mayo de 2024 - VIII Año

José Luis Morante: «Un aforismo es un abrazo entre pensamiento y poesía»

Autora de la fotografía: Cris Aparicio

CERCANÍAS

El poeta y crítico literario abulense José Luis Morante lleva años embarcado en un apasionante proyecto que ahora culmina con su publicación de Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI) (La isla de Siltolá, 2024). El libro viene a sumarse a una larga lista de títulos, fruto de la pasión del autor hacia la literatura. Afincado desde hace más de tres décadas en Rivas-Vaciamadrid, como maestro y docente de Enseñanza Media, este inquieto profesor cuenta con el mérito de haber convertido esta localidad de la periferia de Madrid en una pequeña República de las Letras: auténtico referente cultural de la zona sudeste de la capital —durante la época que ejerció su carrera profesional— gracias a la presencia de escritores de la talla de Joan Margarit, Luis Mateo Díez, Luis García Montero, Almudena Grandes y Eloy Sánchez Rosillo, entre otros. En este mismo municipio creó asimismo la revista Luna Llena y coordinó la revista Prima Littera. Por otra parte, la obra poética de este gran agitador cultural ha recibido numerosos premios como el Luis Cernuda, el San Juan de la Cruz, o el Hermanos Argensola y todo el conjunto de su obra fue galardonado con el Premio Espadaña.

A pesar de haber publicado cuatro decenas de libros, nuestro entrevistado siente un especial entusiasmo ante la aparición de su último quehacer, un ensayo dedicado al aforismo, género que le interesa sobremanera y al que se acercó brillantemente con cuatro publicaciones propias —Mejores días (2009), Motivos personales (2015), Migas de voz (2021) y Planos cortos. Aforismos y cine (2021) — y dos dedicadas a otros autores: una de ellas, al poeta de Moguer —Aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez (2018)— y la antología 11 aforistas a contrapié (2020).

   Entreletras ha conversado con José Luis Morante sobre Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI) en su despacho de trabajo —atestado de volúmenes bajo la luz primaveral de mayo que se cuela por una claraboya— donde el poeta nos cautiva con su verbo.

La primera pregunta es obligada: ¿Por qué su libro de aforismos lleva por título “Paso ligero”?

El título se inspira en el personaje de Aquiles, aquel guerrero de pies veloces y talón frágil. En su aparente levedad el aforismo es un difusor rápido de ideas y sentimientos, un eficaz mensajero de la inteligencia.

Pasemos al subtítulo. Contando el género con antecedentes memorables de sumo interés, ¿cuál es la razón por la que ha centrado su estudio en los siglos XX y XXI y, a su vez, solo en el ámbito castellano?

Una idea muy extendida asocia la brevedad a los mensajes digitales y a un nacimiento reciente de efectos digitales; sin embargo es una estrategia expresiva de tradición milenaria que en los dos últimos siglos ha tenido un asentamiento completo. Por esta solidez en la literatura contemporánea he centrado mi trabajo en este arco temporal. Además carezco de don de lenguas y es esencial estudiar el habla concisa desde los textos, así que he buscado la lengua principal de cultivo el castellano, aunque también se practique en otras lenguas del estado como el catalán, gallego y euskera.

¿Ha gozado el aforismo de buena salud durante el siglo XX y lo que va de este?

Desde la generación del 98 hasta el tiempo digital la lista de practicantes ha sido de alta calidad literaria; mi estudio es limitado, incluye a una parte de escritores y son muchos los que se quedan fuera, aunque han contribuido a mantener viva esa norma básica de que menos es más.

Sorprende que alguien como usted —enamorado de las palabras— haya dedicado tanto tiempo a reducirlas a su más mínima expresión, que propende al silencio. ¿Es tan importante lo que se dice como lo que no se dice?

Tiene razón; parece una labor paradójica, pero no contradictoria. La cantidad no niega la calidad, pero tampoco la ratifica, así que he preferido buscar la esencia, el tuétano, la savia que circula por dentro y conforma lo primigenio.

En el trepidante mundo de prisas en el que vivimos, los mensajes cortos son los únicos que calan. Pareciera que el aforismo es un invento de nuestros días. ¿Le debe algo la publicidad con sus eslóganes al aforismo?

Publicidad y aforismo comparten metodologías expresivas; la búsqueda de la máxima eficacia en el mensaje; claro está que sus objetivos finales no tienen nada que ver: la publicidad busca el mercado y el aforismo la verdad y la belleza, así que sus aparentes afinidades en el fondo son leves coincidencias formales.

Esta pregunta enlaza con la anterior. Conviene aclarar a algunos recién llegados al mundo de la escritura —amantes de las redes— que no hay que confundir el aforismo con lo escueto del hashtag, ahora tan de moda. ¿Quiere puntualizar esto? ¿Qué es exactamente un aforismo?

No sé si en una única definición se puede cobijar la esencia del minimalismo conciso. Un aforismo es un abrazo entre pensamiento y poesía, un zumbido de avispa que irrumpe en el silencio del día para habitar nuestro pensamiento. Lo digital no tiene pretensiones estéticas sino aspiraciones de mensajería instantánea.

