septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Diario previo de un asesino confeso’ de Paco Huelva

confesoDiario previo de un asesino confeso
Paco Huelva
Ediciones En Huida, 2018

 

 

 

Paco Huelva presenta su nueva obra moderando su entusiasmo para no caer en el frecuente error de inflarla de virtudes, incluso deja en el aire la duda de si llamarla novela, ensayo o diario. Lo cabal es que saca a la luz lo que el sentimiento quería expresar sin etiquetas: lo que le pide el cuerpo, anteponiendo la honradez de la duda sobre el halago fácil. A veces se escucha decir a quien escribe, pinta o esculpe que hay que hacer lo que ‘se vende’ y, aún peor: ‘lo que a la gente le gusta’. ¿A qué gente se refiere? También se aconseja bajar la cultura a nivel de suelo para que se entienda mejor. Norma tan opuesta a lo que se practica desde los antiguos sabios a los grandes maestros de cualquier tiempo: en vez de bajar la cultura, hay que procurar que quien la quiera suba hasta ella, acceda a su nivel, alcance su altura, se esfuerce en crecer y la consiga.

El autor de ‘Diario previo de un asesino confeso’ respira ese afán y talla una hermosa novela, valiente, encantadora, de las que crean adicción por saber qué pasa en la página siguiente; es una deliciosa novela que se lee de tirón por su interés creciente en fondo y forma; una historia bien contada en primera persona donde el protagonista sueña con ser escritor. Esta es la duda del personaje principal, que parece desgajarse del autor para andar su propio camino en la nebulosa de un desdoble de personalidad: ha leído a escritores admirados y quiere ser como ellos, vivir como ellos, imaginar como ellos. Es su sueño, y su duda está en si lo conseguirá tras tener las experiencias de ellos.

El protagonista, con su duda a cuestas, es fuerte como para llevar al autor que lo ha creado, Paco Huelva, a debatirse él mismo en su propia duda de si ha escrito una novela o no, por lo que tenemos dos historias paralelas, dos obsesiones entrelazadas y dos dudas a la par: la del escritor y la del protagonista, que se interna desde el inicio por vericuetos descarnados, recios, duros, peligrosos, cercanos al abismo por el que persigue su sueño, que es escribir. En su camino recuerda a los clásicos pícaros que recorren la vida gozándola, sufriéndola, contándola, pintándola con palabras. Su filosofía es: ‘ya que vivo, voy a vivir’, lema que aparece en viejas historias: ‘ya que vivimos, vivamos’, o canta la voz popular: ‘vamos viviendo, que tiempo habrá de sobra para ir muriendo’.

En ‘Diario previo de un asesino confeso’, ese trotamundos que quiere ser escritor, rompe con los lazos que le atan a una circunstancia y ve un día en el umbral de su casa una mochila con sus cosas: un símbolo que apoya su idea, un impulso que significa un billete sin retorno al encuentro de ese otro yo que habita al escritor y que sale de él a perseguir un sueño. A partir de ahí, deambula por los caminos oblicuos del alcohol o la droga, por camas deshechas, camastros, catres y jergones en cuartos oscuros, malolientes, sin color, en tabernas donde la reyerta aguarda, en zampuzos de mala muerte, en tugurios donde se ha de reinventar para salvar el pellejo.

Curioso es que el personaje inventado por el escritor se reinvente a sí mismo en su deseo de probar en propia carne si las experiencias ajenas le ayudarán a ser el escritor que pretende. Especial arrojo tiene en el pasaje en el que dice ser policía en el sitio donde la policía controla la identidad de cada cliente. Para llegar a su sueño rehace su perfil interior a través de situaciones aparentemente ficticias, o aparentemente reales, de las que tiene que huir cuando le descubren el doble juego o, si se queda, es apaleado, despreciado y amenazado. No por eso cesa en su intento y, a renglón seguido, se engancha en otro tramo del camino en su constante búsqueda. La vida se le vuelve un túnel por el que anda, corre o se tambalea, alimentando su obsesión con las lecturas que le proporcionan las barojianas calles de puestos de libros, a los que exprime para sacar sustancia y ahondar en una galería de paisajes, aventuras y reveses, que lo hacen dar con su cuerpo en los salientes de la vida mientras cae, pero que, a la vez, le aportan la experiencia que necesita cocinar dentro de sí para sentirse cocinado dentro de ella y no perder de vista el sueño maravilloso de ser escritor.

El autor, como el protagonista, tienen algo que contar. En la mitología griega vemos el caso del combate perdido en el que sólo queda un superviviente en el bando opuesto, al que se le da una moneda y la libertad para que salga al camino y regrese a su origen a contar lo que ha pasado. En esta novela, el que sale al camino es el personaje creado, y el autor es quien le da la moneda y lo deja ir para que se exprese, memorando una mezcla de hechos reales o imaginarios, secreto que queda para el autor. Tenemos, pues, al escritor y al protagonista con sus dudas y a ambos hay que decirles algo. Al autor, insistirle en que lo que ha hecho es una novela con gran soltura literaria arropada por un rico manejo del lenguaje, dando un paso importante de madurez personal en el oficio de escribir. Paco Huelva ha inventado, o no, un personaje, o se ha reinventado a sí mismo, y lo ha lanzado a experimentar lo que desea. Pero, a su vez, parece que la historia la ha dictado el personaje y la ha pasado al papel el escritor, dejando en el lector la duda de si quien escribe es el protagonista, que dicta al escritor, o es el escritor el que crea al personaje y lo reviste de lo que pretende ser.

El lector percibe dos voces distintas que parecen la misma, o que lo son y, como esta esencia no suele ser apreciada por el autor, que mientras escribe sueña a través del personaje, a él le queda la prevención de la duda: ¿qué estoy haciendo? se pregunta. El autor ve entonces que todo lo escrito es un previo para asesinar a quien ha vivido en su nombre lo que trae su novela y dice, como si pretendiera barrer las huellas: ‘voy a matar a todos los personajes de estas páginas, incluso al narrador; y cuando coloque el punto final después de esta frase, me daré un tiro en la sien’. La novela de Paco Huelva contiene sueños, dudas, amor y el impulso fatal de la destrucción. Pero vale advertir que el sueño sigue ahí, y seguirá siempre porque pertenece al mundo de lo imaginario, que ocupa nuestra mente casi al completo. La gota dulce de ‘Diario previo de un asesino confeso’ es que no se asesina a nadie ni muere ningún sueño, y esto sucede por una razón clara: porque los sueños son lo único inmortal que existe.