abril de 2024 - VIII Año

María Antonia García de León Álvarez: “Echo de menos la jovialidad que teníamos antes” 

La escritora María Antonia García de León Álvarez lleva una vida arrebatada por su irrefrenable pasión creadora. Le gusta que la llamen Antonieta, como aquella reina que momentos antes de que rodara su cabeza por el patíbulo soltó la frase memorable de: “Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.  Hablar con ella es un auténtico deleite: su conversación es desbordante, llena de complicidades y de humor, … Se define como una chica Rohmer.

Su solo currículo —siempre necesario para que el lector sacie su curiosidad— impresiona. Actualmente, entre otras cosas, dirige el “Club de Escritoras” en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid, con una decidida apuesta por lo femenino que hace recordar a aquel legendario Lyceum Club de la República. Como una rediviva María de Maeztu el edificio del centro de la calle de la Paz —bajo su tutela— se metamorfosea una vez al mes en la emblemática Casa de las Siete Chimeneas de entonces.

Y no es para menos porque el carisma de Antonieta viene avalado por una larga trayectoria que va de la docencia a la investigación universitaria, pasando por la escritura.

Profesora emérita de la Universidad Complutense de Madrid de Sociología de la Educación, muy pronto, sin embargo, sintió también la vocación artística que la llevó a dar rienda suelta a su impetuosa vena poética.

Sus artículos periodísticos han aparecido en muchos medios como El Faro de Vigo, El País, El Mundo, Granada Digital y el periódico Lanza de Ciudad Real. Asimismo, colabora en revistas literarias como la malagueña TSN, Claves de la Razón Práctica, Ayllu y la Revista Crítica. Y en el programa ‘La Vida es Bella’ de Radio Marbella tuvo la sección “Leer la sociedad”.

Por su obra ensayística —centrada principalmente en el feminismo y la sociología en sus múltiples vertientes (sociología del cine, del género, de la educación, del trabajo, …)— ha sido premiada con numerosos galardones.

Pero fundamentalmente, Antonieta tiene un alma de poeta que ha ido dejando en jirones en una larga serie de poemarios. Entre ellos hay que recordar: Resplandece el Jardín de la Malinche, Desde mi Torre de Adobe en La Habana y Amar América. Sin olvidar la antología que lleva por título Soy Tú (Poesía 2010-2020). Su última entrega publicada —la vigésima— lleva por título Poeta en llamas.

Entreletras ha dialogado con la autora acerca de lo divino y lo humano: más lo humano, siempre lo humano…  Para ello, Antonieta —vibrante y generosa interlocutora— nos da cita en la azotea de un hotel encantador del barrio madrileño de Salamanca donde —tomando unos buñuelescos dry Martinis, a instancias de nuestra anfitriona— iniciamos la charla. Las respuestas surgen espontáneas y chispeantes, las preguntas a veces huelgan…

Imagino que, siendo oriunda de La Mancha, en la Ruta del Quijote— estabas llamada a la literatura y a la ensoñación. ¿Podemos hablar de tu infancia y de cómo se despierta en ti tu pasión por la literatura y los libros?

No soy nada localista, y —parafraseando a Cervantes— diré que nací en un lugar de la Mancha cuyo nombre no quiero decir. No, no es que no me quiera acordar. Pero eso de la patria chica no va conmigo. Dicho esto, por supuesto que está el sentimiento y el amor a la tierra. Y me honra mucho que ahora me vayan a hacer académica del Instituto de Estudios Manchegos. Pero yo como tantas, afortunadamente, pertenezco a una generación que nos hemos movido mucho. Soy una persona cosmopolita. Los jóvenes de la Transición teníamos unas ganas de salir tremendas, a Londres, a París, nunca a casa…

He podido conocer muchos lugares del mundo gracias a mi trabajo —yo tenía una profesión de lujo, una profesión liberal en el sentido noble y humilde del término (antes de que llegara este tecnofeudalismo del que ahora habla Varoufakis)— y también después. Por ejemplo, he conocido América, que me fascina.

Ahí está mi obra poética que refleja muy bien esta pasión mía por Bolivia, por México, por Colombia… Y con la sabiduría de hoy, en estos momentos puedo disfrutar de lo que decía Joan Margarit, uno de mis poetas favoritos, cuando hablaba de que “ahora por fin el amor coincide con la inteligencia”.

Has sido siempre muy inquieta. A pesar del interés en tu profesión, has cultivado muchas otras disciplinas con esa inclinación por lo poético.

