julio de 2024 - VIII Año

‘Los pasos perdidos del tiempo’, de José Cercas Domínguez

Los pasos perdidos del tiempo
José Cercas Domínguez
Sial Pigmalión, 2023
56 páginas

Los pasos perdidos de Pepe Cercas

“La verdadera patria del hombre es la infancia”
Rilke

¡Cuánta sinceridad! La vida misma hecha poesía con un lenguaje que nos habla a través de las voces de la naturaleza. Los poemas de Pepe Cercas nos tocan, cual rocío en el rostro y trascienden. Pocas veces un poeta ha sido capaz de lograr, hacer de lo cotidiano, algo inmortal. Nos narra cómo nació, cómo era el mundo durante su infancia. Y en todas las emociones y sentimientos que evoca prevalece la voz del poeta, un hombre que ama la vida y la tierra bendita en la que nació. “Qué manía tienen algunas personas de creer que los poetas, poco menos, somos una mezcla de María Teresa de Calcuta y el Ángel exterminador. Yo soy un hombre normal que camina por la tierra al lado de otros, busco los mismos objetivos, tengo los mismos sentimientos que cualquier otra persona que camine a mi lado” (p. 39).

Sin embargo, quienes leemos, sabemos que estamos leyendo el trabajo de un ser excepcional. Un poeta. Raza en extinción, en días en los que la poesía se ha banalizado y comercializado tanto, al punto que cualquiera que publica un libro, con su propio dinero, se puede autodenominar “poeta”.

Hay quienes versan en prosa profana y le llaman a cualquier rima descriptiva: poesía. Sin embargo, la poesía pura se expresa en clave cifrada, es decir, a través de metáforas, como las de Cercas. No porque el poeta se lo proponga sino porque es un dictado de los espíritus que nos rodean. Una imagen que proviene del más allá y en cuyo viaje, el vate es tan solo la antena más sensible. Los espíritus elijen su canal y no al revés. A veces, transmiten tan solo una palabra, otras, un verso completo. Ser canal es el destino del que nace poeta.

“Escribo y escribo como si en ello me fuera la vida, tal vez, sí; tal vez me vaya la vida en ello; escribir me une a la calle, a la palabra, a todo lo que significa estar vivo y estar encerrado, entre estas paredes, es un acto de defensa, el escudo que el tiempo me impone para volverte a ver” (p. 38). Luego, en “La vida que yo distingo”, el poeta nos recuerda el misterio de la vida y del tiempo:

La vida canta, llora y muere a diario. Ella sabe morir, cada día, Ella sabe morir, cada día, en tus brazos de espuma, como si cada cosa que te cuento tuviera su minuto expuesto en la gloria, como si cada cosa no residiera escrita en tu epitafio (p. 12)

Recorremos las páginas del poemario como quien visita física y espiritualmente la calle, el pueblo y la vida de José Cercas, en todas sus edades y estaciones: otoño, invierno, verano y primavera. Así también, infancia y adultez. Un paseo por las calles de su Santa Ana natal que tiene sabor a primavera y a mujer, donde el poema “Naufragio” nos confronta a la eterna asociación entre mujer y océano… “señora del océano, amiga del oxígeno que galopa las olas, mujer que atesora la melada voz de los torrentes, los ojos lunares donde muere la eterna ideología de la noche, las luces y las sombras del aire” (p. 21).

Lo inigualable de esta entrega es cómo el poeta ha logrado, con arte magistral que las fuerzas elementales: el aire, el agua, el fuego y la tierra se vistan de palabra, dándole una voz rotunda a temas que nunca pasan de moda como el amor, la separación, la paz, la guerra, la muerte y el paso del tiempo. Constituirá pues, un clásico de la poesía contemporánea en castellano.

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