septiembre 2020 - IV Año

TEMAS

El gran cambio en el umbral de una nueva era. La Revolución Conservadora continúa

El COVID-19 es un detonador complejo de un nuevo episodio de la gran crisis sistémica del capitalismo…

‘Cuantos cráneos soberanos, que el genio habitara en vida
convertidos en guarida de miserables gusanos’
Gaspar Núñez de Arce

La transformación silenciosa, que hoy padece el mundo, mientras se debate en encontrar alguna plausible salida a los escenarios geopolíticos que se ciernen sobre toda la humanidad, son futo de la Revolución Conservadora que comenzó en la década de los 80, del pasado siglo XX, escenarios en el que sus consecuencias no son peores que las vividas en otras épocas. El mundo antes, durante y después de Roma, la penurias que trajo consigo la revolución industrial, las lágrimas del novecento, la hegemonía europea entre el 1815 y el 1871, la oscura época del imperialismo que fue de 1871 a1914, las guerras y posguerras llamadas mundiales, primero la gran guerra de 1914 a 1918 y luego la segunda guerra mundial de 1939 a 1945; para continuar, durante la época del mundo bipolar (1945-1989), con su particular guerra fría, que abrió un paréntesis de progreso, que terminó ilusionando a los más desfavorecidos de la tierra, luego sobrevendría la gran frustración y por último la revolución conservadora y al final desde 1989 el tiempo multipolar, la mundialización de la economía.

En todas estas épocas se pudo observar con claridad la desigualdad, la injusticia social, la privación de libertad y la manipulación de la comunicación en beneficio de los grandes hacedores y conservadores del capital.

El poder, a veces suele confundirse con un manejo libre de la economía de mercado y se desvaloriza en exceso el poder político, del que emergen las normas que regulan los derechos esenciales de la vida y condicionan la calidad de vida, con el egoísmo propio de la raza humana; se pierde la perspectiva, la humanidad deja de ser solidaria (aunque se vanagloria de ello) y sin desearlo se autoperjudica cuando las consecuencias le alcanzan.

El equilibrio conseguido con la guerra fría, mediante el contrapeso que ejercía la antigua URSS, la PAX armada y el reparto de la influencia en el mundo, había dado lugar a fórmulas políticas que favorecían el progreso, nivelaban la justica social y contenían los mecanismos salvajes del capitalismo más ortodoxo. El desarrollismo de algunos países en vías de desarrollo, una versión de ‘centro’ político, que impulsaron las derechas, como forma de contener el avance de la izquierda y en Europa, fundamentalmente, la socialdemocracia aparecía como la ideología idónea para la reforma y para mantener el equilibrio democrático.

El advenimiento al poder de Margaret Hilda Thatcher en Reino Unido que gobernó con ‘mano de hierro’ desde 1979 a 1990 y el de Ronald Wilson Reagan, aquel actor y político estadounidense que se convirtió en el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos entre 1981 y 1989, dieron impulso a la gran revolución conservadora.

Thatcher, se convertiría en una heroína de la derecha, en gran medida, todo hay que decirlo, ayudada por la ineptitud y mediocridad del ejército argentino, que en una huida hacia adelante, declaró ‘la guerra de las Malvinas’ y con ello embistió a los intereses de su aliada conservadora, ‘la pérfida Albión’, la respuesta no se hizo esperar y el poder militar británico, apoyado silenciosamente por el gran hermano de Norteamérica, ofreció a la premier inglesa, el cetro de la victoria, un hito para el conservadurismo.

Hasta entonces a la ciudadanía occidental, le daba algo de vergüenza manifestarse de derechas, pero desde entonces, aparecieron orgullosos los Young Urban Professional, un sector de la juventud como los nuevos ‘revolucionarios’, los ‘Yuppies’. Pero también había que darles una salida a aquellos que no alcanzaban posiciones en las grandes empresas o que podían despuntar mediante burbujas y cohetería financiera, simultáneamente aparecieron los ‘emprendedores’, un ingente ejército de ambiciosos ciudadanos, que emergían con minúsculas empresas, al abrigo del crecimiento de las grandes corporaciones y de una naciente economía global. Un ejército de hormigas muy dinámico, una fuerza que se quitaba a la gran masa trabajadora dependiente y un fuerte contingente que sostendría la revolución conservadora. Ahora las empresas debido a la mecanización y en algunos casos a la automatización, necesitaban cada vez menos fuerza laboral humana, la emprendeduría cubría un vacío generado por la modernidad.