He sido muy “aborrescente”. Es un término que me inventé en poesía: la “aborrescencia”. Empecé no sé cuántas carreras, es verdad, pero también soy muy disciplinada. Estudié Derecho, soy licenciada y doctora en Sociología, hice Dirección de Cine en el TAI de Madrid y aunque en la Facultad de Periodismo hice solo el ingreso, ejerzo de periodista. Pero todo lo que he empezado lo he terminado acabando. No soy nada diletante, soy como un reloj Omega. Pero a la vez me gusta la flexibilidad, no soy nada dogmática. Mi lema en la universidad era “inteligencia y flexibilidad unidas”, y lo aplico a todas las cosas de mi vida. No hay nada más práctico que una buena teoría: es algo que pienso y que me gusta decir.

¿Y eso encaja con esa doble faceta de socióloga y poeta?

Sí, sí, en mí todo encaja. Para mí no es dualidad, para mí todo se une. En realidad, yo era una poeta avant la lettre. Incluso en mis libros de sociología he tenido siempre una voluntad de estilo, al modo que decía Ortega para la escritura de sus ensayos. Hablaba Cortázar de “la sensación de no estar del todo”, donde se refería a la distancia, a la extrañeza que nos hace a los poetas.

Hay que defender nuestro sentir, con espontaneidad. Por eso, hoy día echo de menos la jovialidad de hace años. Nos movemos ahora en un mundo donde la gente se ha vuelto terriblemente seria. Todo exige un protocolo… No quiero usar una expresión manida, pero efectivamente nos movemos en lo que ahora se llama lo “políticamente correcto”, y no lo soporto…

Me tengo por una buena científica en ciencias sociales y por una buena poeta, y no se estorban una cosa a la otra. Me encanta citar a Juan Ramón Jiménez, cuando decía: “Musa, dame el nombre exacto de las cosas”. Quien utiliza el nombre exacto está hablando de ciencia. Para mí no hay diferencia. Si, la hay de método.

Hablábamos antes de la sociología, de la poesía, y hay una faceta tuya muy interesante: has sido también pionera del feminismo en nuestro país.

Sí, eso sí es verdad, y lo digo a mucha honra y con gran humildad. Ahí me llevó la vida. Te voy a dar un dato: en Sociología, cuando yo empecé, éramos catorce profesoras titulares en todo el territorio español. Éramos una minoría de mujeres. Yo era una joven antifranquista, de una familia tradicional, católica, apegada al agro, con muchos recursos y finalmente derivo al feminismo. Ese es mi ensamblaje —palabra que me gusta mucho— porque somos como un barco hecho de muchas piezas. En mi caso hay tradicional, hay cristiano, hay agrario, pero también hay rebelión, también hay distancia, …  Soy muy anticonvencional, detesto lo doméstico, lo respeto, pero me aburre soberanamente: lo doméstico es como el mito de Sísifo…

El papel de ama de casa no es lo mío: estoy de acuerdo con Celia Amorós cuando hablaba de una maternidad moderada. Ella ha sido una pionera del feminismo a la que admiro profundamente, y a la que le estoy muy agradecida porque escribió unos prólogos magníficos para mis libros y acudió a muchas presentaciones. Recuerdo con especial cariño un libro que me gustó mucho escribir: Cabeza moderna / Corazón patriarcal (Un diagnóstico social de género). Esta obra tiene un prólogo muy bueno de Celia Amorós.

Soy feminista, pero una feminista diríamos ilustrada y objetiva. Miro el tema de género como un antropólogo, con frialdad, objetividad y distancia. No tengo ira contra nadie, porque he escrito que el sistema patriarcal le ha hecho daño a hombres y a mujeres, aunque a estas más.

¿Cómo definirías tu método de trabajo?

Soy de ejecución rápida en la creación, soy muy nietzscheana, un temperamento juvenil. En mis libros la inspiración empieza por el título, siempre los títulos, porque el título ya contiene la tesis: élites discriminadas, por ejemplo, mi ensayo Herederas y Heridas, un libro que está escrito con voluntad de estilo, el título contiene ya una idea-fuerza. He de reconocer que siempre he tenido suerte con mis libros. Fíjate, ya en el primero, José Luis Aranguren, me hizo un prólogo estupendo. También me dirigí a Antonio López y me dio una portada preciosa para otro libro. Aranguren me dijo algo muy bonito en aquel momento, con veinte años me encantó. Lo que era: que yo tenía “una gran habilidad para el diseño y el trabajo intelectual”.