Sin embargo, el aforismo se ha escapado de la literatura para fertilizar otras disciplinas artísticas. Usted mismo escribió un libro sobre aforismos y cine. En el título —siempre tan importante para usted— se apela a los planos cortos. ¿La esencialidad opera también en el lenguaje audiovisual como en el escrito?

Entre las disciplinas artísticas siempre ha habido sendas comunicativas. Son rincones expresivos que suman paisajes para crear horizontes sensoriales. Desde ese lenguaje plural las estrategias expresivas se fortalecen. Un aforismo es un plano corto; una secuencia con una mínima trama argumental.

Pareciera que, dada su apuesta por lo sucinto, la escritura del aforismo es más sencilla que la de un poemario o una novela, por poner un ejemplo. ¿Qué dificultad entraña el aforismo?

El mensaje conciso tiene una nítida apariencia de humildad, es una semilla que no puede competir con una llanura cereal. Cada género tiene su encanto y los gustos personales ratifican las inclinaciones de cada lector. El género breve vive un momento de plenitud. Microrrelatos, haikus y aforismos se cultivan con notable fertilidad y no está mal conocer su composición celular, esos entramados reticulares que tienen las neuronas verbales.

Usted ha escrito aforismos y también haikus —recordemos su poemario Nubes, publicado en el 2013—. ¿Tienen algo en común las dos disciplinas más allá de su concisión? Quizá valga también la comparación con el microrrelato.

Las brevedades comparten precisión, brevedad y eficacia comunicativa. Desde hace años me gusta caminar por sus atajos comunicativos y he descubierto que cada vez capturan más; en ellos cabe una filosofía estética, una manera de estar en la ciudad literaria, una tradición de voces comunes que abrigan en la intemperie de la soledad.

Hay aforismos filosóficos como bien nos demuestran Marco Aurelio o Nietzsche.  ¿Puede entenderse el aforismo como una metáfora de la fugacidad de la vida?

Los temas del aforismo son ilimitados. Obviamente nadie escribe desde la nada y el aforista tiene en la existencia un venero argumental inagotable. El hombre contiene en sus laberintos interiores sentimientos, sensaciones, actitudes, preguntas, estados de ánimo, un material hecho de variopintos estratos que nunca deja de cambiar. Hay fugacidad vital y hay plenitud, celebración y pérdida, asunción y carencias…

José Luis Morante y Eugenio Rivera durante la entrevista. Fotografía de Adela Sánchez Santana

Hablando de escritores en lengua castellana que han apostado por el laconismo, me vienen a la cabeza tres de ellos: Gracián, Ramón y Juan Ramón. ¿Qué les debemos a los aforismos de cada uno de ellos? ¿Qué relación hay entre aforismo y greguería?

Ha elegido usted muy bien la singularidad de voz de la tradición aforística. Baltasar Gracián es alta cima, casi el creador de toda la tradición aforística en castellano; por tanto el maestro referencial, la fuerza que da solidez a la brevedad. Ramón Gómez de la Serna es el creador de la greguería, el jugador de cartas que saca de la manga la originalidad y el ludismo verbal; y Juan Ramón es la fertilidad creadora, la obra total, el buscador incansable de la perfección. Los tres ocupan un primer plano en el ensayo Paso ligero y son gratificante compañía.

En alusión al humor de Ramón, hay algunos aforistas británicos que también hacen un buen uso del mismo como Oscar Wilde y Chesterton. ¿Ha influido el humor inglés en nuestros aforismos?

Sin duda, son dos nombres propios con amplio magisterio entre nosotros; en nuestro presente minimalista es evidente la clave del humor en Ramón Eder, uno de los mejores aforistas contemporáneos; y no faltan otros escritores que aliñan humor e ironía y quitan algunas capas de solemnidad a lo lapidario.

Dicen que el primer verso de un poema es un regalo de los dioses, y que el último lo tiene que crear el poeta y debe ser un aldabonazo: un verso lapidario. ¿Cuántos aforismos están disfrazados de versos primeros o finales en una composición poética? 

Muchos, en mi caso los finales lapidarios siempre han estado muy cerca de mi modo de entender el poema. También la obertura da el sentido tonal a la composición, abren el camino a los versos que se mueven en busca de la resolución argumental.

En qué medida la actividad docente —que usted ha desempeñado durante tantos años— le ha mediatizado en su predilección por la síntesis que en su parquedad ofrece el aforismo.

Ser profesor durante cuatro décadas ha sido un regalo de la existencia que he vivido con entusiasmo y plenitud; me ha gustado muchísimo el aprendizaje continuo en el aula, el contacto con los alumnos, la persistente defensa de la educación pública como un pilar del estado democrático. Soy  fruto de este molde, y de él nace el aforismo como género literario central. En él caben los valores esenciales que me definen como escritor y como ciudadano.

¿Podríamos acabar esta entrevista con uno de sus aforismos para que nos sirviera de colofón?

Le dejo uno que celebra el amor y su textura confidencial e intimista: “Pienso en ti casi siempre; las otras veces, pienso en ti”. Desde ese vuelo de levedad y cercanía agradezco muchísimo su entrevista y su amistad.

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Archivo Entreletras

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