Los grandes sindicatos de clases, comenzaron a perder fuerza y credibilidad, la idea de vivir el momento y al día, descartando la seguridad del futuro, empezó a calar, el consumo se acrecentaba para vivir una mejora en el presente, ‘mejor pájaro en mano que ciento volando’, así, poco a poco se iban desmantelando, los avances conseguidos en la época bipolar y mediante las extrañas posiciones no alineadas, que sostenían a la clase media en un cable resbaladizo; todo se iba a desmoronar, tras la operación cóndor en América Latina, Mubarak en Egipto, las dictaduras de Saddam Hussein en Irak y Gadafi en Libia y lo más importante, el advenimiento de la Revolución islámica conservadora, que llevó al poder en 1979 al Ayatola Jomeini.

chinoMientras tanto en China, se posicionaba el ‘comunismo de mercado’, eufemísticamente llamado, ‘una economía de mercado orientada al socialismo’; una combinación de mecanismos de mercado y de planificación centralizada para la construcción del socialismo, sistema que debería atravesar primero una fase capitalista de Estado y a muy largo plazo, alcanzar la sociedad comunista que había proclamado Mao Tse Tung o Mao Zedong.

La contribución a la gran revolución conservadora la aportó en la década de los 80, Deng Xiaoping y actualmente su sucesor hereditario del politburó chino, Xi Jinping, quien continua su trayectoria coartando cada vez más salidas de corte liberal, y acumulando, mientras tanto, más poder si cabe para el estado y al partido único.

Lo cierto, es que las grandes corporaciones multinacionales en las últimas décadas se inclinan por producir en los países en los que la negociación se concentra en un solo interlocutor, les permite eludir el control que se observa en mayor o menor grado en las democracias por los partidos políticos, los agentes sociales y la libertad de prensa.

La huida del control del poder político o la subyugación de éste a los intereses empresariales al igual que la evasión fiscal, han sido históricamente una práctica habitual de las grandes multinacionales.

Estos manejos o abusos han venido siendo una constante en la praxis, como, por ejemplo, al principio del siglo XX, las estrategias y los negocios de las corporaciones como la United Fruit International, la Standard Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company en las repúblicas conocidas como ‘bananeras’, en Centroamérica y Colombia. Derribaron gobiernos, utilizaron políticos corruptos y contaron con el apoyo de los gobiernos de Truman y de Dwight Eisenhower en EE. UU. y lógicamente con la inestimable colaboración de la CIA, condicionaron o más bien manipularon a los gobiernos de turno para la redacción de las leyes que regulaban las imposiciones fiscales y las leyes laborales en su beneficio.

Podríamos citar también, los entramados de los negocios del petróleo, o más recientemente las empresas líderes de las TIC o la producción en el sudeste asiático, de empresas como Nike, Reebok, Adidas, en las que, a través de la ingeniería fiscal, evaden el pago de impuestos, esquivan el control de las leyes laborales y eluden las más elementales normas de seguridad sanitaria.

Si bien estas prácticas son habituales desde que comenzó la revolución industrial en el siglo XVIII, a partir de la última gran revolución conservadora, se produjo un gran avance en la involución, restringiendo los derechos adquiridos a partir de la postguerra, intentando neutralizar las normativas de sujeción, control y seguridad en materia de justicia social e incentivando el denominado neo capitalismo, que admite la intervención del estado para defender al gran capital y no permitir que ninguna de las grandes corporaciones empresariales o financieras, quiebre o desaparezca.

La gran revolución conservadora, contó con la contribución del giro histórico en la política vaticana en la que, tras más de cuatro siglos, un Papa no italiano se hacía con las riendas de la iglesia, el polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II.

