mayo de 2024 - VIII Año

El discurso de ingreso en la RAE que Antonio Machado nunca llegó a pronunciar (y II)

Anotaciones cogidas “al vuelo” sobre el discurso de ingreso de Antonio Machado a la academia de la lengua… que nunca llego a pronunciar  

II.- Los certeros, ajustados y en no poca medida anticipatorios comentarios, sobre marcel proust  y james joyce      

… porque su tema es el pasado que se acumula en la memoria, un pasado destinado a perderse,
si no se rememora, por su incapacidad de convertirse en porvenir.
Marcel Proust

Antonio Machado

Antonio Machado fue un intelectual sólido y –aunque no lo practicó en exceso- un agudo crítico de las ideas. Sabe tomar el pulso a las innovaciones culturales del tiempo que le tocó vivir.

Califica a ambos autores como “frutos maduros y tardíos del espíritu ochocentista”, poniéndolos, de paso, a salvo de alguna de las “guerras culturales” que sólo brillan un momento como estrellas fugaces, en un espacio donde toda novedad es “elevada a los altares”.

Su primera intuición intelectual es que no puede llamárseles poetas, mas advierte con profundidad, que en diversas épocas los poemas esenciales no se han escrito en verso.

La intuición de Antonio Machado es profunda y las páginas de su Discurso, un notable y valiente ejercicio intelectual. Naturalmente, eso es algo que queda fuera del alcance de los críticos convencionales, que pontifican desde el pedestal que proporciona el llamado “principio de autoridad”, cuando en realidad carecen de autoridad y de principios. Se trata tan solo de embaucadores sin escrúpulos, la mayoría de las veces.

Machado sin darse importancia, elegantemente, observa, imagina y juzga sin falsa modestia. Con su inteligencia presta argumentos a quienes se adentren en la “estructura de la realidad” sin anteojeras.

Marcel Proust dio a conocer en vida, solo parcialmente, su A la recherche du temps perdu. Entre 1908 y 1922. Las tres últimas entregas aparecieron con carácter póstumo. El Ulysses de James Joyce, una de las obras más vanguardistas del periodo –y quizás del siglo- apareció en 1922. El lector avisado, debe tener presente que el Discurso de entrada a la Academia, que nunca llegó a pronunciarse es de 1931. Quiere esto decir, que escribe sin perspectiva  ni alejamiento, pero capta la dimensión cultural, vanguardista y poética de estas dos obras.

Pocos errores, muestran con más claridad, ser cortos de vista como aquellos que postulaban el entierro necesario del capital simbólico, en aras de una objetividad ya desfasada. Los agoreros y sepultureros no suelen acertar en sus predicciones. Se toman demasiado en serio sus espejismos. Creen “estar a la última” inventando cada día un nuevo “ismo”, dejando muchas veces de lado tanto el corazón como la cabeza. Otorgándose el derecho, que nadie les ha dado, a decir la última palabra y configurando un guirigay febril y acrítico.

Marcel Proust

En Machado, por el contrario, todo es un querer comprender, convencido como está, de que el pensamiento permite traspasar los límites de la realidad superficial. Pasada la confusión del llamado “periodo de entreguerras”, los espíritus inteligentes y sagaces son los que extraen las consecuencias apropiadas en su esfuerzo analítico. Al enfrentarse a Marcel Proust, advierte que se ha cerrado con llave de oro la novela burguesa. Una vez más, algo muere y algo comienza.

Se acabaron las glorias épicas. La “melodía” del siglo que fenece y del que comienza a querer afianzarse, no trata de gestas ni de heroísmos… sino que desciende del pedestal y pone el foco de su atención en esperanzas e inquietudes intranscendentes, pertenecientes al ámbito de lo cotidiano con no poca nostalgia.

Don Antonio define, a la novela como un “poema degenerado”. Nace del recuerdo de lo vivido o soñado. Dicho en otras palabras, el tiempo… el paso del tiempo, es el auténtico protagonista. Téngase, además en cuenta, que lo que se ha perdido en confianza épica y voluntad heroica se ha ganado en reflexión y calidad analítica. Quizás por eso, es un retrato tan decadente… y la nostalgia acaba llenándolo todo o casi todo.

Machado capta que Proust es sutil y “autoinspectivo”, con esa capacidad añadida de evaluarse a sí mismo y a su tiempo. Es en este sentido y en otros varios, un poeta de la memoria que se mueve como pez en el agua, cuando evoca una realidad agonizante que va feneciendo entre estertores, procurando no llamar en exceso la atención, a la vez que oculta sus fingimientos.

