octubre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Ablación

stop ablacionPara que no sean promiscuas; para proteger -dicen- la virginidad; para que el deseo no llegue y sólo quede de por vida el dolor instalado en un rincón del cerebro de donde jamás se marchará; para que valgan más en el mercado -como si fueran caballos o dromedarios, melones o tejidos, bonos al portador o quincallas, vehículos o electrodomésticos varios- y los padres cobren una mayor dote; para imponer una tradición, una ley escrita o no; para que sean sumisas…

Por eso lo hacen, por eso les arrancan el clítoris, les amputan los labios menores y parte de los mayores, por eso les cosen lo que queda con alambre, o con hilo de pescar. Eso sí, dejando un pequeño orificio para que menstrúen; cuanto más pequeño, mejor: más valen. Porque así, en la noche de bodas, el macho podrá romperlo, hacerles daño; ver la roja sangre en la sábana como un estigma que luego enseñan a los acompañantes de la boda como señal del justiprecio de lo que se entrega; para que todos sepan incluido el flamante marido que ha comprado bien y que el honor de la familia está a salvo.

Más de ciento treinta millones de niñas sufren esta amputación en el mundo. En Somalia, en Sudán, en Eritrea, en Yibuti, en Senegal, en Etiopía, en Egipto, en Guinea, en Mali, en Sierra Leona, en Mauritania, en Burkina Faso… (los datos corresponden a un estudio de UNICEF de 2016) y todo para negocio de los padres de los novios y orgullo y regocijo de sus maridos.

no ablacionHubo un presidente de este país (Rodríguez Zapatero) que fue tildado muchas veces de ingenuo, que solicitó en las Naciones Unidas un acercamiento entre civilizaciones y todo el mundo se lo tomó a guasa, incluyendo la oposición de entonces, la que conforma el gobierno que rige nuestro destino como pueblo a día de hoy. Como si la tal cosa fuera una desmesura o un despropósito. Pero el tiempo pone a cada cual en su sitio. Las mujeres en estos países son tratadas como esclavas en pleno siglo XXI a los ojos de todos, con la connivencia y la aquiescencia de todos por tanto.

Una desgracia nacer mujer en estos lares y en algunos otros. Porque cuando estas personas se desplazan se llevan también sus creencias, sus costumbres y su idiosincrasia, como no puede ser de otra manera.

He demostrado mil veces en mis escritos el respeto que ha de tenerse al otro, al que es diferente. Pero una cosa es defender la igualdad de derechos del ser humano y otra muy distinta aceptar prácticas de esta catadura por muy arraigadas que estén en la conciencia colectiva de algunos pueblos. Y digo pueblos y no religiones, que quede claro, para que no haya confusión por parte de lector alguno. No todos los teólogos islamistas consideran la ablación o la circuncisión femenina -como se desee- una práctica necesaria, e incluso manifiestan que está en contra del islám y hay estudios muy sesudos sobre el tema que pueden consultarse.

Lablaciono más fácil en este asunto sería manifestar lo siguiente: ¿Y si les cortásemos con un serrucho oxidado los testículos a 130 millones de estos imbéciles e hiciéramos con ellos un gran monumento al sadismo y a la barbarie, a la bestialidad y a la sinrazón del ser humano? Pero, como siempre, esto no llevaría a solución alguna excepto a enraizar aún más las diferencias entre culturas y el enfrentamiento entre pueblos. No. No debe de ir por ahí la solución a tal dilema como ocurre con tantos otros. Esto es un problema educacional, de falta de conocimiento en cuanto a los derechos fundamentales inherentes al ser humano que han de estar por encima de cualquier legislación nacional, ideología, religión o filosofía sea de acá o acullá.

En febrero de 2016 en las Naciones Unidas fue tratado este asunto como una prioridad a resolver y fue considerado como prioritario entre los objetivos a consolidar en el mundo antes del año 2030. Lo que a priori parece un plazo excesivo teniendo en cuenta que en este año largo transcurrido no parece que se haya adelantado mucho en la materia.

En fin, nacer mujer sigue siendo un problema. La igualdad entre géneros, incluso en los países más desarrollados, aporta una alforja a las mujeres, una carga añadida en infinidad de materias que no han de aguantar los hombres. Si nos detenemos en la diferencia de salarios entre hombres y mujeres, por desarrollar el mismo trabajo en muchos sectores productivos, en España incluso, tenemos la respuesta.

Pero esta guerra parece ser que no interesa mucho. Total, sólo son mujeres.

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