El pensamiento dogmático del catolicismo se unía al pensamiento conservador del influjo musulmán Chiita de la República Islámica de Irán, contribuyendo al afianzamiento del retro cambio o a la involución del sueño frustrado del progreso, alimentado por el trampantojo de los años de la guerra fría.

gorbEl círculo se cierra con el derrumbe de la URSS en 1989, Gorbachov, a la sazón amigo de la Thatcher, acelera la caída de la histórica revolución o tal vez, experimento por el socialismo, que tras el temulento y los primeros años que son de incertidumbre, dieron paso a un imperio nacionalista, que vendría a establecer un cierto equilibrio de poder dentro del nuevo escenario geopolítico conservador.

Una nueva era está naciendo en el cieno, el caldo de cultivo da paso a un renovado poder económico global que es quien posee, condiciona y dirige los medios de producción y los medios financieros, elabora las estrategias económicas a nivel global, estableciendo acuerdos, sinergias, complicidades, que determinan como hacer frente a las normas fiscales, como eludirlas y como eludir también los derechos laborales.

Estudia y condiciona el mercado, mediante influyentes mecanismos de comunicación, manipulando la información para alcanzar las emociones de los destinatarios, sus públicos objetivos.

El Poder político, maneja las estrategias para elaborar normas, que favorezcan a los intereses del capital, para ejercer influencia en el comportamiento de la sociedad o realizar algunas acciones en muchas ocasiones coercitivas, es la fuerza aliada del poder económico, es el timonel, que, sin su participación, sería imposible cumplir sus propósitos. La tecnoestructura política compró la agenda política conservadora y así la globalización tecnológica se manifiesta asociada a la corriente conservadora.

Por otro lado, desde una óptica más progresista y socialdemócrata a nivel global, sencillamente no hay nada, solo atisbos de lucha, gritos mudos, reguero de restos, cráneos vacíos, ilusiones rotas y el deseo entusiasta de un algo inmenso.

A partir de este punto, se abre una nueva era; aquella edad que nació después de la revolución francesa ha finalizado; debería nacer ahora un nuevo modelo, un nuevo sistema.

Por otra parte, el desarrollo de las tecnologías y los sistemas de información se predisponen a avanzar con nuevos modelos de normas, usos y costumbres, adaptados a un nuevo sistema. Debería ser el camino hacia el progreso, sin embargo, el mundo se mueve conforme a la teoría de Herzberg, la teoría de los factores, una forma de pensar el mundo que fue elaborada como alternativa al que podríamos llamar enfoque genético-autoconstructivo de la realidad, según el cual todos los fenómenos surgen de la evolución y transformación de otros similares que desaparecen al llegar los nuevos que, a su vez, crecen, se desarrollan y mueren cuando han generado a sus sucesores.

La teoría de Herzberg plantea la necesidad de conseguir neutralizar las insatisfacciones, lo que no significa, ni mucho menos, que la inmensa mayoría vaya a estar satisfecha, simplemente consigue disminuir a duras penas la insatisfacción.

En este nuevo comienzo, la vida empieza a transcurrir con una cierta coartación de la libertad, coaccionada por los intereses dominantes, el libre pensamiento hace ya tiempo que ha quedado anestesiado a nivel general, la igualdad a nivel global brilla por su ausencia, la igualdad de género es solo una esperanza, por consiguiente, la libertad, la igualdad y la justicia social a nivel mundial, hoy por hoy, solo es una quimera.

‘La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente’ … ‘Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo’. Rosa Luxemburgo.

En el horizonte hasta el año 2050, se prevé una disminución de la calidad de vida, que se relaciona con el bienestar de las personas.

El concepto de bienestar abarca no sólo dimensiones materiales como la riqueza, el consumo y la vivienda, sino también factores inmateriales como la capacitación, la salud y las relaciones sociales. Así mismo, la calidad de vida incluye el marco legal e institucional que permite a los ciudadanos participar en la vida política y garantiza la seguridad física de las personas. Finalmente, el bienestar depende de otros factores ambientales como la calidad del agua, el aire y el ruido (1).

margaEstos factores derivan de una serie de indicadores, como son la capacidad económica, el medio ambiente y el ecosistema, el nivel de consumo y los bienes y servicios al alcance de la ciudadanía.

