aparte de su participación en muchas series de éxito, como la inolvidable Tristeza de amor, con la música de Hilario Camacho












