octubre 2020 - IV Año

TRIBUNA

La alargada memoria de Miguel Ángel Blanco

Miguel A BlancoMiguel Ángel BlancoLo que no podemos es olvidar. La memoria es lo más hermoso que tiene el hombre, lo único capaz de hacerlo crecer, seguramente el único pedacito de libertad hondo y duradero capaz de construir nuestro tiempo y nuestra historia. La memoria que pasa de padres a hijos, la memoria que llega a los textos, a las librerías, a las universidades, la memoria de unos pocos y de muchos… la gran memoria que luego se estudia y se aprende y que nadie lo dude, nos hace crecer. Por eso es tan importante Miguel Ángel Blanco, porque puso a un país entero en pie de guerra, o mejor dicho, en pie de paz, pero dispuesto a luchar hasta donde hiciera falta, con las manos blancas o negras que daba igual, gritando casi sin fuerzas, llorando, subiendo y bajando las calles de nuestras ciudades, pueblos, provincias… y no para decirle a ETA que no matara a Miguel Ángel (todos sabíamos que estaba muerto), para gritarle al mundo entero que el terrorismo es un problema feroz y que su objetivo primordial es matar y matar inocentes. Para que entendieran en tantos y tantos lugares que España era un país maravilloso donde, en una de sus provincias, no se podía vivir libremente y ser concejal de un pueblo suponía vivir en peligro absoluto, suponía poder ser, como le ocurrió a Miguel Ángel, condenado a muerte y asesinado en un bosque con dos disparos en la nuca.

Ese fue el logro de aquellos días. Pocas veces ha vivido nuestro país tanta unidad, tanta fuerza, tanta decisión unánime, la determinación de no matar (porque eso es lo que hacían ellos) pero sí estar unidos, sí buscar soluciones, sí creer en la justicia, sí poner en los informativos del mundo entero el llanto de un país ante la macabra continuidad de una banda terrorista.

Y por eso también es importante recordar, homenajear, aplaudir, sentir de alguna manera la figura de Miguel Ángel Blanco, no importa convertirlo en un símbolo de todos los asesinados por ETA, al fin y al cabo el crimen es el mismo. Pero es necesario que la gente joven sepa como una banda terrorista, sin apenas ideología, sin cabeza, sin orden, sin nada más que el amor a la violencia y a la sangre, tuvo aterrorizado a nuestro país y que muchos vecinos nuestros, amigos, tíos, primos, tenían que agacharse todas las mañanas para mirar si debajo de su coche tendrían un aparatito capaz de dejar a sus hijos huérfanos y a su mujer viuda.

Los que vivimos aquello, los que lloramos por Miguel Ángel Blanco, y por Ernest Lluch y por Francisco Tomás y Valiente y por Vicente Soria Blasco y por (así podría estar 829 veces)… nosotros no lo vamos a olvidar nunca, pero ya hay gente nueva, joven, importante que no lo vivió y deben también conocerlo, deben saber lo que ocurrió y como se sentía cada español cada vez que uno de aquellos asesinos decidía matar a unos cuantos inocentes, cuantos más mejor.

Y por eso es repugnante también que Manuela Carmena (a quien yo voté, ay de mi) se niegue a poner una pancarta con el rostro de Miguel Ángel en el ayuntamiento de Madrid y encima explique que lo hace para no menospreciar a las otras víctimas, como si haciendo un homenaje a Federico García Lorca despreciáramos a Miguel Hernández, por ejemplo. Es cierto que algunos jueces al meterse a políticos pierden la toga y ganan el disfraz.

No me da vergüenza decir esto, Miguel Ángel Blanco vive con plenitud en mi memoria y cuando lo considere óptimo, vivirá en la memoria de mis hijos y será parecido, muy parecido a cuando mi padre me contó la cárcel en la que estuvo el suyo.

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