septiembre 2020 - IV Año

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Las migraciones y la necesaria metamorfosis para el desarrollo humano

Lo que hay que hacer, es practicar en todas partes el mestizaje y el control de los nacimientos 
para crear una raza única en un mundo único bajo un gobierno único. 
Brock Chisholm, ex director de la OMS

migrantes1La pandemia del coronavirus, la crisis y la metamorfosis sistémica que se cierne en el escenario geopolítico de este siglo XXI, nos ha alejado, al menos informativamente del acuciante y grave fenómeno de la migración, que además esconde detrás una serie de tragedias sociopolíticas. Es el otro mundo que se encuentra detrás de este, con el que se ha marcado un distanciamiento preventivo, para no padecer las mismas consecuencias que ha producido el sufrimiento, que probablemente tenga origen, en nuestros propio países supuestamente desarrollados o aquejados socioculturalmente de superioridad.

Las guerras, el hambre y la desigualdad permanente desencadenan constantemente flujos migratorios que sufrirán el ostracismo, mientras algunos colectivos políticos y económicos sin escrúpulos, se aprovechan de ellos como material humano. Una situación que sólo puede ser aceptada desde la ignorancia ilustrada sin ningún miramiento.

La Primavera Árabe, aquellas protestas que asombraron al mundo entre el 2010-2012, y que correspondieron a una serie de manifestaciones populares en clamor de, (según los manifestantes), la democracia y los derechos sociales y las intervenciones de Occidente, (como siempre liderados por EE. UU en Libia, Irak y Egipto) han dejado una estela de inmigrantes que intentan escapar de sus países para protegerse de la barbarie de la guerra y poder trabajar para subsistir.

Entre las corrientes migratorias más notables la constituyen los desplazamientos de los ciudadanos/as sirios huyendo de la muerte y la desolación. A los que hay que añadir aquellos contingentes de seres humanos, que atraviesan, incluso a pie, el continente africano, para huir del hambre, de los ‘señores de la guerra’, de los opresores del coltán o los diamantes, en definitiva, de las miserias del África subsahariana, intentando llegar a Europa en las barcas de Aqueronte.

Las corrientes migratorias hacia Europa han constituido posiblemente uno de los desplazamientos masivos más significativos de la historia moderna. Del año 2000 al 2019, el número total de migrantes aumentó casi un 50%: de 173 a 272 millones de personas. La mitad de este aumento ocurrió en países desarrollados, mientras que la otra mitad tuvo lugar en países (supuestamente) en vías desarrollo, según Naciones Unidas.

Enrefugiado América Latina, los desplazamientos están asociados a cambios de gobierno sin elecciones, golpes de estado o intentos forzados de cambio, como en Honduras, Haití, Venezuela y Bolivia, pero también en general, a un deficiente crecimiento económico, insuficiencia de empleo y en términos generales a la pobreza marginal del capitalismo.

Algunas de estas travesías dejan atrás un panorama dramático para alcanzar la dorada pobreza en su país de acogida, pero que al menos les permite soñar con un futuro mejor. Tal vez aquí me permitiría la ironía de recitar a Calderón de la Barca: ‘¿qué es la vida? un frenesí ¿qué es la vida? una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son’.

Los seres humanos han migrado desde tiempos prehistóricos. La primera gran migración sucedió hace aproximadamente 2 millones de años, cuando el Homo erectus salió de África y se asentó en Eurasia. Sin esta corriente no existiría ni la actual civilización europea, ni lógicamente la americana, que es hija suya. Con el tiempo, las migraciones favorecieron, el intercambio de culturas y el mestizaje, como un enriquecimiento psicosocial, el poblamiento global y el crecimiento y desarrollo del mundo conocido hoy.

En la actualidad, la cantidad de migrantes que un país recibe, está determinado e influenciado por las políticas y las leyes de migración de cada uno, de modo que casi siempre la migración legal está limitada.

Una enorme masa de personas vive hoy en día, en un país distinto de aquel donde nació, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU reconoce la contribución de la migración al desarrollo humano sostenible, así, 11 de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) contienen metas e indicadores que son pertinentes para la migración o el desplazamiento.

Lo más complejo de la problemática en la migración es el velar por el respeto a la condición inalienable del ser humano para llevar a cabo un desarrollo psicosocial equilibrado, el derecho al sostenimiento económico vital y conciliarlo con la regulación migratoria, custodiando, por tanto, con el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales.

migrantes3Abandonar el lugar donde uno se ha criado y dejar atrás a todas las personas que han formado parte de su vida puede resultar algo trascendente en el desarrollo psicosocial. Esto es un factor traumático, la huida y el vacío que supone el desarraigo son en muchas ocasiones, una situación de vida o muerte.