Pero mediante una detenida observación percibimos que el rumbo de la mayoría de los estados, nos indica que no existirá una evolución en positivo hacia ese concepto de calidad de vida y bienestar, sino por el contario algunos indicadores podrán quedar congelados y otros retroceder, habida cuenta de las probabilidades que hoy se atisban para la evolución en los próximos 30 años.

Los 193 países comprometidos con la agenda 2030, que persiguen la utopía de la igualdad, la prosperidad, el fin de la pobreza, el hambre 0, en definitiva, los 16 puntos para el desarrollo humano sostenible son conscientes de que intentaran avanzar, justificarse y marcar nuevos propósitos nobles y hermosos, pero con muy pocas posibilidades de éxito.

Según el informe ‘En mundo en el 2050’ de la firma PWC, China será la principal economía con una participación del 20% en el PIB mundial, derrotando a Estados Unidos del primer lugar, el cual terminará aportando el 12% del PIB del mundo.

En este sentido, en 2050, seis de los diez Estados con mayor PIB serán potencias emergentes, según PWC. Estas serán China, en la primera posición, India, en la tercera e Indonesia, Brasil, Rusia y México en la cuarta, quinta, sexta y séptima, respectivamente.

A excepción de Estados Unidos, que quedaría en segunda posición, muchas de las economías actuales más importantes del mundo, como Japón y Alemania, habrán descendido en los rankings mundiales, reemplazados por países como India e Indonesia, que actualmente son mercados emergentes.

España solo será capaz de retener una posición similar a la 17, hasta 2030. A partir de entonces, el ascenso de los países emergentes la hará caer hasta la posición 26, mientras Colombia, por ejemplo, ahora en la posición 32, se mantendría igual, incluso podría mejorar un par de posiciones.

Argentina se mantendría como la tercera economía más grande de Latinoamérica, pero no mejoraría en el ranquin mundial.

La participación de la UE en el PIB mundial podría caer por debajo del 10% para el año 2050.

Si este estudio es acertado, pone de manifiesto en primer lugar un cambio de rumbo en la economía globalizada y por otra parte destaca que la revolución conservadora, de la que se desprendió el fenómeno de la mundialización de la economía y el avance de las nuevas tecnologías, habría sido provechosa para los países emergentes, pero no para el actual establishment del poder político y económico.

El desarrollo de las TIC y en general de las nuevas tecnologías, ha sido bien aprovechado y desarrollado por los países asiáticos, mientras que la vieja Europa y el anquilosado EE. UU. están perdiendo la carrera, basando su sostenimiento y sus estrategias de futuro en la especulación económica-financiera y en el proteccionismo. Si a esto añadimos la falta de reacción para la adecuación de las empresas y la transformación de la economía productiva al nuevo curso de la historia, el futuro que está por escribirse, tal vez no sea en alfabeto latino.

El camino del desarrollo se inscribe en la tendencia para el consumo de las grandes superficies, del e-comerce y la disminución paulatina de las pequeñas empresas, para agruparse en corporaciones capaces de hacer frente a una nueva economía global, posiblemente más salvaje, como resultado de la praxis más conservadora.
Sin duda, se hace necesario resistir y marcar un rumbo visionario hasta dar con una evolución sistémica, que ofrezca alguna alternativa para la nueva era.

lemanLa Revolución conservadora continua, episodio 2008

Uno de los grandes y desgraciados episodios de la historia de la trasformación conservadora fue, la crisis desencadena en el 2008 y que tuvo un carácter global. Se trató de una crisis sistémica, sumatoria de varias crisis: financiera, económica, energética, ecológica, alimentaria, social, de cuidados y de valores (2).

