mayo de 2024 - VIII Año

‘Veneno’, de Fernando Gómez

VENENO, drama en cuatro actos,
Fernando Gómez
Los libros del Mississippi. Colección Teatro, nº 1
Madrid, 2024
ISBN: 978-84-128242-0-9

LA JUSTICIA POR SU MANO

El pasado 19 de abril asistí a la presentación del libro “Veneno, drama en cuatro actos” de Fernando Gómez, publicado por “Los libros del Mississippi” en su nueva colección de Teatro, y que incluyó una impactante dramatización de unos fragmentos de la obra a cargo de Nuria Fernández Santos, Pilar Olea, Elena Donoso, Ana Freire, Clara Isabel Martín, Carmen Díaz y Josep María Coral, que forman parte del equipo de actrices y actores de “El doblaje indiscreto”. Estamos ante una obra de memoria histórica del feminismo, basada en un hecho real acontecido en Nagyrev (Hungría) entre 1914 y 1929, período de la primera guerra mundial. Creo que nadie saldrá indemne de la lectura de este texto dramático, tal y como no he salido yo mismo.

Fernando Gómez es un escritor de consolidada trayectoria, que ha publicado ya once novelas, un poemario (“Haikus de Larache”, publicado en esta misma editorial), y que acumula numerosos premios y reconocimientos, siendo este texto su primera incursión en la dramaturgia.

Como la realidad siempre —y queda demostrado una vez más— supera a la ficción, la trama se basa en la historia de cinco mujeres de un pequeño pueblo húngaro que viven —como todas las mujeres entonces, y aun hoy en día en todo el planeta la mayoría de ellas— bajo un feroz yugo silencioso y violento, el de un férreo machismo, que todos y todas asumen como “natural”. La historia de estas mujeres, como la de tantos grupos oprimidos, comienza por carecer de identidad y voz propia, y por no reconocer dicha violencia en todos sus ámbitos domésticos, políticos y religiosos. Hasta que irrumpe en sus vidas Julia, la mayor de ellas, que regresa desde Budapest, donde huyó del pueblo escapando de un problemático pasado, y donde ha podido tener contacto con la libertad y con otra forma de amar diferente a la violentamente impuesta por los hombres más tradicionales del campo. La acción transcurre entre el miedo y el rechazo de todas sus compañeras, en un primer momento, pues resulta sumamente difícil y doloroso reconocer en la propia vida aquellas violencias y mentiras ejercidas por el corpus social, sobre todo cuando te lo señalan personas ajenas a dicha situación, como sucede con el personaje de Julia. Con inmensa paciencia, ésta teje redes de afecto y solidaridad con sus vecinas y compañeras, sabedora de que el proceso de reconocimiento del maltrato y la violencia es un proceso muy complicado.

El drama se desencadena cuando un grupo de militares irrumpe en el pueblo para reclutar forzosamente a todos los hombres jóvenes y llevarlos al frente de la gran guerra, dejando solas a mujeres, niños y ancianos, con el cura y el alcalde, los dos únicos hombres adultos. En un primer momento de fervor patriótico, todas esperan el regreso victorioso de sus maridos, como la propaganda dicta, y la vida sigue transcurriendo apaciblemente para todas, bajo la atenta mirada represiva del cura y los devaneos diversos del alcalde. A los pocos meses, comienzan a llegar algunos prisioneros enemigos del frente que han deportado al pueblo, y que tienen recluidos y apartados, pero que dado el ambiente tranquilo de la población finalmente comienzan a tener permiso para relacionarse con ella. Y ahí es donde estas mujeres conocen otra forma de amar y relacionarse con hombres “enemigos” que las tratan mejor que sus parientes y esposos, simplemente las tratan como personas iguales, con respeto; entre otras cosas porque muchos son jóvenes cultivados, de ciudad, que tienen otras costumbres menos machistas.

