septiembre 2020 - IV Año

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Antonio Gil y Zarate , pensador laicista, dramaturgo y político en una España desnuda de futuro

Suele ocurrir que si el pueblo es engañado, odie después a los 
que le han inducido a hacer cosas que no estaban bien,…
Aristóteles

zarateEn nuestro país ha sido una constante que todos los intentos de modernización hayan acabado yugulados por un inmovilismo inculto y fundamentalista. Una consecuencia de esto es que las mentes abiertas, los precursores de ideas innovadoras y los luchadores por la libertad y unas condiciones de vida digna, en líneas generales, sean unos perfectos desconocidos.

Sin embargo, ahí está su generosidad y su valentía, para que en la verdadera historia de España se les incluya con la atención que merecen. La ignorancia y el nacional-catolicismo han contribuido, en no poca medida, a sepultar su recuerdo bajo una tupida capa de olvido, sangre y desprecio.

Por desgracia, nuestro país ha carecido de estabilidad y han sido muy frecuentes las depuraciones, la cárcel, la represión, los asesinatos, el exilio y el destierro para quienes se atrevieron a cuestionar el ‘statu quo’.

Por eso, tienen singular importancia la actitud vital y generosa de quienes lucharon por hacer posible algo distinto y, desde luego, mejor. Desgraciadamente para nosotros donde triunfan los prejuicios, la ignorancia hace su nido y la rutina parece invadirlo todo.

Respeto, en lo que vale, el legado de Gil y Zárate. Este breve artículo tiene el propósito de romper una lanza por todo lo que hizo y lo que pretendió y por intentar abrir un resquicio para exponer, sucintamente, quién fue, qué hizo y lo mucho que le debemos.

Fue un hombre cabal y de gran valía, inquieto, polifacético, progresista, excelente ensayista, notable pedagogo, autor de La instrucción pública en España (1855) y, también, un político decidido y tenaz, catedrático, filólogo y excelente dramaturgo, que hay que reivindicar y que recuperar, sobre todo, por sus obras Carlos II, el Hechizado (1837) y Guillermo Tell (1843).

Aunque, someramente, habría que decir que representa como pocos, el ideal de la Ilustración, puede explicar en cierta medida su amplitud de miras, el hecho de que se educara en Francia y que años más tarde regresara a París para estudiar Ciencias Físicas.

zaratecarlosiiEn un ensayo de las breves dimensiones del presente, no hay espacio más que para resaltar los aspectos esenciales de su vida y de su obra. Considero, no obstante posible, interesar a algunos lectores para que busquen más información y para que se adentren en un viaje al ‘territorio’ Gil y Zarate. No lo lamentarán.

Defendió con entusiasmo las ideas laicistas tan vinculadas, por cierto, con el liberalismo político. Obviamente, Francisco Giner de los Ríos y algunos intelectuales de la II República se identifican fácilmente con su defensa de un estado laico, sin embargo, hay precedentes. Hombres como Antonio Gil y Zárate iniciaron la exploración de esta senda en pro del humanismo, de la dignidad y de la libertad de conciencia.

Estudiar y someter a crítica la educación en España es una tarea apasionante. Su obra Historia de la instrucción pública en España incomprensiblemente, es poco citada y poco conocida. Intentó separar la educación pública del control de la iglesia católica. La defensa que lleva a cabo de la libertad de conciencia es, desde luego, encomiable.

Cabe señalar que no tenía ‘pelos en la lengua’. Así afirma con claridad, que el control de la educación es, ante todo, una cuestión de poder y más si el que enseña, adoctrina y manipula las conciencias. Por tanto, es evidente que poner la enseñanza en manos del clero es peligroso para el Estado. Cabe imaginar cómo se recepcionaron estos comentarios en plena alianza del ‘altar y el trono’

Con un lenguaje más actual, podríamos decir que la función de la educación es formar ciudadanos. Luchó denodadamente contra el adoctrinamiento e hizo cuanto estuvo en su mano para combatir la ignorancia, los prejuicios y el dogmatismo.

Afortunadamente, disponemos de una edición facsímil de esta obra, en tres tomos, de 1995, editada por Pentalfa (Oviedo). Se muestra clarividente al señalar que el predominio de la Teología y de la Jurisprudencia, en detrimento de la Filosofía, llevado a cabo por los sectores más obscurantistas, pone de relieve, entre otras cosas, que ‘el campo de la Filosofía’ ha venido siendo, desde muy atrás, el terreno en el que se ha dirimido, en no poca medida, la batalla entre los partidarios de la civilización y del retroceso.

La teoría es necesaria, pero lo es mucho más, acompañarla de la práctica. A este efecto es conveniente señalar que desde 1835 fue Director General de Instrucción Pública, contribuyó a crear la Escuela Normal de Magisterio en Madrid y que tuvo una influencia, nada desdeñable, en la elaboración de la Ley Moyano (Primera Ley de Educación en España, en 1859). Entre sus acciones más meritorias pueden citarse que contribuyó a secularizar la enseñanza y que se mostró partidario de la gratuidad en la Educación Primaria.

zarateblancaorigSus múltiples inquietudes lo llevaron, también, por otros derroteros. Fue un destacado ateneísta que participó activamente en los debates de la Docta Casa (Ateneo de Madrid) y en la vida cultural de la época. Cuando aludamos a su faceta como dramaturgo, no debemos olvidar que fue miembro de la Academia de la Lengua y de la de Bellas Artes y que era asiduo de la Tertulia ‘El Parnasillo romántico’.

