septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

“Unha flor é un milagre…”

Por Ricardo Martínez-Conde (www.ricardomartinez-conde.es).-

Me llamaron la atención del lugar, entre otras cosas menudas, los distintos reclamos acerca de la pulcritud y las buenas maneras con que era solicitada la participación del visitante. E implícitamente, también del lugareño.

El texto de los carteles, ubicados aquí y allá, un poco al azar, resultaban en general un tanto asépticos en su mensaje salvo, si acaso, por la frescura del idioma en que estaban escritos, el gallego, un idioma viejo y nuevo a la vez, tan reivindicado ahora por los intereses políticos como hermosamente acuñado por la historia.

MondarízMondaríz (Pontevedra)

Los letreros venían a decir, por ejemplo: «O máis limpo é o que non se ensucia» o bien «Non tires o lixo ó chan, usa as papeleiras. Y hasta aquí, digamos, todo bien, esto es, todo dentro de esa moral edulcorada con que se reclama la atención de un vecino –o visitante- al que se le trata por lo común con premeditada desconfianza.

Pero he aquí que un texto en particular de todos estos letreros llamó especialmente mi atención a la vez que me llevó a esbozar una ecológica –y ontológica- sonrisa; era el que decía: «Unha flor é un milagre, non fagas sacrilexio» Véase la relación: milagro como algo sagrado por cuanto el sacrilegio es –Diccionario dixit- ‘lesión o profanación de cosa, persona o lugar sagrados’. Fantástico, me dije: he aquí un alcalde ilustrado, un estricto cuidador de sus dominios temporales.

Me llamó la atención por su contenido religioso, pero sobre todo por su infrecuente trasfondo poético. ¡Es tan raro ya, hoy en día, escuchar una alusión al espíritu en el paisaje tosco, falsamente ordenado e hipócrita en que nos movemos!

No quise entrar, en principio, en la relación, más o menos directa, establecida entre la flor y el pecado, pero sí me propuse interesarme por el autor y , a ser posible, por los motivos escatológicos de la cuestión. Y dado que el pueblo es pequeño -estadísticamente el ayuntamiento más pequeño de Galicia, donde los hay bien exiguos- y porque, tal vez por ello, el alcalde con frecuencia transita a pié como uno más entre la escasa población, un día de los de mi estancia allí le abordé directamente. «Señor Alcalde, ¿me podría decir qué trabajos desempeña el poeta municipal además de redactar algunos carteles llamativos y trascendentes?» Me miró, correspondió a mi sonrisa con un gesto de perfecta seriedad administrativa, y dijo: «Los pusimos para el señor cura, precisamente. Nos robaba las rosas» (¿Estará aquí la respuesta a la eterna pregunta de la rosa y su porqué?, cavilé).

tg carrusel cabecera grandeMondaríz (Pontevedra)Oh!, sorpresa: el pecador es el predicador. O sea que el reverendo hurta y daña y malogra aquello con lo que el Señor nos dota. Mal haya el señor cura, aunque es probable que, para sus entendederas, su gesto lo conciba como un bien (por la ética del adorno a la santidad, por…) Azoro entraña el pecado de la virtud, piensa el feligrés. Con la iglesia hemos dado, habrá colegido el alcalde para sus adentros.

El río que adorna este lugar apacible y frondoso, avivado por algunos bravos regatos, sigue su runruneo eterno, sonido que a veces se adorna de pájaros cantarines que delimitan su parcela por las orillas. El abedul, el avellano y algún castaño conforman un curso jugoso y reparador para el paseante que camina, imbuido ya desde un primer momento, por la responsabilidad de la asepsia necesaria.

Ubicado en un ancho valle feraz que conforma un circo natural de arbolado tupido donde el ocaso viene siempre adornado con un verso desfalleciente, allí donde el cuerpo de los privilegiados visitantes se conforta con las aguas curativas y medicinales y donde los hábitos de la historia se ciñen como en pocos rincones a lo efímero y cotidiano, a mí me deparó esa grata naturalidad de lo medible, de lo cotidiano apacible, un cierto reposo.

También es cierto que el reducido lugar se presta a que la autoridad se entienda como un bien enclítico; es así que el señor Alcalde, tieso en su porte como si la función llevase implicada la posesión, habla con titularidad propia de sus dominios y dice, por ejemplo: «este año he podado antes porque el Otoño viene con retraso y el castaño de indias no sufre» O bien, «voy a traer pronto el TDT», por ejemplo.

En este rincón bucólico resulta todo, es verdad, como un algo mitificado a la vez que apacible, una razón que quiere hacer bueno el lema que, publicitariamente, siempre se esgrime: «Si quieres ser feliz, ven a Mondaríz».

Y ahora el señor Alcalde sí sonríe.

(Invierno, 2017)
 

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