Entre el 2007 y el 2008 el castillo de arena comenzó a desmoronarse, arrasado por unas olas gigantescas. El colapso de la burbuja inmobiliaria estadounidense y la quiebra de Lehman Brothers Holdings Inc, desató la crisis de las hipotecas subprime, que rápidamente contagió al sistema financiero de la potencia norteamericana y se extendió como una epidemia hacia los de las principales economías desarrolladas, causando en última instancia una crisis de liquidez que terminaría asfixiando la economía real (3).

El capitalismo es un sistema cuya lógica de expansión y acumulación ha sido únicamente posible gracias a la implantación a nivel mundial de unas estructuras que posibilitan el dominio del Norte sobre el Sur, aseguran la subordinación de las mujeres a los hombres y permiten un incesante saqueo de recursos naturales.

Jean Claude Trichet ex presidente del Banco Central Europeo con una apabullante claridad, calificó a esta crisis que duraría 10 años, de crisis sistémica, que dio lugar en la Unión Europea a alcanzar la triste cifra de 112,9 millones de personas pobres de acuerdo con datos del Eurostat, correspondientes al año 2017, cifra que representa el 22,5% del total de la población de la Unión.

España experimentó desde el inicio de la crisis un incremento progresivo del número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, pasando de 11.336.000 en 2009, a 12.047.000 en 2018, es decir, 711.000 personas más.

El carácter eufemístico de la expresión ‘en riesgo de pobreza’ resulta aún más claro en el caso de otro de los indicadores utilizados: el de las personas que viven en hogares con una intensidad de empleo ‘muy baja’, considerándose tal la que está por debajo del 20% del total del potencial de trabajo. Estas personas sólo pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado cada dos días.

En el conjunto de la UE, el PIB per cápita bajó de 26.100€ en 2008 a 24.500€ en 2009. El porcentaje de personas pobres empezó a subir en el 2010 y siguió siendo más alto que en 2008 hasta el 2016. Sin embargo, el PIB per cápita llegó a los niveles de 2008 en 2011 y ha seguido aumentando desde entonces (4).

Esto significa que la crisis fue aprovechada, para impulsar una reducción significativa de salarios, dependiendo del sector y de los distintos países, entre un1,7 y un 20%, menos para los puestos de trabajo que se fueron ocupando desde que la curva se invirtió, indicando una recuperación económica. En ese mismo período, el aumento de las corrientes migratorias por razones económicas ha sido una constante (además claro está de los conflictos bélicos).

En este escenario han aparecido y se han extendido los trabajadores pobres (working poors), es decir personas que, trabajando, se encuentran dentro de los parámetros de ‘riesgo de pobreza’. La situación de los diferentes países es muy dispar en el caso de esta variable como ocurre con todas las demás. En España, el porcentaje asciende al 15% y en Italia alcanza el 17%.

Finlandia tiene la tasa más baja de trabajadores pobres (3,5%). El trabajo sí parece marcar la diferencia en el caso de Alemania, pues ese país tiene, una alta tasa de personas en situación de pobreza (20%), pero un porcentaje relativamente bajo de trabajadores pobres, un 9,5%, habiendo alcanzado un pico de 11,2 en 2014, un año en que el porcentaje en la UE subió hasta el 13%. (5) , pero, sin embargo, la opinión que emana de los centros de poder del capital y el conservadurismo, la culpa no es del sistema, es de los propios trabajadores o de los pobres.

trabajadoraLa idea de que los pobres son los causantes de su situación de miseria se gestó en los Estados Unidos de Reagan, por la falta de iniciativa de este segmento de la población global, de su incapacidad de esforzarse, de su tendencia al parasitismo, de sus vicios, etc.

El trágico fenómeno que se dio en EE. UU, basándose en la premisa que acabo de citar, se adoptó la solución de dejar de subsidiar a los pobres para pasar a meterlos en la cárcel. Como resultado, de acuerdo con los últimos datos disponibles en el Bureau of Justice Statistics correspondientes al año 2016 (que pueden consultarse libremente por Internet), en Estados Unidos hay 6.613.500 personas sometidas a alguna forma de privación de libertad: encarceladas, en libertad condicional o en libertad bajo palabra. El llamado ‘Workfare’ fue otro de los efectos de la culpabilización de los estadounidenses pobres: los que siguieron recibiendo ayudas sociales quedaron sujetos a la obligación de buscar trabajo para seguir percibiendo esos ingresos.