En el terreno ideológico era inequívocamente liberal. Por tanto, la reposición en el trono de Fernando VII por los Cien Mil Hijos de San Luis, lo condujo a la marginación y al exilio.

La censura eclesiástica se cebó con las obras de Antonio Gil y Zárate. Puede decirse que cultivó con éxito el drama histórico, citemos a este respecto obras como Guillermo Tell o Don Álvaro de Luna. Ahora bien, el ‘encontronazo’ con los sectores más tradicionalistas, encabezados por la iglesia católica, se produjo con motivo del estreno de Carlos II, el Hechizado, dando lugar a un sonado escándalo a causa de sus ataques a los poderes establecidos, al absolutismo y al clericalismo.

Es conveniente añadir que, en este drama como en las obras de carácter histórico en general, se acostumbra a utilizar el pasado para hablar de los problemas del presente. Los sectores reaccionarios advirtieron su nítida crítica a la España tradicional y obraron en consecuencia.

Lo que despertó más polémica y odio fueron sus diatribas a la figura del taimado clérigo Froilán Díaz, a la sazón confesor del Rey, que siente una pasión irrefrenable por Inés, que resulta ser, nada menos, que hija de Carlos II. Al no poder consumar su insana pasión, la denuncia a la Inquisición, por bruja y por haber hechizado al Rey. ‘Sic transit gloria mundi’.

Sería oportuno que algunas obras históricas, especialmente esta y Guzmán El Bueno, fueran repuestas, por algún teatro público, para dar oportunidad a quienes lo desconocen de entrar en contacto con este original autor dramático.

Tenemos la fortuna de que sus planteamientos sobre el arte de Talía los dejó plasmados en el libro, Teatro antiguo y moderno (1841), cuya lectura a la par que interesante, contiene ideas innovadoras. Se muestra como un ecléctico que incorpora elementos neoclásicos, románticos y de la tradición dramática del Siglo de Oro.

Fue un hombre íntegro y de firmes convicciones… cuando tantas cosas estaban en almoneda. Intentó, con inteligencia, poner un poco de orden en un país condenado a la inercia por un primitivismo moral rancio. Supo caminar en línea recta hacia las metas que se había marcado. Podría decirse que una sosegada visión utópica de la sociedad brota de sus palabras. Quizás por eso, tiene más de reformista que de revolucionario, ante todo, supo permanecer abierto y sensible a la modernidad. La separación, por ejemplo, de religión y Estado es a este respecto paradigmática.

balncazarateMe gustaría recordar otras muchas iniciativas que lo convirtieron, en toda la extensión del término, en un hombre alerta. En el conjunto de su obra juega un papel destacado el periodismo inteligente que realizó durante años. Me gusta recordar que coincidía con Larra en muchas cosas, gustos y pasiones. Colaboró en revistas emblemáticas como el Semanario pintoresco, El eco del comercio o la Revista de Madrid.

Luchar por sus ideas y sus convicciones requerían un compromiso político. Hemos mencionado sus aportaciones a la Instrucción Pública pero habría que añadir que fue, asimismo, Subsecretario del Ministerio de Gobernación.

Vivió con coherencia hasta el final de sus días. Considero ilustrativa una anécdota que pone de relieve que en su agonía fue ‘acosado’ por un confesor que pretendía que se retractara del contenido de su obra Carlos II, el Hechizado. Supo resistir con entereza y la tan pretendida retractación no se produjo.

Aparece en el lienzo de Antonio María Esquivel Lectura de Zorrilla en el estudio del pintor (1846), poniendo de manifiesto que era uno de los personajes más destacado del momento histórico que le tocó vivir. Me vienen, asimismo, a la memoria las opiniones y recuerdos de literatos como el costumbrista Ramón de Mesonero Romanos.

Por todas estas razones creo que es de justicia prestarle más atención, analizar el contenido de sus obras, especialmente las que han resistido mejor el paso del tiempo y valorar su laicismo y sus aportaciones en tantos campos.

He intentado repasar aquellas vertientes en las que destacó. Señalaré, ahora, que en mi modesta opinión no es, en absoluto casual, el olvido y el ostracismo a que se vio sometido. Los representantes de esa España inmovilista, tradicionalista y enemiga acérrima de todo progreso y de todo cambio, lo han silenciado conscientemente.
Es un deber ético que sus planteamientos salgan a la luz y liberarlo de la celda carcelaria en que han pretendido recluirlo.

Iniciaba este, más que merecido homenaje, con una cita de Aristóteles perteneciente a su Constitución de los atenienses. La memoria histórica debe comenzar por abrir y ventilar las fosas de la memoria

Hago una invitación explícita a leer y comentar lo más granado de sus ensayos y obras dramáticas, teniendo presente que todos somos herederos de una tradición y que tenemos el derecho y el deber de ensalzar y de poner en un lugar destacado a quienes han luchado por defender las ideas de progreso que hoy, constituyen los cimientos del sistema democrático.

Por paradójico que pueda parecer ese compromiso con el pasado… es una garantía para transitar hacia el futuro, pertrechados con un equipaje adecuado.

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