En cuanto al feminismo institucional, ¿qué piensas de su situación actual, desde el Ministerio de Igualdad a la Ley del sí es sí?

Tú sabes que ha habido mucho debate y se han escrito artículos muy buenos, muy sensatos. Me siento muy cercana a las posturas de Carmen Calvo, de Amelia Valcárcel… Somos rebeldes ilustradas, antifranquistas, con una formación marxista, con una formación filosófica. Y ahora a estas mujeres no quiero menospreciarlas porque yo no sé qué formación tienen. No he mirado el currículum de las ministras actuales. Y no prejuzgo nada, pueden ser inteligentísimas en su materia, pero es otra gente. Es otro élan vital, ¿no? Pero ya mojándome, te diré que no estoy nada de acuerdo con el hecho de que un menor pueda cambiar de identidad sexual… Eso, eso lo veo fatal. Los sociólogos tenemos siempre argumentos contra el biologismo. Porque creemos que nos construimos socialmente. Es muy nocivo cosificar a la gente. Tampoco estoy contenta con lo que era tradicional… que a los trece años te digan: tú eres una señorita y te tienes que comportar como tal. La fiesta de la quinceañera —que tanto se celebra en América— es en mi opinión una tremenda alienación para una joven, en general y en términos sociales.

¿Qué relación mantuviste con Savater, a través de la revista Claves? Y ¿qué opinas de lo que ha sucedido con El País?

Me parece que Fernando es una figura fundamental en nuestro país por su obra personal, intelectual y cívica. Hay que tener mucha valentía como él hizo frente a ETA. Lo conocí cerca de aquí donde estamos celebrando esta entrevista, andando con dos guardaespaldas detrás: se jugaba todos los días al cuello con aquellos bárbaros. Yo detesto el fanatismo, el terrorismo… ¿Quién no? Como jóvenes antifranquistas nos oponíamos al establishment porque era muy pobre… Eran años de plomo. Pero mi sensibilidad no me permite el fanatismo. Por mis venas corre el pacifismo, la paz es el pan de la vida y de mi existencia. Detesto la violencia y por supuesto la violencia de la pena de muerte.

Le reprocho a Savater que por las buenas haya dejado morir Claves, cuando podía haber vendido la cabecera a un grupo intelectual notable, como se hace en otros países europeos. Ha dejado tirado a muchos colaboradores que estábamos ahí haciendo un buen trabajo intelectual. Claves es la única revista que pagaba los artículos y eso la honraba. El trabajo intelectual y artístico debe pagarse y al parecer en estos tiempos, no.

¿Qué opinión te merecen las leyes de la memoria histórica y democrática?

La verdad es que es un tema muy delicado. Comprendo que haya gente que lo defienda, pero creo que ahí también hay una adoración a la necrofilia, a los antepasados. Me encanta el poema de Celaya: “¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo”.

Por sacar un ejemplo: esta necrología obsesiva con Lorca, gastar dinero público para remover… He tenido casa en Granada y eso de remover barrancos y barrancos… Todo un fetichismo. No va con mi temperamento. ¿Cómo puedes estar removiendo la mitad de la provincia de Granada buscando a Lorca? Ahí se están beneficiando los que escriben sobre Lorca. Especialmente, algunos hispanistas.

Has escrito un libro que lleva un título muy hermoso: Amar América.

Sí, me gustan los títulos, como te decía, porque llevan siempre una idea-fuerza. Primero invento el título y luego me sale el libro de un tirón. Amar América es un libro que estoy muy contenta de haberlo escrito. Tiene un prologuista muy bueno, de Santo Domingo, el Profesor José Enrique Delmonte, y un epiloguista, Mateo Morrison, uno de los mejores poetas de América.

Soy muy viajera y amo América. Si fuese ministra de Cultura pagaría a todos los recién licenciados un viaje a América para que se encontrasen con lo mejor de nuestra cultura. Mi pasión por el continente se traduce en mis libros. A donde voy me pongo “una torre de adobe”. Lo digo con humor haciendo un guiño a un libro que tengo, que lleva ese título: Desde mi torre de adobe en La Habana.

