abril de 2024 - VIII Año

Escuela universalista española: la Ilustración española amputada

Lorenzo Hervás

Ya se ha tratado anteriormente en Entreletras (https://www.entreletras.eu/ensayo/la-ilustracion-en-espana/ ), que la historiografía española ha apreciado poco nuestra Ilustración y apenas le ha dado juicios favorables. Ortega y Gasset (1883-1955) calificó al siglo XVIII de “vacío paréntesis en la historia española”. Al parecer, no surgió en España figura alguna de la altura, no ya de un Hume (1711-1776) o un Montesquieu (1689-1755), sino ni siquiera de la relevancia de un Voltaire, y con influencia en Europa. No es cierto, y no solo porque, en las Artes, el XVIII español fuese el siglo de Bayeu y su escuela y del gran genio de Goya (1746-1828), o porque en las ciencias fue el siglo de Jorge Juan (1713-1773) o de Celestino Mutis (1732-1808), entre otros.

De lo contrario, y no tan paradójicamente como en principio pueda parecer, desde el pensamiento tradicionalista, como el de Menéndez Pelayo (1856-1912) en su tan juvenil, como entusiasta y célebre Historia de los Heterodoxos españoles, la Ilustración habría significado el comienzo de la pérdida de la identidad católica de España, lo que llevaría al progresivo olvido de la tradición cultural hispánica, que habría llegado a su cima, a su juicio, en el siglo XVI y en la primera mitad del XVII, es decir, en el Siglo de Oro. No podía resultar satisfactoria, para el joven Menéndez Pelayo de Los Heterodoxos, una epistemología y gnoseología empirista como la de los autores de la Escuela Universalista, en los que él veía más la influencia del empirismo británico, que el peso la tradición recibida, por ejemplo, de Juan Luis Vives el gran pensador renacentista.

Esa adversa valoración de nuestra Ilustración se suele fundar en que, en España, la Ilustración fue católica, lo que supone para muchos, como entre otros y en los últimos años, Álvarez Junco, una fuerte disonancia entre la Ilustración hispana y la de los países más destacados en el movimiento ilustrado. La Ilustración en Francia, Inglaterra y Alemania, que fueron sus máximos exponentes fue anti-católica, señaladamente la francesa, mientras que la alemana e inglesa lo fueron por su sesgo protestante. Esto nunca ha sido bien comprendido por la historiografía más moderna, que ha tendido a minusvalorar a la española por su catolicidad. De hecho, salvo quizá el caso del padre Feijoo (1676-1764), las figuras habituales de nuestra ilustración —Jovellanos, Mayans, Montiano, etc.— son más locales que universales, salvo en la denominada “Escuela Universalista Española”, jesuitas estos últimos y tan católicos como Feijoo, Jovellanos, etc.

Algo hay de olvido, o relacionado con el olvido, en lo sucedido a la Escuela Universalista Española del siglo XVIII. Fue esta una manifestación de la Ilustración tardía, conformada por autores hispanos, jesuitas en su mayor parte, como Antonio Eximeno, Juan Andrés y Lorenzo Hervás, y algunos otros, que desarrollaron una línea de pensamiento científica y humanística, a la vez. No conforman un grupo desconocido, exactamente, pero sí muy poco estudiado en España. Sus aportaciones, algunas muy destacadas, fueron objeto de atención tanto para el joven Menéndez Pelayo, en su Historia de los Heterodoxos Españoles, como para José Luis Abellán, en su Historia del Pensamiento Español.

Antonio Eximeno

Pero han sido estos unos comentarios bastante tangenciales, pues Menéndez Pelayo casi se limitó a acusarlos de empiristas y “sensualistas”, influidos por Locke y Condillac. Pero no reparó en el hecho de que ese empirismo, no dejaba de retrotraerse al principio de “realismo filosófico” característico de la Escuela de Salamanca, especialmente a la segunda época o época jesuita de la misma (Suárez, Juan de Mariana), que se nutrió, entre otras fuentes del empirismo o proto-empirismo de Juan Luis Vives. Y Abellán, por su parte, se ha limitado a consignar su existencia y poco más en un capítulo de su obra titulado “Los jesuitas tienen que salir de España”.

Apuntes estos que facilitan una mejor comprensión de esos juicios globales negativos sobre la Ilustración hispana. Los autores tradicionalmente tratados como los principales “Ilustrados españoles”, son demasiado locales, sin apenas proyección exterior. De ahí que la difuminación, más que el olvido, de las aportaciones de la Escuela Universalista, constituya una auténtica amputación: es el silenciamiento y olvido de la Ilustración hispana tardía, la mejor seguramente y que tanto influiría en Europa en los siglos siguientes.

