junio de 2024 - VIII Año

Para recibir a Efi Cubero. Decálogo en Cáceres

1

Sabido es que la poesía recela del discurso y en ocasiones necesita soportarlo. Por eso, el del poeta, Efi, es un saber contradictorio, un saber que puede construir y arrumbar a la vez, incluso dentro de un mismo poema. También que, siendo como es hogar de lo vivido y de lo por vivir, la poesía puede y debe ser un rapto, el instante bajo la luz de Ungaretti. Una hondura, una intuición a la que debemos aportar cuidado y laboreo, mimar con sabiduría. Añadamos que la poesía, lo escribió el gran Horacio, es incompatible con lo mediocre, con lo previsible. Dices: Hay un temblor de invierno en la mirada.

 2

Te leo, Efi. Leo Rizoma (Mahalta, 2023) y me acuden horas calladas, urgentes. Tientos con que levantar la vista hacia el rincón que ocupa la luz serena. Descanso en la ventana. A veces contemplo el olmo de frente a la casa y pienso que no tiene necesidad de explicarse a sí mismo para saber que es un olmo. Que no precisa parar al caminante para pedirle que lo reconozca como olmo. Al olmo le basta mostrarse para existir y ser. Ni busca ni pretende que lo expliquen para ser lo que es. A veces pienso, leyéndote, Efi, que la poesía es un olmo. Que es en sí, que no necesita que la abriguen ni la desnuden. Dices: Brindo por los extraños, saboreo la frutal transparencia de la vida.

 3

Porque la poesía es el poder de la inocencia frente a los eruditos, ha nacido Rizoma. Un ser para la aventura. Rizoma no es un animal para la disección, sino una expectativa, es tan raíz sonora como vuelo y travesía, una reserva, una barrera frente al acecho del miedo y los estúpidos. La poesía es flor de cactus, una fugacidad que busca la mano de agosto que desee encenderla. O un insecto que sueña. Lo leve y lo voraz en armonía. A veces cuenco, a veces dardo. Hay en Rizoma palabras trizadas, trilzadas, que desconocen el concilio, pero se aman. Así dices en la página 355: Un lugar en bosque donde encender el tiempo.

4

La poesía, nacida oral, exige desde hace mucho ser escrita, expuesta a los aires y a los soles. En pasquines clavados o pegados en los muros de los palacios, de las cabañas, de las pantallas. Ofrecida al desgaste, a los ruidos, a los cuervos, a la contaminación. La poesía es un eco prolongado que no desea extinguirse. La poesía, nacida oral, es un edificio poblado de ventanas o de vómitos, y es un libro-cobijo para los desamparados. La poesía es para ti, Efi Cubero, un refugio en la mitad exacta de los campos. Un pozo de agua fresca, de agua izada a cuerda y zinc. Dices: Siento la mordedura de la noche / las vértebras del barro sobre la propia piel.

5

Suele decirse que la poesía se escribe desde un estado alterado de conciencia. En el saber que existen variadas alteraciones, y múltiples. Sin que sea preciso alcanzar el cenit ni el nadir del misticismo, ni desde la rutina ni desde el tedio se alcanza la tensión expresiva propia de la creación poética. Rizoma es producto de las provocaciones. Fue preciso el choque del ensueño con la realidad. Fue necesaria la alegría de la excitación, esa que necesita, cara a cara, a sus irrenunciables contrarios: al dolor, a la tristeza. Decía Rubén que toda la poesía nace de lo triste, parecía que ya conociera al Vallejo que llegaría. Dices, Efi: Una palabra a veces también puede ser luz desorientada.

6

La poesía, Efi, surge de los choques del temblor con el mundo de la idea, del roce de la nieve con la piel, de las cartografías de la noche. Diríamos que de la extrañeza con la que el yo incontaminado y su razón se enfrenta al enigma no resuelto de la vida. Siempre al acecho. Pero extrañeza y extraños son términos que tú, poeta Efi Cubero, tienes tan cerca de ti, tan sabidos y vividos, que nombrarlos con otros labios resulta siempre viento banal. Lo extraño para ti es ese sendero que confunde premisas y consecuencias, que revuelve datos con sueños, que odia lo vacuo, lo impoluto, que hace del sol de cada día algo nuevo, imprevisible. Dices: Para eludir la muerte, atestiguar la vida.

7

Pero escribir poesía, he dicho a veces, es algo tan sencillo y necesario como imprudente, y no está —por desgracia, por fortuna— al alcance de todos: se trata de remarcar con un trazo leve de tiza los bordes del abismo. Sencillo digo, pero es forzoso tener el yeso, necesario poseer pulso adecuado y estrategia, e inexcusable conocer de los enigmas vitales: percibirlos, encontrarlos, saber sus dimensiones. Y desbrozarlos. Hablo de los abismos del ser, del existir. Algunos, algunas, logran, esa tríada: detectar, entender, anotar. Y entonces sabemos que estamos ante un poeta, ante una poeta verdadera. Con mundo, con voz: Efi Cubero. Dices: De todo lo fugaz, acaso un nombre logre sobrevivirte, desmemoria.

8

Tu poesía, Efi, tengo dicho, es en esencia mirada: sobre el mundo, sobre el tiempo y los otros. Nada explosiona en su decir que no surja de la fisicidad, de la materia y su calor, del poso de la luz sobre las rosas. Y de su contraste con la emoción del concepto, con el lugar de la belleza, con el camino hacia lo puro con que el espíritu canta su ser, su estar entre la Nada y el Todo, o sea: en nosotros. Tu poesía es una metafísica de ida y vuelta permanente entre lo concreto y lo abstracto, entre lo fugitivo y lo anclado, entre la soledad y lo indecible. Hay en ti la sabiduría de que la realidad existe porque la creamos, porque estamos vivos. Dice: Nieva sobre el espíritu, y la melancolía es una estrella blanca deshecha entre los dedos.

9

Tu poesía, Efi, sabe de las plenitudes, de esos momentos vitales de luz cegadora que pueden ser tanto revelaciones como imposturas. Por eso no ama el destello, por eso discurre alerta, por eso prefiere el susurro de lo iluminado, como insinúa Javier del Prado en su prólogo, por eso vive en la huella hallada. Y ama los caminos por donde es posible transitar sin nostalgia, pero con un frutal amor a lo vivido. Por eso hay en ti y en tu decir una voluntad dispuesta y abierta hacia la creación, propia y/o ajena. Atraída siempre por el presente, por el milagro de aquellos creadores, creadoras, que nos precedieron y legaron. Dices: Sabe la luz la soledad del vuelo.

10

Los trazos, sus pasos. Tu lenguaje, Efi, recorre lo cierto y la aventura. Hay en él tensión secreta y dúctil, sed que huye de lo obvio. Posee la armonía dorada con la que interpretar ese solo inclasificable que es cada poema, cada secuencia de un continuo, de una travesía. Amiga de lo transparente, lo trasladas al lenguaje con el que construyes: elegante, claro, de vocación avara, amante de lo culto. Y despojado de jactancias, de adherencias. Tus palabras, Efi, unas seguidas de otras, son verdad. Ni engañan ni te engañas con ellas. Claridad. La poesía es un don que a veces nos visita, lo supo Claudio, lo sabes, Efi. Por eso está Rizoma, estamos aquí, en Cáceres. Ahora. Esperando escuchar: El interior emerge en soledades.

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Archivo Entreletras

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