marzo de 2026

‘Va amaneciendo’, de Ricardo Martínez-Conde

Va amaneciendo
Ricardo Martínez-Conde
Zadar eds., Madrid, 2024
86 pp.

En Va amaneciendo Ricardo Martínez-Conde propone un libro sobrio, distinto, que se sitúa deliberadamente al margen de las corrientes dominantes de la poesía contemporánea. Frente a la experimentación formal, el autor opta por una línea de continuidad con la tradición del verso meditativo, de lectura pausada, reflexiva y orientada hacia la exploración del momento. El eje temático del poemario es el tiempo vivido desde la conciencia: el paso de las estaciones, la memoria, la espera y la conciencia de finitud. El título no alude tanto a un amanecer físico como a un lento aclararse interior. El yo poético observa el mundo mediante la reiteración de símbolos —el mar, los árboles, la niebla, los pájaros— y en esa observación se reconoce a sí mismo: “Soy una ola, / soy una ola imperceptible, única; / y tanto mar…”.

El libro no funciona como una simple colección de poemas, sino como una secuencia orgánica en la que los textos dialogan entre sí. Desde el inicio ya se advierte al lector que no busque “ritmo o rima fáciles” ni una lógica discursiva directa, sino una deriva onírica y evocadora donde la palabra opera más por resonancia que por argumentación. La naturaleza no aparece como paisaje decorativo, sino como espejo metafísico. El mar, especialmente presente, funciona como símbolo de origen, destino y continuidad: “Y el mar… Posar el pie desnudo / en la arena, esperar la ola liberada ya del peso / de la significación mas guardando, / como ha de ser, el sentido del mar. // Tal como le ha de suceder / –camino hacia la Nada– al hombre que se aleja”.

Otro de los núcleos conceptuales de la obra, el paso del tiempo, lejos de la angustia o la nostalgia dolorosa, se asume como una instancia ordenadora y casi benévola, “un cuidador razonable, escueto, persistente” que otorga equilibrio a la experiencia y ordena la vida con una “rara belleza”. Esta actitud configura el tono general del libro: de una serenidad que no excluye la conciencia de la pérdida, pero que rehúye el dramatismo. La vejez implícita del sujeto lírico —o al menos su perspectiva de madurez— se traduce en una poética de la aceptación: el sujeto no combate el tiempo: lo observa, lo acepta y finalmente lo integra como estructura de sentido, configurando una temporalidad cercana a la tradición fenomenológica (tiempo vivido) y a una ética de la serenidad que remite a corrientes estoicas y a cierta poesía de la perduración. Asimismo, la soledad aparece como condición constitutiva del ser humano, pero no en clave trágica, sino como espacio de conocimiento. La duda, lejos de resolverse, se convierte en método: “La duda es una forma de pregunta reiterada”.

El estilo de Martínez-Conde se caracteriza por el verso libre, la sintaxis clara y un léxico deliberadamente sobrio (y minuciosamente efectivo). La escritura evita el exceso de ornamento y busca la transparencia reflexiva. En sus mejores momentos, esta depuración produce imágenes de gran poder evocador (la niebla como memoria, el árbol como depósito del tiempo, las cosas domésticas como configuradoras de la identidad) y proporciona al proyecto una voz estable, reconocible y fiel a la obra, dotándola de un un clima emocional constante.

En definitiva, Va amaneciendo es un libro honesto, coherente y cuidadosamente construido, que ofrece una experiencia de lectura de serena profundidad reflexiva. Sus mejores textos alcanzan una notable intensidad simbólica que crea un espacio singular donde la palabra, reducida a lo esencial, permite pensar el tiempo, la memoria y la fragilidad humanas.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

‘La ruta de la seda’ de VV.AA.
‘La ruta de la seda’ de VV.AA.

La ruta de la seda Una historia milenaria entre Oriente y Occidente Franco Cardini y Alessandro Vanoli Ed. Almuzara, 2022…

Identidad política y autocensura
Identidad política y autocensura

Han ido surgiendo voces, desde hace ya unos cuantos meses y cada vez con más nitidez sobre todo en el…

¿Mala educación?
¿Mala educación?

La palabra educar proviene del verbo latino educere que significa sacar desde dentro hacia fuera. La hipótesis pedagógica era que…

71