septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Carnaval, carnavalada, carnavalismo

La verdad es que me horroriza el Carnaval. Debo reconocer que yo, todavía, no me he curado del impacto tremendo que para mí supone la Navidad y ahora, otra fiesta de esas que pretenden cambiarlo todo y los niños con la cara pintada, y comprar el disfraz y aplaudir la estupidez, el ridículo y la congoja, ¡ostras!

carnaval en madridCarnaval en Madrid

El Carnaval tiene sentido en Cádiz donde vislumbran ya la primavera y forma parte de lo mejor de una ciudad única, hecha al Carnaval o al revés, y en Canarias que es exuberante, ampuloso y divino como muchas veces ellos o en Venecia con ese aire erótico y misterioso, lujoso, en la mentira siempre de una ciudad que sin serlo del todo debe admirar todo el mundo… pero en Segovia, o en Madrid, o en Ávila o en Salamanca, donde todavía tiene el invierno su red extendida, y llueve o nieva, pensar en Carnaval es ridículo. Los desfiles de Carnaval de Madrid tienen esa tristeza de lo que esta fuera de sitio porque la mitad de los que participan no se lo creen y la otra mitad tienen frío, o los calcetines mojados, o ganas de irse a casa para ver el partido, la película o leer Patria de Fernando Aramburu.

Hace ya un montón de años los poetas Alfonso Berrocal, Jaime Rozas y yo decidimos disfrutar del carnaval madrileño, el espectáculo era tan siniestro que tuvimos que irnos corriendo, acabamos en un bar de la calle Huertas, al lado de donde tuvo su farmacia el gran León Felipe, hablando de poesía que es lo nuestro.

(Invierno, 2017)
 

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