Gracias a la Escuela Universalista, sí se puede afirmar que la Ilustración española tuvo autores verdaderamente relevantes en la conformación del pensamiento europeo de los siglos siguientes, especialmente el XIX y el XX. Desgraciadamente, los motivos de esta amputación no parecen difíciles de rastrear: la mayoría de sus integrantes eran jesuitas expulsados de España y, después, disueltos, lo que les hizo sospechosos para un progresismo que se desarrollaría e intentaría dominar intelectualmente el siglo XIX; y el tradicionalismo, por su parte, los consideró casi materialistas y extranjerizantes en exceso.

Los tres autores citados y otros muchos, en tanto que jesuitas, fueron exiliados de España por el rey Carlos III que, tras acusar más o menos abiertamente a los jesuitas de haber instigado el Motín de Esquilache (1766), los condenó y los expulsó, confiscando sus bienes y expatriándolos, por Decreto Real de 27 de febrero de 1767. Debido a esto, los tres autores se establecieron en Italia, donde Juan Andrés desarrolló la historia universal de las letras y las ciencias, Antonio Eximeno desarrollaría un concepto universal sobre estética para la música mediante la idea de “expresión”, y Lorenzo Hervás elaboró su lingüística universal. A ellos se debe, y es universalmente reconocido, la creación de la metodología de la “comparatística” moderna, que se desarrolló en toda Europa, pero muy señaladamente en la Alemania del siglo XIX.

Las metodologías comparatistas se centraron inicialmente en los estudios literarios, a partir de la obra de Juan Andrés Origen, progresos y estado actual de toda la literatura (1782). Fue esta la primera historia de la literatura universal que se conoce. Historia literaria en la que, por cierto, se incluyó además la literatura científica y también la filosófica. En ella, Juan Andrés estableció de facto el estudio de literatura universal y comparada, aun sin usar todavía esta denominación. Utilizó la comparatística, pues abordó el estudio comparado de las diferentes literaturas.

Esta obra de Juan Andrés es, quizá, la obra teórica más trascendente de esta escuela, pues alcanzó fama en toda Europa, influyó en la comparatística del siglo XIX, sobre todo alemana, y tuvo múltiples ediciones, sobre todo en Italia. Igual sucedió con la obra de Lorenzo Hervás, Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, respecto de formación de la lingüística comparada, que se desarrollaría en los siglos XIX y XX y que, a juicio de Abellán, es una obra superior en importancia a la de Juan Andrés.

Juan Andrés

La comparatística es un término creado por la ciencia humanística alemana (Komparatistik) y por la ciencia literaria en el siglo XIX. Se aplica desde luego a las ciencias humanísticas, como filología comparada y literatura comparada, derecho, religión, mitología, economía y filosofía comparadas. Pero se ha utilizado también, con cierta frecuencia, en el ámbito de las ciencias experimentales, como lo son la botánica comparada, iniciada por José Celestino Mutis, o más recientemente con la anatomía comparada.

El modo de hacer de la comparatística se basa en la comparación, obviamente. Su origen se sitúa en la crítica literaria antigua, que generó una tradición humanística de la que fueron herederos y continuadores Juan Andrés y Lorenzo Hervás. Ambos, con sus citadas obras, fueron los creadores de la literatura comparada y de la lingüística comparada modernas. Como antes se dijo, junto con Antonio Eximeno, conforman el núcleo de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, en la que se conformó la comparatística moderna. ​

No se puede concluir esta breve nota divulgativa, sin mencionar el trabajo investigador, primero, y de estudio y difusión después, realizado desde hace muchos años por el Profesor Pedro Aullón de Haro, doctor en Filosofía y Letras, y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Alicante, desde 1994. Pedro Aullón ha desplegado sus mejores esfuerzos en recuperar a estos autores de la Ilustración tardía, que fueron los ilustrados españoles que mayor influencia desplegaron en el pensamiento general del siglo XIX, en toda Europa. Una labor de recuperación que cuenta en su haber, como algunos de sus hitos, con la formación del Grupo de Investigación Humanismo-Europa (1994), en la Universidad de Alicante, y la creación del Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización (2016). En 2010, se instituyó el “Premio Juan Andrés de Ensayo e Investigación en Ciencias Humanas”, que se entrega durante el mes de junio de cada año, y que ha llegado a su XIVª edición este año 2023.

Como apunta el propio Profesor Aullón, además de esos tres autores fundamentales —Eximeno, Andrés y Hervás—, puede considerarse que también pertenecerían a esta Escuela Universalista Española, al menos, otros treinta estudiosos, entre los que cita a los científicos Jorge Juan o José Celestino Mutis, entre otros.

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