Proust, como otros creadores solitarios y gigantescos, carece de epígonos. Se marcha sin hacer ruido, haciendo mutis por el foro, con su amargura y frustraciones a cuestas y con una sonrisa enigmática.

Cuando la sutileza machadiana se enfrenta con Joyce, es como si entraran en contacto –serenamente, eso sí- dos fuerzas de la naturaleza opuestas. Don Antonio considera que la locura es una enfermedad de la razón y que Joyce si no presenta síntomas de haber perdido la razón, al menos, lo parece.

Muestra, con toda crudeza un vacío pavoroso –más sistémico de lo que parece- El irlandés sabe moverse en medio de un auténtico vertedero de las ideas y del lenguaje. Sus páginas son, en cierto modo, una corrosión obsesiva.

El Ulises es un largo monólogo, sistemáticamente “desracionalizado”. Joyce –interpreta sagazmente Machado- arroja al cubo de la basura, el pensamiento decadente de su momento histórico. Da la impresión de que se erige en continuador de Ockham y toma su “navaja” como modelo, sometiendo a un auténtico expurgo, toda lógica externa.

James Joyce

El crítico y penetrante intelectual que es Machado, no tiene miedo en seguir sus intuiciones. Dicho con todos los respetos, Joyce tiene no poco de cínico y funambulista, de tahúr y hasta de trilero del lenguaje. Al mismo tiempo, es una figura no sólo necesaria sino imprescindible. Da la impresión, no pocas veces, de que los vocablos se asocian o bien al azar o siguiendo un mecanismo diabólico. El Ulises es ante todo y sobre todo, “un callejón sin salida del solipsismo lírico”. Algunos estudiosos han llegado a afirmar que en cierto modo se aproxima a un “monadismo hermético”. El lector avezado advertirá, ignoro si con un poco de desaliento, de que este libro que renuncia a la lógica, renuncia asimismo, a la moral.

Machado lo califica de desintegración de la personalidad individual. Creo que es acertadísima esta apreciación. Se ha hablado largamente sobre la fragmentación del sujeto, lo que aquí es patente. La impresión que queda en el lector no es otra que la de la antipática frialdad de lo objetivo.

Es capaz de enunciar que cuando una pesadilla estética se hace insoportable… el despertar está cercano, pretendiendo con su Discurso –menos absurdo de lo que parece- que el lector se haga a la idea de lo difícil y complicado que es que la lírica se emancipe “de las cadenas de su tiempo”.

¿Cuál es la razón de que Machado se haya detenido en Proust y en Joyce? Mostrar su abierta disconformidad con los poetas sin alma, con los creadores que han renunciado “a bucear” hasta que el hombre se encuentre consigo mismo.

Una vez más, expresa su distanciamiento y disconformidad con el concepto que popularizó Ortega de deshumanización del arte. Exponiendo de nuevo que el creador de empuje, por una parte mira a las ideas transcendentes y por otra al corazón del hombre.

Uno de los logros de Antonio Machado en este Discurso es, su afirmación firme y democrática, de que difundir la cultura es mucho más que difundir un caudal “limitado entre muchos”. Muy al contrario, es contribuir al “despertar de las almas dormidas” y acrecentar el número de los capaces de espiritualidad.

Los comentarios y reflexiones sobre el Discurso machadiano, ponen de manifiesto que los inquisidores de toda laya y condición, se creen infalibles cuando las más de las veces, son efímeros y prescindibles.

El Discurso está repleto de ideas anticipatorias y conceptos sugestivos y de penetración filosófica, que lo convierten en un instrumento sólido y digno de ser analizado con atención.

Los espíritus nobles formulan las ideas como conjeturas. Don antonio lo hace con inequívoca modestia y con sobrada solvencia. Hoy, por contraste, los populismos insustanciales y sin complejos han llegado también al terreno del ensayo, presentando sus vaguedades como “grandes descubrimientos”.

Es mucho más lo que podría extraerse de este Discurso, nunca pronunciado. Creo sin embargo, que es un deber de memoria sugerir lo que hallarán, sin duda, quienes lo asimilen y si hiciese falta lo actualicen.

Agradezco a la revista digital Entreletras la oportunidad que me ha brindado al permitir que exponga estas limpias, claras y premonitorias ideas machadianas…  que durante demasiado tiempo fueron subversivas para los bien pensantes.

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