septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Adiós a las cartas, homenaje póstumo’ de José María Prieto

cartasprietoAdiós a las cartas, homenaje póstumo
José María Prieto
Colección Poesía Tatoo
Ediciones Vitruvio, 2018

 

 

En estos tiempos en los que la tecnología digital se impone en casi todos los órdenes de la vida, José María Prieto ha escrito un poemario evocador y nostálgico a un tiempo: Adiós a las cartas, homenaje póstumo, publicado en la flamante colección Poesía Tatoo de Ediciones Vitruvio.

El nuevo libro de Prieto es, en efecto, un homenaje a esas cartas ‘analógicas’ a las que hoy según parece podemos dar por fenecidas. O quizá no. Como explica con acierto el profesor de Filosofía Celso Redero San Román en el prólogo del poemario, los versos de Prieto surgen a partir de la desaparición casi total de lo que llamábamos ‘correspondencia’, del fin de las misivas manuscritas y enviadas por correo postal o, en tiempos pretéritos, por mensajero. Cartas que en la actualidad solo nos hacen llegar ya los bancos, las empresas de suministros, las firmas comerciales y las Administraciones públicas. Y para lo que contienen a veces, mejor que no alcanzaran su destino.

Así las cosas, el género epistolar, tal y como lo hemos conocido hasta hace tan solo unas décadas, ha ido apagándose o reconvirtiéndose con el uso generalizado del correo electrónico. Algo que nadie hubiera podido imaginar a finales del siglo pasado. Un correo tan raudo y veloz que ni Hermes, el mensajero de los dioses, podría superar. Aunque a veces tanta inmediatez juega malas pasadas.

Muchos son los asuntos relevantes que pueden descubrirse en las cartas escritas por varones o mujeres que han sido poetas, artistas, pensadores, científicos, personajes públicos, etc. Muchas las cuestiones relativas a su personalidad y vivencias que tratan esas ‘cartas literarias’, sin las cuales sus vidas estarían incompletas para nosotros y que, como advierte Celso Redero, puede que queramos volver a leer tras sumergirnos en los poemas de José María Prieto.

En este poemario, Prieto recupera para sus versos esas cartas que ya van teniendo cierta pátina. Esas cartas o postales que se echaban al buzón y aún puede hacerse (no sabemos hasta cuándo) si se desea, porque todavía sigue habiendo buzones de Correos en nuestras calles:

Tres o cuatro calles me separan
del buzón más próximo,
aquel que se pasa las horas
haciendo la esquina.

El poeta nos habla, así, de las cartas que llevan sellos y matasellos, y de ese buzón con imagen de león que en Madrid se encontraba (no sé si sigue existiendo, la verdad) en el Palacio de Comunicaciones, donde está la estafeta de correos en Cibeles, título del poema donde el poeta escribe:

un cabezota hambriento ese animal en Cibeles,
era temible la jeta del león    la jeta del buzón,
voraces sus fauces eran roqueas.

Rememora el autor en su poema privilegio exclusivo aquellas cartas que los señores enviaban ‘porque tenían jinetes corre, ve y diles’, las que se remitían los monjes, las que ‘se cursaban los profesores / para ponerse al día de sus hallazgos‘ o las cartas que ‘Los monarcas delegaban […] / en manos de embajadores con credenciales‘ (aún en la actualidad algunos sigue cursándolas).

Leyendo los poemas de José María Prieto regresan a nuestra memoria cartas de amor, cartas que jamás se enviaron, las que nunca llegaron a su destino y se devolvieron al remitente, o esas otras cartas con enjundia que el editor las quiere comprar ahora (título de otro poema).

Por otro lado, como no podría ser de otra manera, las palabras tienen peso específico en los 35 poemas que contiene este libro. Nos lo dice el poeta en su poema pesan las palabras presas:

Presas en la celulosa
inclinan la balanza de precisión
las palabras

Entre las páginas del poemario hallaremos cartas a la brasa en silencio, poema en el que el autor apunta:

Todas sus palabras, creativas,
todas sus parrafadas, auténticas,
parecida a la Mona Lisa,
acierta a dar la cara y quedarse
con las miradas, vigilarlas.

También leeremos poemas como correspondencia comercial que, está sí, sigue (re)llenando sin pudor los buzones particulares:

Nada sabe el ordenador
de las cartas que escribe,
son de copia y pega,
ni siquiera las dicta.

Incluso el arte de robar por carta tiene en este libro su sitio y su poema, donde al arte de escribir atractivas y embaucadoras misivas se une el arte de timar a distancia: ‘si muerdes el anzuelo que oculto está‘.

De esta forma, si quieren ustedes despedirse de las cartas en papel o, por el contrario, recuperarlas como medio de comunicación o para componer literatura epistolar (algo que, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez hizo con determinación a lo largo de su vida), pueden leer los emotivos poemas de Adiós a las cartas, homenaje póstumo, donde las cartas de entonces y hoy son protagonistas. Harán un cumplido viaje por la poesía y por el tiempo.