Mares y halagos
Variaciones poéticas
Carmen Verde Arocha
II Premio de Poesía Hispanoamericana Antonio L. Bouza
Colección Visor de Poesía
Madrid, 2026
EL MAR CONTIGO
En su perfil literario, Carmen Verde Arocha (Caracas, Venezuela, 1967) cobija una condición plural como poeta, profesora universitaria, editora y directora de la colección Eclepsidra. Son trazos complementarios de una identidad fuerte y concentrada, que ocupa lugar propio en el espacio poético contemporáneo. La cercana publicación de su antología Que el río responda (Visor, 2025) clarificaba una línea estética que hace de la poesía una continua búsqueda de los estratos más profundos del yo subjetivo y moldeo y renovación del material expresivo mediante la evocación, los aportes de la imaginación y la caligrafía surrealista. La imagen se convierte en pulsión vertical de la palabra para que esta se haga casa del ser y portadora de un significado transcendido. El texto sorprende; abre ventanas para ahondar en sí mismo y expandir la realidad mediante capas significativas, abiertas por la revelación y lo intuitivo.
En Mares y halagos la poeta integra citas de Blanca Varela, Ernesto Pérez Zúñiga y Derek Walcott. En su diversidad. los versos eligen el mar como magma de plenitud sensorial y misterio. Por tanto, las composiciones conforman una geografía interior cuyo vaivén alienta itinerarios cognitivos y sensoriales. El mar se convierte en vocablo simbólico que desborda la lógica; dibuja un horizonte atemporal en mutación continua que se proyecta hacia lo profundo de la conciencia.
Carmen Verde Arocha emplea también el subtítulo Variaciones poéticas como si la semántica del texto se ramificase para borrar límites e integrar aperturas. E poema nace como expectativa que mezcla el fluir meditativo de la introspección y la contemplación sensorial. El recuerdo toma cuerpo, recorta un viejo deseo no cumplido que al cabo del tiempo se ha transformado en deuda pendiente y definición de otra etapa vivencial.
La apertura de Mares y halagos deja la idea de que la cosecha metafórica prevalece sobre el enunciado argumental, especulando con la claridad de sentido. De este modo, las variaciones sintácticas hacen sondeos verbales, amanecidas de otras miradas líricas. La poeta confía en la tradición y en el préstamo de elementos culturalistas interiorizados. El poema “Festín” introduce una referencia cultural sugerente. Se alude al poema “El cordero” de W. Blake, tan proclive a interpretarse en la mirada lírica como definición de fragilidad e inocencia.
La idea del nosotros desdobla el sujeto poético. Permite compartir la meditación y el vitalismo perceptivo de una conciencia desvelada que busca al otro para crear juntos el patrimonio afectivo. Ya no se trata de extraer de cualquier hecho cotidiano su esencia trascendente sino de capturar esos estratos sensitivos que guardan refugio a la belleza: los paisajes de infancia, la plenitud sonora de la música, la quebrada rutina cotidiana o esa poética de la naturaleza impregnando el transcurrir con su diversidad. Así el poema “Buitre rey” que hace de la majestuosa contemplación del ave un canto mítico de celebración: “Ave sagrada que en las alturas / presagias lo divino de la carne / y baldeas el alma de esta muerte / de bronce que somos. / Apiádate de este amor / y de esta fatiga que nos sobra”.
En el prolongado surco de símbolos el mar alienta la oscuridad en vela del deseo. Amanece como un sueño impulsado por el vaivén ambiguo de las horas y se hace terapia frente a la soledad y la melancolía. Aunque el modelo expresivo habitual es el poema breve en verso libre, no faltan textos que podrían integrarse en el conocimiento sapiencial del aforismo, que añaden al discurso un matiz o una sugerencia interpretativa: “Reímos, / por la misma cicatriz / y el mismo hachazo”.

Rilke y Novalis son vértices fuertes en el ideario poético de Carmen Verde Arocha. De ambos toma esa aspiración a convertir el intimismo del verso en secuencias que dan voz a lo contingente, empeñadas en elevar la fugacidad que satura los sentidos. Todo fluye y es perecedero. Se hace necesaria una pactada permanencia para que habite en el pensamiento y adquiera la solidez de la idea hecha recuerdo. Así lo sugieren poemas como “Ojear el río” y “Boca de pez”.
En el yo poético es una presencia fuerte la sensibilidad femenina. El hecho de ser mujer renueva misterios y roles, como si el estar abriera un diálogo de voces con la edad, a resguardo del tiempo y emitiera señales en el aire. Convive en la voz de mujer un yo histórico enajenado y reivindicativo y un estar subjetivo que plasma carencias y logros.
El libro avanza sin un hilo común; la palabra muestra un vaivén temático que contraviene la lógica referencial para enfocar asuntos impregnados de incertidumbre. La conciencia y el sentido dejan sitio al cauce metafórico y un irracionalismo mental ajeno a lo discursivo. En “Poema esclavo” buscan eco los pasos de un ideario empeñado en regresar a su origen significativo. Decir es nombrar lo inefable: “Poesía sin artilugios ni infancia / cercada entre las nubes / ahogada en un barco ebrio-sin Rimbaud / limpia con bronce / mi finitud acuciante.”.












