mayo de 2026

‘Trescientos poemas de la dinastía Tan’, Ed. bilingüe de Guojian Chen

Tan

Trescientos poemas de la dinastía Tan
Ed. bilingüe de Guojian Chen
Cátedra, 2016.

Escucha, lector, el canto del poeta, que, aún siendo antiguo, nunca habrá pasado de moda, pues la verdad de su belleza, de su capacidad de sugerencia para hacer soñar, permanece: «Alcoba esmeralda vestida/ de gruesas cortinas de seda./ Biombo bermellón pintado/ de bellas flores y plantas./ Esterilla ancha y larga,/ tejida con finas hierbas./ Cubierta con una manta de brocado,/ siente frío, aunque no ha llegado el invierno» Unas palabras elegidas para sentir, para recogerse, para pensar en el amor, ¿por qué no?

He transcrito solamente un ejemplo de los trescientos que este libro acoge, un libro lleno de palabras sutiles y generosas para los sentidos a fin de que el lector sensible conozca de cerca, a través de las sensaciones que la literatura es capaz de transmitir, la belleza como una realidad, como una proximidad.

La dinastía Tang, que cubrió el período de la historia china entre los años 618 y 907, ha sido señalada, se nos dice en la introducción «como la edad de oro de la poesía china y representa su apogeo y máximo esplendor», y poetas como Du Fu, Li Bai o Wang Wei «son nombres que resuenan en todos los rincones del mundo.

No es el decir las cosas, sino cómo se alude a ellas, propiciando un reclamo de sentimiento y transparencia que es difícil ignorar. Por ejemplo cuando Bai Juyi escribe: «Vino reciente con espuma verde./ Un pequeño horno de arcilla roja./ Cae la noche. Cae la nieve./ ¿Quieres venir a tomar una copa?» Invitación que, aun habiendo sido dirigida a un posible interlocutor coetánea del poeta, hoy, inevitablemente, el lector se siente también, de algún modo, aludido. Es una invitación en favor de los bienes de la naturaleza, de la concordia, de la amistad.

Se recoge aquí, en este libro, un canto a la vida, a la realidad como compañía, como complementario necesario. De ahí que no quepa, si acaso, sino aceptar con mesura cuanto nos viene dado, o, como ha dicho Wei Zhuang: «Sobre el río, interminable llovizna./ A la orilla, espesa y lozana hierbas./ Seis imperios, cual sueños, se han esfumado,/ y los pájaros lo lamentan en vano./ Los sauces de Taicheng, niebla indiferente,/ envuelven el largo dique como siempre».

Pues sea. También nosotros somos naturaleza, tiempo, espera.

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