América somos nosotros. Una idea también controvertida que hay que revisar es la de la conquista, entre muchas otras. El personaje de Isabel la Católica, por ejemplo, una mujer que se casa con quien quiere, a pesar de todo. Eso ya es feminismo avant la lettre. Si tú te lees el codicilo, donde dice: los pobladores de América son mis súbditos, no son esclavos, los encomenderos que los exploten, serán penalizados… Si la reina Isabel fuese inglesa o francesa tendría otra consideración. Este es un país de papel de estraza, que tiene que ganar mucho refinamiento cultural. Ha tenido un Siglo de Oro espléndido, pero luego ha tenido siglos demoledores como el XIX, algo terrible. Es un país que tiene que tener orgullo en el mejor sentido del término y saber valorar lo que tiene. Cuando vas a América y ves la obra que hicieron los franciscanos, te emocionas: los mexicanos ilustrados, como Octavio Paz o Carlos Fuentes han comprendido que el mestizaje es una cosa hecha y que con ello hay que contar. Perdona por esta autocita: publiqué un libro que se llama Resplandece el jardín de la malinche y como dije entonces en Cuernavaca, en la televisión, la Malinche para mí es la primera diplomática del mundo, aunque se haya dicho que es “la puta que nos vendió la patria”. Ella es otro ejemplo de feminismo avant la lettre.

También me atreví a hablar de Hernán Cortés. “Todos hemos visto a César” (título de un poema mío que leí en televisión). Toda la historia de la Humanidad es una historia de conquista. Yo, hoy, admito que viniera el Imperio Romano y nos dejara una cultura más avanzada.

Si comparamos las conquistas de los ingleses, la española sale bastante bien parada.

Los portugueses pusieron en el siglo XVIII la primera universidad en Brasil. Las primeras universidades de América se fundaron muy temprano, por ejemplo, la de San Marcos (1551) y la de Santo Domingo (1538). Los mexicanos de bien adoran a Sahagún y a tantos otros españoles que levantaron allí unas obras notables.

Has mencionado antes poetas que te gustan. ¿Quieres añadir algunos más a la nómina?

Desde luego, además de Margarit, me encanta Jaime Gil de Biedma, también me gusta mucho López Rosillo. Hay tantos…

Y, ¿cineastas, aparte de Pasolini?

El cine me ha educado, como dice Almodóvar. En realidad, quería hacer una película, pero como no tenía dinero para hacerla, escribí el libro. Me gusta todo el cine clásico italiano, todo el cine francés: Godard, Truffaut… Rohmer me encanta. Ahora me interesan el cine oriental, el japonés, … Me gustó mucho Una mujer en llamas, por eso he titulado a mi último poemario Poeta en llamas. Es una película de una sublime belleza. Últimamente me ha gustado mucho también Anatomía de un asesinato.

¿Qué te parece el cine español actual?

Tiene sus más y sus menos. Pero, en general, no me gusta. Te voy a hacer un comentario muy de brocha gorda, que me perdonen. Películas muy broncas, películas llenas de tacos, llenas de un erotismo feroz. De una falta de sutileza alarmante. El cine español no domina los primeros planos. Hay un griterío terrible, le falta silencio… Manca finezza.

He escrito el primer libro sobre Pedro Almodóvar, que al principio era tan divertido y tan profundo a un tiempo (¡Qué he hecho yo para merecer esto?). Después ha perdido esa frescura. Se ha sentimentalizado: lo domina una razón sentimental.

¿Qué proyectos futuros tienes?

Soy una persona muy activa. Vivir para mí es escribir y escribir es vivir. No escribo poesía: soy poeta y tantas otras cosas más. Mi nombre solo Dios lo sabe.

¿Puedo desvelar un secreto a nuestros lectores? Me han soplado que tienes una sorpresa para Entreletras…

Bueno, sí… Voy a iniciar una columna que llevará por título “Las negritas de Antonieta”. Es un proyecto que me hace mucha ilusión… Deseo seguir la estela del buen periodismo de Umbral, Vila Matas… En suma, la columna de prensa que es literatura a lo grande.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico
Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Las grandes lunas llenas de silencio y espanto Aurelio Arturo El pensamiento lúcido y las advertencias de Hans Jonas (1903/1993)…

Cataluña en la encrucijada
Cataluña en la encrucijada

Salvador Illa, Secretario de Organización del PSC, analiza en este artículo publicado en Entreletras la necesidad de abrir un camino…

Podemos salir bien de esta
Podemos salir bien de esta

Por Rafael Simancas*.- | Octubre 2017 La situación ocasionada por el desafío separatista en Cataluña sigue siendo de una gravedad…

100