
El sol es una estrella ridículamente pequeña en comparación con otras que el ser humano conoce y que están muy-muy lejos, pero no tanto como para escapar a nuestra inspección. Pero es que las escalas cósmicas no nos dicen nada decisivo, lo único que consiguen es confundir. Si nuestro Sol es cualitativamente un átomo respecto de las estrellas bestiales que orbitan —todo orbita…— por ahí fuera, sin embargo es la fragua donde se han cocido la inmensa mayoría de los elementos que, se dice, nos componen, tanto a nosotros como a las arqueas como al hoy llamado reino de la plastisfera (https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2026-08-07/bienvenidos-a-la-plastisfera-el-reino-de-los-microbios-del-plastico-es-un-nuevo-ecosistema-en-el-planeta.html).
UY Scuti es una estrella monstruosamente inmensa (https://youtu.be/_BDlDa7A70U?si=X2IhfOlXJzFPO1MS), pero no nos consta que haya generado nada a su alrededor. De manera que lo que realmente importa, como siempre, es la calidad, no la cantidad, como demostraron los espartanos en las Termópilas. Nuestro Sol es microscópico en términos cosmológicos, pero es padre, y quizá madre también. UY Scuti, en cambio, bien pudiera ser estéril. Así que está, a mi juicio, enteramente justificado que tantas religiones ancestrales lo hayan adorado, incluido, más recientemente, el divino Platón. Al fin y al cabo, sí algo es Dios de un modo único y fundante, no puede serlo más que la Luz, o dicho en la jerga actual, el Fotón[1] de luz.
Conforme a la Teoría de la Relatividad sin la magnitud —que no velocidad— de la luz no habría información alguna ni sería posible la relación causa-efecto que enlaza todos los sucesos. El fotón propagándose —que a la vez no se propaga—, es una propiedad intrínseca del espacio-tiempo, no un elemento más del Universo, es decir, es la condición de posibilidad del espacio-tiempo, no algo que tenga lugar en su interior, como la España franquista del desarrollismo fue la condición de posibilidad de las películas de Alfredo Landa, y no algo que actúe en las películas de Alfredo Landa al mismo nivel que el simpático actor o que José Sacristán. El fotón de luz vive en la frontera misma de la causalidad, desde su sistema inercial el espacio está totalmente contraído y todo suceso pasado, presente y futuro tiene lugar en un mismo punto. Si eso no es Dios mucho más que el Dios helenizado del cristianismo que venga el propio fotón y lo vea… Por eso circula un meme por ahí en que los conquistadores españoles le dicen a los indígenas americanos: “¡si no fuese por nosotros, aún seguiríais adorando al Sol!”, a lo que ellos replican “al menos el Sol es real…”. Esta sola respuesta memética impugna de un golpe todo el viaje y las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso en México…

Tras toda la expectación creada por el eclipse en España, y todos los posibles Koldos que se hayan forrado vendiendo gafas, lo que hay que dejar claro aquí es que un eclipse es un fenómeno real, pero dependiente del punto de vista del observador. Quiero decir que el eclipse no sucede como tal, en otras partes del planeta no ha habido eclipse en absoluto. Hay eclipse si el que observa y mide el eclipse está en el lugar adecuado en el momento adecuado, al igual que hay falta en el fútbol si tocas la bola con la mano, mientras que la falta en el baloncesto se verifica si tocas la bola con el pie. Nos hemos flipado demasiado con el eclipse, el eclipse no es un fenómeno cósmico como es un cuásar, el eclipse es un fenómeno de interacción. La Luna tapa el Sol durante unos minutos para los españoles del Norte, no para los australianos ni para el planeta Venus (si así fuera, un creacionista podría preguntarse cómo puede ser que el tamaño de la Luna sea exactamente el preciso para ocultar el contorno del Sol dejando visible únicamente el nimbo inofensivo, es decir, la corona solar).
Eso no quiere decir que un eclipse sea una percepción subjetiva, sólo quiere decir que es válida localmente, no universalmente. Pese a ello, los medios nos han inducido a comportarnos como una fanática Secta Moon, todos de peregrinaje a mirar al Firmamento como si fuésemos todavía primitivos asustados y sobrecogidos de Stonehenge, o africanos de esos que eran engañados por Tintín o Allan Quatermainn en los relatos colonialistas. Es un eclipse, amigos, no más ni menos sorprendente que una Aurora Boreal, y harto más breve. No hay por qué hacer reverencias, a no ser que los Pink Floyd nos compongan un The dark side of the Sun. Y menos mal que no es más que eso, un eclipse, porque si no Donald Trump ya habría exigido su anexión inmediata a los EE.UU…
NOTA
[1] https://www.filosofiaenlacalle.com/post/el-fot%C3%B3n-parm%C3%A9nides-sive-einstein











