enero de 2026

‘Los 7 acordes, el último viaje’, de Úrsula Pedregosa

Los 7 acordes, el último viaje
Úrsula Pedregosa
Editorial Maromjos Publishing, 2025
288 páginas

LOS 7 ACORDES, EL FINAL DE LA TRILOGÍA

Úrsula Pedregosa finaliza la trilogía Los 7 acordes, publicadas en la editorial americana Maromjos Publishing, con una tercera parte que es un deleite de armonía, en concordancia con el tema que trata: la música. En esta tercera parte la titula: Los siete acordes. El último viaje.

El amor por la música se convierte en un paisaje emocional para Lindsay Victoria Middleton. Vivió un apasionado amor por William Middleton, donde la joven dejó esa pasión tan romántica que expresa genialmente la autora en la novela. Pero también hay otro amor, hacia su maestro, Richard Croundwell. La idea del magisterio como un don que se entrega y que convierte al discente en un ser apasionado, cala en esta novela. Las influencias de Úrsula se nutren del Romanticismo inglés y del Realismo español, en especial de Pepita Jiménez de Juan Valera.

Con una imagen de cubierta de una bella joven que nos mira atentamente, como si nos sedujera, nos adentramos en esta novela que nos va atrapando en sus redes. La joven está en un barco y se ve alta mar. Úrsula describe:

“Fue en la bruma del amanecer cuando avistamos las siluetas inconfundibles del puerto de Nueva York. Desde la distancia, se alzaban los mástiles de grandes navíos y una hilera de edificios de ladrillo rojo que bordeaba los muelles”.

La capacidad de la autora para que vivamos ese momento nos recuerda a una secuencia cinematográfica. Lindsay ha viajado en un barco que ha naufragado y al final tuvo que ser rescatada, mientras viajaba en un bote de emergencia. La muerte del padre pesa sobre ella, como una losa. Así vivimos esta carta dirigida a William. La idea de lo epistolar refuerza el carácter de novela que crece, que progresa y vemos cómo la joven va entrando de lleno en el mundo de la música y la reflexión que hace la autora sobre el magisterio es conmovedora:

“Mis clases magistrales comenzaban el lunes en el aula semicircular del segundo piso, cuyas paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de partituras”.

Y el joven que se acerca, el estudiante que escribe una ópera y que abre el sendero de un deseo que anhela Lindsay:  poder transformar su poema sinfónico “Los 7 acordes” en una ópera.

Para no desentrañar la historia y que el lector se asome a las páginas y se deje llevar por la belleza del lenguaje, por la música de las palabras, hay un niño, un maestro al que ya cité que entró en la vida de Lindsay y hay mucha pasión por la música.

Y el sexo, con la suavidad y el tacto de una escritora, que sabe tratar a los personajes, que los ama, que los ha conocido, que ha convivido con ellos, en ese largo periplo en que uno vive la novela hasta que la crea. Seres que crecen en uno, que se nutren de la fantasía de la mujer, en este caso, creadora:

“Estuvimos toda la noche uno dentro del otro. Abrazados bajo una sábana tibia. No hubo sueños, solamente realidad y por primera vez en mucho tiempo… paz”.

Se refiere a Richard que es un personaje esencial, el que marca la vida de la joven. Y de nuevo la carta final, carta de amor. Y es en ese paisaje donde la amanuense que es Úrsula Pedregosa ha descifrado el código del amor, se ha adentrado en el alma de los personajes y nos regala el cuadro de unas vidas que ya son nuestras para siempre.

Y al final, en el epílogo, el sueño se hace realidad, la música suena, “Los 7 acordes” se convierten en ópera y uno descubre que ha convivido con esa mujer, la ha amado en el silencio lector, la ha acompañado con su música. Hay mucho del autor o autora en los personajes que creamos y en esa novela, un rayo de luz ilumina la música, como la palabra bella de Úrsula. Una novela que nos habla de la vida, del amor, de las artes y por encima de todo, de ser una misma.

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Archivo Entreletras

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