Desde otra atalaya, actualmente América Latina y el Caribe sigue siendo la región más desigual del mundo, por encima del África Subsahariana (la segunda región más desigual) CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe. ONU.

En resumen, la reducción de la pobreza extrema y de la pobreza, continúa siendo un desafío clave para los países de América Latina en un contexto de cambios sociales, políticos y económicos. Aunque la región logró importantes avances entre la década pasada y mediados de la presente, desde 2015 se han registrado retrocesos, particularmente en lo referente a la pobreza extrema (6).

En Argentina (Gran Buenos Aires), la tasa de pobreza se duplicó entre 1999 y el 2002, al pasar del 19,7 por ciento al 41,5 por ciento de la población. La indigencia se multiplicó casi por cuatro, ascendiendo del 4,8 por ciento al 18,6 por ciento, sobre todo a partir de la crisis de fines del 2001 (7) . Las estadísticas oficiales de 2018 han revelado que el 32% de los argentinos es pobre, un aumento del 6,3% con respecto al año anterior (8).

Argentina, además de ser uno de los mayores exportadores de vino, es el tercer productor mundial de miel, soja, ajo y limones; el cuarto de pera, maíz y carne; el quinto de manzanas; el séptimo de trigo y aceites; el octavo de cacahuetes. Y, sin embargo, la cifra puede alcanzar hasta tres millones de argentinos que sufren hambre.

La crisis sistémica ha traído consigo el inevitable aumento en los niveles de desigualdad y pobreza en este primer cuarto del siglo XXI. Para dar cuenta de ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señalaba en su informe (PNUD, 2010) que 10 de los 15 países más desiguales del mundo se localizan en América Latina.

Desde el 2012 y hasta el 2018, en los países del denominado G20, los beneficios empresariales se han disparado desde entonces hasta el 200,7%.

Las empresas despidieron a los trabajadores menos productivos, (o eso justificaban) en un entorno de reducción de costes y altas tasas de desempleo que hundieron el nivel de los salarios.

España no ha experimentado prácticamente ninguna mejora en sus niveles de vida (medido como el promedio de la retribución laboral total por hora trabajada deflactado por el IPC).

La devaluación salarial que se produjo durante la crisis puso de manifiesto que los salarios perdieron un 0,7% con respecto a 2008. Sin embargo, los precios aumentaron un 8,5% entre noviembre de 2008 y el mismo mes de 2014 (cálculo de variaciones del Índice de Precios de Consumo -sistema IPC base 2011-; variación del Índice General Nacional según el sistema IPC base 2011 desde noviembre de 2008 hasta noviembre de 2014).

Una década después, el mayor sacrificio ha recaído sobre los que menos ganan.

En esta década del 10, de manera simultánea, se pudo observar un reforzamiento de la revolución iniciada en los 80, y un resurgimiento de los ultranacionalismos proteccionistas, que albergan políticas paternalistas e inmovilistas. Llaman a la puerta de la emocionalidad, del segregacionismo y abogan por mantener un mismo estatus quo, mientras la evolución avanza. (Trump, en EE.UU., Bolsonaro en Brasil, Salvini en Italia, el incremento electoral de los partidos de extrema derecha en casi todos los países europeos, etc.)

La revolución, sigue en marcha; en enero del 2020, se declara una pandemia global, el coronavirus, 100 años después de la llamada gripe española y en pleno siglo XXI, en esta ocasión, la globalización ha transformado la relación entre humanos y virus, donde lo local es global y lo global es local. Y muchos países no tienen sistemas de salud pública efectivos para hacer frente a los retos que se les plantean con este tipo de situaciones, ni existe tampoco un sistema de salud pública global apropiado.

