mayo de 2026

La socialización de las viviendas en Francisco Azorín

Francisco Azorín

Francisco Azorín fue socialista, fue esperantista y fue arquitecto. Hemos acudido a su figura en distintas ocasiones, especialmente en relación con su intensa labor en favor del esperanto desde una dimensión vinculada al movimiento obrero socialista, pero también fue muy importante su labor en favor de la vivienda. En este contexto publicó un trabajo en El Socialista en junio de 1920 sobre la socialización de las viviendas, que queremos compartir dentro de nuestra serie sobre la vivienda que estamos realizando en El Obrero.

Azorín escribía en un momento de huelga de los albañiles madrileños y eso le permitía reflexionar sobre la carestía y la escasez de viviendas. Habría quien acusaría a los albañiles de agravar el problema cuando, en realidad, ellos sufrían claramente la situación, tanto porque no había trabajo, como por ser vecinos que sufrían los altos alquileres. Los problemas de las viviendas interesaban a todos, pero muy especialmente a los obreros del ramo de la construcción. Azorín consideraba fracasada la libre iniciativa privada para la cuestión de la vivienda, pero también la política proteccionista del Estado. La alternativa pasaba por la socialización de las viviendas. Pues bien, dicha socialización debía tener en cuenta una serie de bases:

  1. Habría que regular la administración y construcción de viviendas por intermedio de organismos competentes, compuestos en cada localidad por representantes técnicos y obreros de la construcción, pero también de las colectividades de inquilinos. Esos organismos deberían tener autonomía financiera y responsabilidad ante sus representados.
  2. Plantear un crecimiento lógico y racional de las ciudades, que no se hacía bien, a pesar de que existían planes de urbanización. Habría que sanear y transformar las ciudades antiguas, terminando con los hacinamientos de las casas de vecindad y con los “latifundios urbanos”.
  3. Organizar el trabajo ofreciendo ocupación permanente a los obreros y asegurando su bienestar. Habría que establecer al mismo tiempo el uso de los sistemas más modernos. Todo eso repercutiría en favor del obrero pero también de la construcción.

Para Azorín la campaña en favor de la socialización de las viviendas podía vivir un momento propicio porque la escasez de viviendas requería del Estado medidas urgentes y radicales, y podría inclinársele para que adoptase esta solución. Además, se podría conseguir que los técnicos saliesen de su actual indiferencia porque la mayoría, aunque hubiera excepciones, se inclinaría a buen seguro por la socialización de las viviendas porque la misma iba en favor del bienestar general y del progreso social.

Hemos consultado el número del 2 de junio de 1920 de El Socialista.

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