Los migrantes padecen con frecuencia, una sintomatología característica de síndromes, como son la depresión menor, los trastornos de ansiedad-depresión, el estrés, el TEPT y la sensación de inseguridad y rechazo por parte de la población nativa.

El proceso migratorio afecta emocionalmente a todas las edades, pero son los niños y los ancianos los especialmente más vulnerables.

Con frecuencia los migrantes se ven sometidos a persecuciones políticas, incluso fuera de sus países de origen, son presa de las mafias, acusan la perdida de libertad y ven desaparecer su dignidad, convertidos en miserias humanas que luchan por la supervivencia, mientras observan como algunos estados los consideran masas protoplasmáticas vivientes.

La situación que vivencian muchos migrantes a su llegada al nuevo país, suele provocarles un estado de baja autoestima que los separa de sus verdaderas habilidades y competencias y por consiguiente se convierten en trabajadores con alta dependencia económica y emocional, y como factor añadido experimentan en muchos casos una perdida significativa de libertad.

Muchos se ven obligados a aceptar ocupaciones en condiciones de ilegalidad, salarios bajos, inestabilidad y además padecen con frecuencia una discriminación educativa y de asistencia sanitaria, son marginados; en muchas ocasiones agrupados en guetos y en otras son segregados de la sociedad que supuestamente los acoge.

El mundo debe saber que está condenado a reconocer que solo deberá existir una etnia o raza, la raza humana, los avances en la tecnología de las comunicaciones han hecho que la población mundial esté literalmente a un clic de distancia entre sí y la globalización ha puesto de manifiesto que la libre circulación de capitales y mercancías ha abierto la puerta para siempre a la libre circulación de seres humanos.

La úemigrantesnica solución a este nefasto problema lo encontramos en la transculturación y el mestizaje. Este, se define como el encuentro de culturas y de genes entre varias etnias diferentes, creando así nuevas etnias. Parece irónico recordar las palabras del General USA Wesley Clarke (jefe de las fuerzas de la OTAN en la guerra de Kosovo), pero sin embargo deberá convertirse en una gran verdad: ‘Hay que imponer el mestizaje en todas partes. La idea de países étnicamente puros es una pervivencia del siglo XIX. El tercer mileno verá la victoria del mestizaje’.

La simbiosis socio cultural implica la traslación de valores y el ensamblaje de distintos conocimientos, practicas, habilidades, usos y costumbres, que solo pueden contribuir a mejorar el desarrollo humano. Imaginemos un mundo en el que no exista ninguna barrera de comunicación, ni siquiera idiomática, donde no existiese ningún muro, donde la interacción de las relaciones humanas estuviese basada en la cooperación, la afectividad y en el aprendizaje para compartir conocimientos, esta realidad, esta concepción se ha dado en llamar fraternidad universal.

Juntar colectivos impermeables para transformarlos en permeables, unos a otros, produce un mestizaje cultural y crea nuevos valores.

La transculturación, ocurre cuando un grupo social o colectivo humano, recibe, adopta o intercambia formas y conocimientos culturales que provienen de otro grupo o conjunto humano. La sociedad, por consiguiente, terminara sustituyendo en mayor o menor grado sus propias prácticas culturales al absorber y asimilar prácticas y procesos diferentes y darán como resultado el surgimiento de nuevas formas de hacer y ser. Una forma más aceptada y por tanto más tolerante, una configuración facilitadora de una comunión societaria y por tanto más igualitaria.

Mientras los estados y la sociedades continúen observando el fenómeno migratorio como una amenaza, solo nos veremos abocados a un mayor número de enfrentamientos, racismo, confrontaciones bélicas, diferenciaciones insolidarias e injustas, que tendrán como resultado más hambre, depravación y en definitiva una humanidad más desigual y menos libre.

En este marco, que a todas luces puede resultar utópico, no se me escapa la realidad económica global y los intereses del capital y de los estados que lo sustentan, por eso es indispensable repensar un nuevo marco sistémico y un inexorable cambio de paradigmas que den lugar a la metamorfosis capaz de alumbrar una nueva era, la edad post-contemporánea.

*Andrés Cascio, Psicólogo Social, Conferenciante, Profesor retirado de la Universidad de Barcelona, con más de 45 años dedicado a la docencia en distintas Universidades de América Latina y España y al ejercicio de la psicología clínica y social. Asesor para la Vinculación Académica internacional. Ha sido catedrático de Psicología, en la Escuela de Especialización de la O.E.A.(Panamá), director de proyectos de UNICEF, área de Centro América y director de proyectos del Fondo Social Europeo en España.

 

 

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