abril de 2026

Elogio de Puigdemont

puigdemontAzorín, ese grande casi olvidado de la Generación del 98, habló en su mejor libro, La Voluntad, de los rebeldes de sí mismos, yo me vi retratado, siempre me he considerado un rebelde de mí mismo, mi padre también lo es, así que debe llevarse en los genes como las narices y el pelo negro. Para explicarlo bien, un rebelde de sí mismo es el que se pasa todo el año luchando por conseguir un trabajo que adora y al conseguirlo le da pereza y lo rechaza, o es defensor acérrimo de un escritor, de un director de cine, de un futbolista y al convertirse este en una estrella, en un fenómeno social y preguntarle por él, tuerce el gesto y dice: Era mucho mejor antes.

Pues debe ser por eso que a mí ahora me cae bien Puigdemont, tiene algo de cabeza de turco, de inventor frustrado, de ingenuo con intereses, de romántico trasnochado, de tonto de pueblo… y su fuga a Bruselas tiene también algo de rabieta como cuando el primero de la clase se rebota y monta una bronca en el despacho del director. Es un solitario que pasea por los parques de Bruselas soñando un país que no existe e imaginando su vida futura en una cárcel española. Si lo piensan bien, parece un personaje de novela rusa, envuelto en sus ensoñaciones nacionalistas, cabizbajo y orgulloso, perseguido por los periodistas, mirando al frente, arrebujado en su bufanda europea, practicando francés…

Y es que en el fondo el nacionalismo es solo eso: un catalán, huido en un parque belga, huyendo de un español, hablando en francés y sabiendo que a los alemanes les importa un rábano…

Y luego la ciudad esa de Bruselas que es como una pesadilla, donde el cielo es gris todo el año, los belgas insoportables, la comida malísima y los precios imposibles, hasta para quien vive de los demás o de yo que sé qué negocios… Que nadie se engañe, vivir en Bruselas es ya una pequeña condena, lo más interesante es un niño que mea y un bar muy grande donde cada seis cervezas te regalan una… bueno, ahora tienen un Puigdemont, milagro catalán que pasea su injusticia y busca alianzas en el infinito.

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Archivo Entreletras

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