Al paso de pocos años la contienda termina, y regresan al pueblo los hombres —los que no han muerto, claro—. Eso desencadena fatalmente el plan con el que Julia convence a sus cinco compañeras para envenenar a sus violentos maridos sin que nadie se dé cuenta, plan al que todas acceden con muchas reticencias iniciales, pero al que se ven abocadas sin remedio, a tomarse la justicia por su mano, porque cuando no te defiende quien se supone que debe defenderte y se vive en la tiranía ¿no es lícito librarte del opresor de cualquier modo?

Y hasta aquí cuento la acción, para no desvelar motivaciones, tramas y subtramas que tiene la obra, así como su sorprendente desenlace. Lo importante reside en el mensaje que Fernando Gómez transmite, la naturaleza moral de los actos de autodefensa a los que tantos seres humanos —en este caso concreto, mujeres— se ven abocados en tantos lugares y países del mundo, y sin ir más lejos, en nuestro propio país en la época de la dictadura franquista. ¿Es lícita la violencia para defenderse cuando el estado o las costumbres sociales ejercen toda esa violencia constantemente contra uno-a? ¿Cómo puede ser considerado inmoral algo tan humano y compasivo como la eutanasia? ¿Quién tiene que detentar el uso de la violencia, las personas o el estado? ¿Y en qué tipo de estado es lícito utilizar la violencia para defenderse? ¿Cómo se puede vivir dignamente sin libertad? ¿Cómo cambiar las viciadas y violentas relaciones entre hombres y mujeres, cuando ni siquiera la mayoría de ellos y ellas las identifican o reconocen? ¿Cuál es el sentido del “amor” en las relaciones entre hombres y mujeres, o más precisamente, cuál es el sentido del matrimonio, la sumisión y las normas legales que sojuzgan a las mujeres frente a los hombres? Inevitablemente uno piensa en los países islámicos actualmente, en India y China, en Rusia (con el dictador Putin al frente, que tiene leyes represivas feroces contra mujeres y personas LGTB, con el apoyo de la iglesia ortodoxa), en muchos países africanos, en Méjico (país de altísima violencia contra las mujeres) y en tantos y tantos otros. Y nosotros aquí, en la Europa occidental, y por extensión en el “primer mundo” que engloba también los EEUU y Australia, olvidamos con frecuencia que vivimos en un auténtico oasis de paz e igualdad social, pese a todos los problemas tan graves que afrontamos y conocemos, y que si vivimos así es gracias entre otras cosas a la democracia (amenazada actualmente por la ultraderecha, como ya sucedió en los años 30 con el ascenso de los nazis, y por los regímenes religiosos como los del fundamentalismo islámico o los evangelistas cristianos entre otros), al movimiento feminista y más concretamente al “Me too” que tanta visibilidad ha dado a la causa de las mujeres y tantas mentalidades y leyes ha conseguido cambiar, una auténtica ola de libertad y conciencia que ha barrido todo el planeta, y al movimiento LGTB que igualmente ha servido para conseguir la igualdad de tantos hombres y mujeres. Uno reflexiona sobre todo ello tras leer “Veneno”, sí, y se da cuenta de que hay otra historia no contada, otra memoria histórica que debe ser nombrada, escrita y divulgada, para que podamos entender que las normas y costumbres siempre deben ser examinadas bajo la atenta mirada de la libertad y el respeto a los derechos humanos, y no bajo los prejuicios religiosos, políticos o falsamente morales de ideologías totalitarias o ultranacionalistas.

“Veneno” viene en un momento político muy oportuno, el actual de nuestra vieja Europa, para recordarnos que estas conquistas debemos preservarlas. Y es meritorio que esta antigua historia de feminismo de principios del siglo XX haya sido rescatada por un hombre, porque en buena medida los hombres somos responsables también de salvaguardar la libertad de todos y todas, ya que estamos en el lado privilegiado por haber nacido con sexo masculino. Además, las cinco protagonistas de esta historia quedan consagradas en el desenlace del drama como auténticas mártires de la libertad.

El texto se complementa con un acertado prólogo del también actor Eloy Arenas, y con una versión dramatizada de radio-teatro que puede ser escaneada mediante código QR y escuchada en audio.

No dejen de leer “Veneno”, se lo recomiendo. No quedarán indemnes, y será para bien.

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