agosto de 2025

PRETÉRITO PERFECTO / La canción del verano

Para ser sincero, a estas alturas de la película no sé si en este caluroso estío en el que andamos enfrascados, que no refrescados, todavía hay quienes siguen empeñados en encontrar la «canción del verano». Si es así, debo confesar que no tengo ni la más pajolera idea de cuáles serían las canciones que optarían a ese título, hoy tan desprestigiado, pero que, en su momento, poco le faltó para ser declarado Patrimonio de la Humanidad.

Dicho todo esto, y poniéndonos ya serios en un tema tan trascendental como este, he de reconocer que no recuerdo muy bien cuándo fue la última vez que podría decirse que oficialmente se decidió que un tema fuera declarado «canción del verano». Porque canciones que han sonado mucho durante la época estival las ha habido, y muchas, pero creo que ninguna ha merecido tan loable calificativo. Tal vez también porque lo de «canción del verano» parece que hace ya largo tiempo que pasó a mejor vida, o simplemente a otra vida, amén de las especulaciones musicales que hoy día siguen cultivándose con mucha voluntad, pero poca fortuna.

Así las cosas, quizá King África y su explosiva «bomba», allá por el año 2000, puede ser considerado «el último mohicano», como el título de la película de Daniel Day-Lewis, siempre con permiso de Georgie Dann (1994) y su incombustible «barbacoa», o sea, «La barbacoa», para ser más precisos, que continúa siendo extraoficialmente canción de todos los veranos en cualquier pueblo que se precie. Posiblemente en la misma medida que «Paquito el chocolatero», que no es que sea o deje de ser canción del verano, sino que es simple y llanamente «la canción».

Dicho todo esto, lo que es evidente es que todas estas disquisiciones de última hora no desmerecen para nada aquella emotiva y feroz lucha musical que había, especialmente en los años 60 y 70, por alcanzar la «champions» de la canción que más sonaba durante el sofoco veraniego. Y en esas, cómo no acordarse de la «Chica yeyé» (Conchita Velasco, 1965), «Black is Black» (Los Bravos, 1966), «Tres cosas» (Cristina y los Stop, 1967), «Limón limonero» (Henry Stephen, 1968), «María Isabel» (Los Payos, 1969) y, por supuesto, la culminación de todas las canciones del verano: «Un rayo de sol» (Los Diablos, 1970), «La felicidad» (Palito Ortega, 1971), «Vacaciones de verano» (1972) y «Eva María» (1973), con las que Fórmula V repetía título.

Desde luego, todo un catálogo de «inolvidables» canciones, al menos desde el punto de vista emocional, que de vez en cuando nos resulta agradable recordar, aunque solo sea para no borrar de un plumazo pequeñas cosas que nos ayudaban a engordar nuestra «felicidad», ¿a que sí, Palito? Palito Ortega, claro, al que se le subía «La chevecha» allá por 1968.

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Archivo Entreletras

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