Coloquio de invierno
Luis Landero
Tusquets Editores S.A., 2026
Número de páginas: 312
COLOQUIO DE INVIERNO, EL ARTE DE CONTAR HISTORIAS
El arte de contar historias es universal y con estos mimbres, Luis Landero, crea la novela, donde un grupo de personajes, aislados en la montaña, debido a la Filomena, cuenta relatos, como en el Decamerón. Luis Landero es un buen narrador e hila fino, a la hora de contar, porque frente a finales cerrados, los deja abiertos, en el afán de crear tensión y que sigamos la narración.
Siete personas: un empleado de ferrocarril jubilado, un profesor, un médico, un periodista, un comandante de Caballería y dos amigas, una librera y otra profesora de Filosofía. La idea de la narración como característica del ser humano prevalece en toda la novela, somos personas que necesitamos transmitir emociones, relatar vivencias, para saber que nuestras vidas tienen sentido.
En Landero reside un paisaje: la contradicción del ser humano, su eje vertebrador de experiencias y el destino, que a veces nos coloca, sin quererlo, en situaciones imprevisibles. El amor, los celos, la libertad, la felicidad, sobrevuelan en la novela. La idea de la suspensión de la narración para que los personajes descansen es muy acertada, porque aviva el interés del lector por conocer los finales, los desenlaces.
Como botón de muestra, uno de los personajes que siempre había sido tímido y retraído, empieza a acaparar manías, lo que conforma un relato casi onírico. Indudablemente, Landero se nutre de la fabulación hispanoamericana, como hizo Gabriel García Márquez con Cien años de soledad:
“Empecé a llenarme de manías y a tener visiones medio monstruosas. Miraba las matrículas de los coches. Que los números hicieran de árbitros imparciales. Muchas acababan en setenta y pocos. ¿Quería eso decir que moriría en breve?”.
Para no desvelar más argumento es ese el caldo de cultivo del libro, la sorpresa, el acontecimiento sorpresivo, lo que no esperamos que pase y ocurre. Luis Landero se nutre del mundo cervantino, para crear personajes que relatan universos, donde lo común y lo extraordinario se combinan.
Sin duda alguna, estamos ante una novela coral, donde Landero es la voz en off, oye a todos y se transforma en los seres que va dando a luz. Una novela brillante, no a la altura de las mejores del autor, pero con solidez y de lectura claramente atrayente. En todos nosotros, están esos personajes, somos los espejos del callejón del gato, como diría Valle-Inclán, en este coloquio de invierno, donde todos nos sentamos a escuchar la historia de lo que somos, frágiles y efímeros en la existencia universal.












