junio de 2024 - VIII Año

‘Cabos sueltos’, de Rafael Camarasa

Cabos sueltos
Rafael Camarasa
Ediciones Contrabando (Valencia, 2023)
58 páginas

De la poesía de lo cotidiano se ha escrito largo y tendido. De ella la poesía que más ha calado ha sido aquello que nos evoca, sugiere y ofrece un giro sorpresivo. De estos mimbres es el libro Cabos sueltos, de Rafael Camarasa.

Camarasa es de la quinta de Marzal, Gallego, Méndez Rubio y Enrique Falcón, entre otros. Poetas valencianos dominados por una estética urbana, cultivando una poesía de factura tradicional, cadenciosa y cierto gusto por la melancolía. Sin embargo el poeta valenciano destaca publicando en cuatro entregas poéticas con cierta distancia entre ellas: Cromos (2007), El sitio justo (2008), Sin noticias de Liliput (2019) y El que mira (2022).

Cabos sueltos, publicado por Ediciones Contrabando en la colección Marte, es una segunda edición del libro ya publicado en 2018. Supone con respecto a aquella primera impresión una revisión, al que se le ha añadido algún que otro poema nuevo. En ese escrutinio, indica el prologuista, el escritor madrileño Francisco Fernández Meneses, que “ha añadido alguno nuevo, ha hecho ligeros retoques en bastantes, muchos de ellos los ha desencabalgado, y ha descartado los menos […] forma un conjunto […] en el que prima la expresión de la cotidianeidad y de los sentimientos y cosas comunes pasados por el filtro de un lirismo muy personal”.

En una entrevista al autor este reconocía que “El caso es que vivo en una insatisfacción constante entre el pasado y el ahora, y quizá por eso escriba”. De hecho, el paso inexorable del tiempo es el fino conductor argumental de Cabos sueltos, y uno de los principales ejes que vertebra del presente a la infancia.

Aunque el conjunto se plantea sin tramos ni secciones, sino como un todo unitario, a tenor del uso de la persona verbal, podríamos interpretar una primera parte que ocuparía los seis poemas primeros y el resto la segunda parte, y dentro de ella, las dos últimas composiciones podrían ocupar un apartado o tercera sección.

Es Camarasa un cronista atinado de lo cotidiano. Sus poemas recogen instantes del día a día, así comienza “El viaje”: “Me siento a la mesa y miro la sonrisa de mi amigo”; para cerrar el poema con un giro sorpresivo: “sin sospechar que si cayeran abatidas en el viaje, / morirían con la paz que cualquiera / desearía para su muerte”. Y de este modo “Cerezas”, demostrando la dicha de lo doméstico: “En la pizarrra de la cocina escribiste un recordatorio: / “Hay que comprar cerezas” / Y yo me sentí feliz”.

Las composiciones de Cabos sueltos tienen un aliento discursivo propio de la narración, lo vemos también en el poema “Insectos”: “Llego a casa a media tarde y cierro con llave por dentro” para más tarde cerrar “Objetos circunstanciales que abandono para regresar a las páginas de mi libro, / con el temor creciente de un monje / que, en la profunda quietud de su celda, / ha visto agitarse la llama de la única vela que lo alumbra”. Encierra la creación poética un deseo de contar una “historia”, tal y como lo practica en sus libros de relatos, Lo normal o El día que fui Bill Murray (también en Ediciones Contrabando). Dicho esto, no quiere decirse que Camarasa no atienda a la tensión del lenguaje poético, antes al contrario; facilita la comunicación con el lector, y bajo lo que parece sencillo se esconde varias capas de entrega por el oficio poético.

En sus largos versos no pierde la cadencia del eneasílabo, verso destacado, y el uso de la paradoja y la imagen poética son notorios en estas composiciones. Lo comprobamos en “Ramas”: “En el suelo agrietado del patio, el árbol solo proyecta una sombra. / Y siento nostalgia porque me marcho. / Y alegría porque regreso”.

La contemplación de un hecho diario, como ver la imagen de un avión al pasear, se transforma “En el rompeolas”, gracias a una mirada irónica y al traslado temporal: “Es cierto que hoy, en algún lado, alguien aborrece este cielo. // Tal y como les sucede a los niños con el espejismo de la magia, / el paseante se conmueve con el truco / del avión sobre su dedo”.

El motivo del tiempo se hila al de las palabras. En ocasiones, extraídos los versos se acercan a los aforismos, así en “Septiembre”: “El tiempo exacto que distingue / a los hombres de los dioses”. Son finales rotundos con esa vuelta de tuerca que caracteriza a los buenos contadores de relatos, como lo es también Rafael Camarasa. Asimismo en la retrospectiva del pasado deja un rastro de asunción de lo vivido, no exento de melancolía, como se lee en “La flecha”: “Sea como sea, sucumbas o no a su nostalgia, / es la hora de aceptar lo que era un secreto a voces. // El lento minuto pasó tan deprisa / como el mejor de tus instantes”.

Para terminar, nos quedamos con unos versos espigados del poema que da título al conjunto, “Cabos sueltos”, acaso sea uno de las composiciones más líricas, la que más emoción poética despierte. Contiene, por añadidura, una de las claves de la singularidad de Camarasa, anunciando un elemento por todos vividos casi a diario con el que ofrecer una salida, una incertidumbre, un giro sorpresivo: “yo rezo para que mañana haya curvas en el camino”, y más adelante advierta: “Acaso la línea recta que habré olvidado en el giro”.

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