septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Literatura y gastronomía

EscorialLa poesía no es para el verano; como no lo son los platos de cuchara (lentejadas, fabadas, cocidos). Versos y cucharas necesitan de buen gusto, de tiempo, de reposo y de frío. Para el verano son los relatos, los cuentos, los libros de viajes e, incluso las guías turísticas. Así como las paellas, los gazpachos, las ensaladas, los salmorejos, las ensaladillas rusas o las barbacoas. Se consumen a la ligera, sin demasiado reposo y al calor.

El excelente poeta y amigo, Juan José Cuadros, nos dejó en el candelero, en una de las veladas de la Tertulia del Cafetín Croché, de San Lorenzo del Escorial, un cuatro de agosto del año de 1989, con motivo de la confesión de autor de Ramón de Garciasol (Miguel Alonso Calvo), esto que a continuación se dice: ‘Que vino se ha de beber en cada momento, cuáles han de ser el cristal y la temperatura del blanco, el terciopelo de color caoba de la uñeta que el vino tinto dibujó en el culillo del vaso, cómo se ha de dejar que ruede el licor sobre la lengua, la magnitud del trago. El poeta del que hay que hablar con cada vino. El blanco le va bien a don Luis de Góngora, pero a Quevedo hay que acompañarlo con el tinto. Los vinos de las posadas y las tabernas son los de don Miguel de Cervantes, que Don Miguel,como el queso, mejora a cualquier caldo…’

De las vides y de los vinos del Quexigal, allá por el 1562, utilizada como granja para suministros del monasterio escurialense, de sus 300.000 cepas se elaboraban uno de los vinos de mejores calidad de España. De estas vides carpetovetónicas, decía de ellas Eugenio Montes, que daban vinos gordos, de esa uva que le llaman los nativos ‘teta de cabrón’.

De estas exquisiteces que dicen otro de lo culinario, un servidor se ha venido a estos pagos serranos a decir estas ocurrencias. Este mes de abril tiene dos virtudes, -una de ellas culinaria-, (en abril se come bien) y otra fisiológica: las mañanitas de abril son muy buenas de dormir. Les aconsejo que se apliquen aquello que le decía Ortega a sus alumnos: duden de lo que digo. La poesía, si lo es de calidad, se la puede leer en cualquier mes del año, a cualquier hora del día, y en cualquier lugar posible. Y ya que estamos con las manos en la masa, voy a recordar a Noel, el cocinero de Federico el Grande de Prusia; el único cocinero de quien un servidor tenga noticia que, además de excederse en las salsas dulces; se atrevía a discutir de poesía con Voltaire.

 

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