abril de 2024 - VIII Año

El humanismo no es cosa de viejos

Están empeñados en que el choque contra el mecanicismo brutal es solo cosa de mayores. Y creen que es incapacidad y no desacuerdo. Porque el mecanicismo y el digitalismo son la verdad absoluta y nadie puede estar en desacuerdo. Pero defender a la persona y al ser humano es cosa de cualquier edad. Todas las personas de cualquier edad merecen más respeto y atención que las máquinas.

Hablan con arrogancia de “brecha digital”. Como si lo digital fuera mucho mejor que lo real, y pobrecitos los seres reales que no han alcanzado el estatus de dígitos. Como si ser un dígito fuera mucho mejor que un ser de carne y hueso. Y que te atenda un dígito fuera mucho que te atenda un médico. Como si reducir todo a fórmulas y dígitos de manera miserable fuera mucho mejor que mantener la infinita riqueza de la vida.

Y hablan de educar a los mayores. O más bien reeducarlos, como hacen los comunistas chinos o los inquisidores del cristianismo más fanático. A menudo les digo : yo os educo a vosotros, sed personas con las personas. Enseñar a alguien a ser persona, viva y libre, vale mucho más que enseñar códigos y programas. Animar a alguien a vivir, a ser libre y creativo, vale mucho más que enseñarle fórmulas. O la nueva doctrina salvadora del digitalismo y mecanismo. Fuera de esa doctrina no hay salvación, es la noche. Menos mal que la noche siempre fue el espacio de la libertad. Y en ella tendrán que vivir ahora las personas. Como los libros en las novelas de Ray Bradbury.

Ahora cuando no estás de acuerdo con algo actual te llaman viejo. Es su forma de descalificarte y desactivarte. Pero a los veinte años yo ya estaba en contra de la mecanización de todo y de la deshumanización. No tiene que ver con la edad. A los veinte años yo pensaba lo mismo.

Cuando la pandemia, me decían que buscara mi certificado covid en un teléfono móvil en no sé qué  aplicación. Les dije: lo quiero en papel. Porque en el móvil tardo mil años en verlo y en papel lo saco en cinco segundos. Porque en el móvil tengo que verlo en una pantalla diminuta y en papel lo veo con claridad. Porque en el móvil contribuyo a esta evaporación de todo y a la eliminación del mundo físico. Y porque me obligan y no me gusta que me obliguen. No tiene que ver con la edad. A los veinte años yo pensaba lo mismo.

Quieren sustituir el mundo entero por el teléfono móvil. Y lo fácil por lo difícil. Y lo sencillo por lo complicado. Y lo humano y concreto por lo abstracto y evaporado. Y no tiene nada que ver con la edad. A los veinte años, repito, yo pensaba lo mismo.

Hablan de “brecha digital” como si ser humanos y no dígitos fuera una pena.  Y ser personas y humanos es cosa de viejos. Y pedir que te atienda una persona y no un mecanismo impersonal. Y desear alguien que empatice mínimamente contigo. Eso les parece cosa del pasado. Pobrecitos los humanos, ahora hay que ser dígitos y mecanismos abstractos. Qué gran superioridad.

Es verdad que los jóvenes son bastante conformistas ahora y lo tragan todo. También en los años treinta los fascistas eran sobre todo los jóvenes. La barbarie fascista era el Presente, y el humanismo y los valores democráticos eran cosa de mayores trasnochados. Creían que el Futuro era cada vez más barbarie y más botas golpeando en las calles. Era la arrogancia del conformismo. Pero todas las personas-personas defendían el humanismo y la libertad. Y la imaginación y el pensamiento sin fórmulas. Un día caerán de sus caballos metálicos prepotentes. Y se encontrarán en la tierra a personas vibrantes de todas las edades.

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Archivo Entreletras

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