julio de 2024 - VIII Año

‘Las guardas (Cuadernos del Sur)’, de Javier Sánchez Menéndez

Las guardas (Cuadernos del Sur)
Javier Sánchez Menéndez
Ediciones de la Isla de Siltolá
Colección Levante
Sevilla, 2024

MIRADAS CON LUZ

La cronología digital fundamenta su continua presencia sobre la concisión extrema, lo inmediato y las prisas. Todo se convierte en titular fugaz que recorta el vuelo en un momento y después se pierde en los contornos indefinidos de la lejanía. Por ello cada día se hace más necesaria la opinión matizada, el núcleo argumental asentado en razones. Y a ese género, que aglutina sinceridad y cercanía, pertenece la columna de prensa. Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) protagoniza una polifonía creadora que alterna poesía, ensayo, autobiografía, aforismos, crítica literaria y artículos de prensa; una forma plural de concebir el hecho literario.

El escritor reúne en Las guardas (Cuadernos del Sur) los textos incluidos en el suplemento Cuadernos del Sur del diario Córdoba entre 2013 y 2024. Más de una década de colaboraciones que, naturalmente, se define por la diversidad de temas abordados. Las columnas fluctúan entre lo cotidiano, la incansable vocación lectora, la actualidad cultural y las propias tareas del taller. Se trata, sin más, de saber que la mirada del yo pensante es búsqueda, percepción y pensamiento. Quien escribe se instala en una realidad de estratos heterogéneos que, con frecuencia, parecen elementos ficcionales porque trascienden la experiencia concreta y obligan al sentir creador a un permanente estado de vigilia para dibujar los itinerarios y geografías que salen al paso.

Las columnas son autónomas por naturaleza. Presentan contenidos cerrados que muestran en sus argumentos el fluir pensativo del escritor. Sin ambigüedades, con postura clarificadora y meridiana, Javier Sánchez Menéndez da vuelo a un tema y lo viste de argumentos para que sea un escaparate de comprensión y complicidad. Esa es la propuesta de Las guardas, que toma su nombre, como clarifica la mínima nota de la RAE de las dos hojas de papel en blanco que ponen los encuadernadores al principio y final de cada libro. Es el balance de una lectura global, que diversifica intereses y trata el material expresivo como un deambular libre, una interrogación compartida que habla desde lejos. Ahí están nombres propios de la poesía, inmersos en su singularidad y en los devaneos de un estar precario que convierte la obra poética en una actividad semiclandestina, sobreviviendo a espaldas del mercado: Julio Mariscal, Ángel González, Nicanor Parra, María Zambrano, Juan Eduardo Cirlot… Creadores que aglutinan ética y estética, y consiguieron en su obra, como escribe el columnista, un indudable centro de armonía, hecho proporción, equilibrio y consolación. Al cabo, la lectura es alimento continuo para la conciencia: humaniza y nos deja un poco de plenitud y conocimiento.

Los textos de Las guardas también vuelven los ojos al mapa con fisuras del entorno. El discurrir de la actualidad proporciona asimetrías que mantienen intacta la incertidumbre. Allí se cobija la vida social y las desavenencias entre política y servicio público; también los intereses que impulsan la vida literaria y las decepciones de un estado de cosas que invita al pesimismo y a una feroz mirada crítica. Se medita sobre ángulos en los que la opinión abre debates para una cristalización de certezas. El tiempo histórico que nos toca vivir es un laberinto de complejidad y disonancias y se requiere ubicarse en la media distancia para mantener fuerte la postura propia y controlar el sustrato emocional y la retórica digresiva.  Cada columna es una ventana que demuestra de continuo, como advirtiera el poeta venezolano Rafael Cadenas, que “un hombre concreto es asombrosamente parecido a otro hombre concreto” y es inevitable la interacción. La condición múltiple de Javier Sánchez Menéndez, como poeta, editor, ciudadano y lector, concede a los artículos seleccionados una dicción comunicativa, marcada por la naturalidad expresiva y la lógica humanista. El escritor sabe que cualquier opinión mantiene un vuelo provisional, un destello de certeza que, al paso de los días, va declinando. Pero las conclusiones obligan a caminar hacia dentro, zarandean la ética y el afán de dibujar esperanzas frente a la grisura nihilista. Muestran los rasgos de un yo pensante, que acomete voluntad e impulso en su búsqueda de la verdad. Alguien mantiene una visión personal y fundada, con los registros de una sensibilidad comprometida con su espacio y tiempo, a quien no asusta tomar partido entre realidad y pensamiento.

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