Aquellos países que poseen un sistema y recursos para hacer frente al desafío sanitario se esfuerzan por aplicar medidas de contención, que no se excedan en el tiempo, pero en muchos estados, los recortes salvajes llevados a cabo en la anterior crisis del 2008 y durante los mandatos de gobiernos conservadores, muestran una debilidad en sus sistemas de salud y la exposición a la emergencia, pone de manifiesto que la herida abierta es muy grave.

En muchos puntos del resto del mundo, pobreza, hacinamiento urbano, sistemas de agua residuales defectuosos o inexistentes, negligencia de la industria farmacéutica, sistemas de salud pública débiles, dietas alimentarias deficientes, etc. Pensemos en los campos de refugiados en Grecia, Turquía y oriente próximo, así como en territorios de África y América latina, donde ya de por sí, la emergencia es la constante.

Desde el estallido de la crisis del coronavirus, parecen haberse paralizado los grandes flujos migratorios, del África subsahariana y el éxodo sirio se detuvo. Parece que la hambruna en el continente negro haya desaparecido, así como las otras epidemias que asolan a este continente en estos mismos tiempos.

La mayor crisis desde la segunda guerra mundial, tal vez comparable en circunstancias con la crisis del 29, en el primer tercio del siglo XX:

Cabe citar las manifestaciones expresadas acertadamente por el filósofo Santiago Alba Rico: ‘Desde que existe el Covid-19 ya no ocurre nada. Ya no hay infartos ni dengue ni cáncer ni otras gripes ni bombardeos ni refugiados ni terrorismo ni nada’.

El COVID-19 es un detonador complejo de un nuevo episodio de la crisis sistémica del capitalismo, en la que todos los factores anteriores están fuertemente interconectados, sin que se puedan separar entre sí. Todo parece indicar que esta epidemia puede representar una ocasión ideal para justificar la crisis económica capitalista que está acercándose.

La previsible recesión económica que se había anunciado ahora ya está en la puerta de entrada a un nuevo tiempo crítico. El miedo produce una brusca caída de la demanda, baja el precio del petróleo, lo que revierte en la emergencia de la crisis anunciada (9).

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó, la pasada semana, de la desaparición de millones de puestos de trabajo y la reducción de los salarios que afecta especialmente a quienes ya vivían por debajo del umbral de pobreza.

No hay que olvidar que la causa del actual brote epidémico –y de otros previos como el SARS-CoV en 2002, la gripe aviar (H5N1) en 2003, la gripe porcina (H1N1) en 2009, el MERS-CoV en 2012, el ébola en 2013 o el Zyka (ZIKV) en 2015)– radica en gran medida, en la compleja transmisión a través de animales relacionada con el desarrollo de una agricultura y avicultura intensivas y de un mercado creciente.

La crisis que se avecina es un episodio más, aparecido de forma oportuna, de la revolución conservadora. El gran cambio en el umbral de una nueva era.

 

NOTAS, Referencias

1.- Publicado en Coyuntura económica. 4 de mayo de 2018
2.- Natalia Escolar es Colaboradora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)
3.- Natalia Escolar es Colaboradora del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)
4.- OXÍMORA REVISTA INTERNACIONAL DE ÉTICA Y POLÍTICA NÚM. 14. ENE-JUN 2019. ISSN 2014-7708. PP. 1-9 doi: 10.1344/oxi.2019.i14.27312
5.- OXÍMORA REVISTA INTERNACIONAL DE ÉTICA Y POLÍTICA NÚM. 14. ENE-JUN 2019. ISSN 2014-7708. PP. 1-9 doi: 10.1344/oxi.2019.i14.27312 8 2012).
6.- CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.ONU
7.- REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES. Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98. Vol. X, núm. 212, 1 de mayo de 2006
8.- Veronica Smink BBC Mundo, Buenos Aires, 2 abril 2019
9.- Joan Benach es profesor, investigador y salubrista (Grup Recerca Desigualtats en Salut, Greds-Emconet, UPF, JHU-UPF Public Policy Center), GinTrans2 (Grupo de  Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (UAM).

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