febrero de 2026

‘Biología de los Wingdings’, de Juan Andrés García Román

Biología de los Wingdings
Juan Andrés García Román
Editorial Sloper, 2025
284 pp.

ABRIR LA MIRILLA DE LA CONCIENCIA AL ESPEJO ROTO DE LA REALIDAD.

Viene a ser una especie de diario o dietario que inicia Juan Andrés García Román como ejercicio de escritura en una residencia de escritores al que acude gracias a una beca. “Las veladas de un moderno Bonaventura”, nos dice, haciendo referencia al personaje de una novela del Romanticismo alemán publicada de forma anónima en 1805: Las vigilias de Bonaventura, que trata de un vigilante nocturno que observa la locura del mundo desde la oscuridad.

Su carácter fragmentario lo asemeja a una miscelánea en la que encontramos recuerdos de la infancia y de la familia —con mucha ternura y cariño habla de sus seres queridos—, vivencias del presente, reflexiones sobre lo cotidiano, la actualidad, el mundo y la existencia —entre ellas greguerías, aforismos, microrrelatos—-, explicaciones científicas.

Logra describir con una prosa hermosa la vida diaria, incluso lo más nimio o desapercibido. Saca a relucir lo maravilloso de lo ordinario —o fantástico, como caracterizan su escritura— con un derroche de imaginación e ingenio: “Los peces como ojos pintados en el mar, pintados al modo de las mujeres en los 70 (…) La presencia de un gato sólo rasguña la soledad; la de una cucaracha la dimensiona (…) Una estrella brilla con las luces pulsantes de un coche de policía (…) estoy en la Tierra como si acaba de saltar desde un tejado. Y camino como en un puente colgante”.

El lector no deja de asombrarse con su mirada e ideas, una mirada que crea imágenes y asociaciones novedosas por doquier: “Son las 19:30, comienza la petanca de la luna con las estrellas”. Comprobamos un estilo literario que a veces se nos antoja prosa poética, en un tono conversacional y cercano, donde se mezclan el conocimiento y erudición con el discurrir corriente y moliente. Un intento, tal vez, de observar la conciencia: “Voy por la calle y, como siempre, contemplando, grabándolo todo en mi mente, en La Mente (…) Realidad crea conciencia y conciencia crea realidad”. ¿Existe lo exterior o todo es subjetividad? Un afán que compartió Virginia Woolf —crítica con el realismo y el positivismo victoriano—, para quien el cerebro percibía una realidad caleidoscópica y mutable, de la que se extraía algunas visiones.

El autor nos muestra un espejo no exento de misterios ni de fenómenos que escapan de los límites de la razón y de los cánones de la normalidad, e ironiza sobre la posibilidad de estar escribiendo una novela gótica. Un reflejo del ser contemporáneo y de la colectividad, con los problemas, las costumbres y hábitos de nuestro tiempo; y, a semejanza de nuestro protagonista del Romanticismo, realiza una crítica al país y a la actualidad —-muy presente la denuncia climática—y cuestiona las convenciones: “Lo que Saussure no dijo es que los significados migran, son emigrantes. La justicia nada tiene que ver con la ley, ni la democracia es tampoco el gobierno del pueblo. ¿El amor romántico? Nada más que egoísmo”.

La voz narradora, a pesar de su pesimismo, del dolor y de las difíciles circunstancias que atraviesa, muestra una gran ironía; normalmente se parodia a sí mismo, dando lugar a un libro muy divertido, donde la imaginación y los cuestionamientos toman el poder. Pese a todo, y aunque manifiesta: “La vida se va a acabar y no se habrán cumplido ni las grandes esperanzas ni las chicas”, en contradicción con Dickens, sí respira esperanza: “Sí hay una salida: el milagro”.

Un libro reflexivo, curioso, erudito y culto, pues abundan las referencias musicales, literarias, históricas, científicas, todo ello sin resultar en absoluto pedante en su mezcla de lo erudito y lo popular: lo mismo alude al poema babilónico de la Creación o a Bajtín como menciona la serie The office, Los Simpsons o los juegos de la consola.

No faltan las reflexiones metaliterarias: “El fracaso de la literatura es de tal calibre que desconfiamos de lo bello real”; “Lo que a priori no puede ser poesía, ése es nuestro poema. La belleza concebible a partir de él, transitada desde él”. Inserta igualmente las propias disquisiciones sobre la escritura del libro, su intención de escritura disolvente. Existe una intención de verdad en el fondo, de búsqueda de lo verdadero en el ser humano, en sí mismo y en el mundo.

La obra se estructura en dos partes: El diario y Alaska. Cada una se divide en diferentes capítulos, con largos títulos que recogen un resumen de los temas que contienen, sirva como ejemplo: “Telequinesis 2. Apollinaris. “¿Estás bien?”. Tutankamón. Sangre, sudor y lágrimas. Cátaros. “Alrighty”. “Bueno, ya estamos buenos”. Caso Manises. Cebolla y queso. Manos muertas. 7 días. Tiene su gracia.

Biología de los wingdings, título que hace referencia a un tipo de fuentes tipográficas de Microsoft que reemplazan letras y números por una variedad de símbolos, viene a afirmar nuestra condición de signos, símbolos: “Son los Homo Antecessor de los emojis y de toda la emotividad contemporánea”.

Cada época tiene que buscar su lenguaje y, en nuestro presente, parece que nos salimos del lenguaje para usar otra simbolización. No hay más que ver los mensajes de WhatsApp. “Ahora que no soy nadie, el mirlo canta para mí solo”. ¿Quién no ha deseado deconstruirse para volver a renacer?

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Carlos López Riaño, in memoriam
Carlos López Riaño, in memoriam

La noticia del fallecimiento de Carlos López Riaño* fue para mí, un auténtico mazazo. Escribo estas líneas con amistad, con…

La Cataluña congelada
La Cataluña congelada

Una de las cosas que más sorprenden de Madrid, al menos en mi caso, es la frecuencia con la que…

El insulto voraz
El insulto voraz

En esta España de nuestros quebrantos hacemos muchas cosas bien, qué duda cabe, pero cuando nos ponemos a hacerlas mal…

72