abril de 2024 - VIII Año

El sueño de la razón

Grabado de Francisco de Goya. Serie Los Caprichos.

La razón no puede dormir. Ella es la sensatez, el sentido común a todos los sentidos, denominador único de los pensamientos, que pone en su sitio a las ocurrencias ocasionales, los delirios y los desfallecimientos. La exaltación por los éxitos y el desfondamiento tras las frustraciones son atemperados por la razón: nunca es tanto, ni tan calvo. Pero, si la razón se echa a dormir, la locura se hace el ama. Esto no conviene, aunque cueste; sin embargo, ocurre y al desaguisado se le ve venir.

Buero Vallejo, con su habilidad genial, censura la dictadura de su tiempo presente, camuflándola bajo la crítica al felón rey, innombrable, como si el pasado fuera tan execrable que no pudiera repetirse. El autor cubre de compasión la excelsa figura de Goya, para despreciar a un sapo, ufano de sí mismo, entronizado entre el cielo y la tierra, que mueve con desdén los hilos de su bordado. El rey canalla, a ciencia cierta hijo de su madre y de padre desconocido, se comporta como hijo de tal y se resiste a restablecer el Santo Tribunal de la Inquisición, abolido por las Cortes de Cádiz, porque él pretende ser “rey absoluto”, por supuesto de lo humano, pero también de lo divino.

A Goya, viejo, enfermo, sordo y pobre, sólo le queda la voluntad y la lucidez, porque él sabe que “ve visiones para aliviar su soledad” y reconocer así los monstruos que revolotean a su alrededor, ante el aturdimiento de la razón. Es la lucidez del genio la que brilla incólume para gritar, por miedo o por locura, dice, que la vida es muerte y la violencia sólo se ejerce contra quienes puede usarse…, porque siempre son los débiles quienes mejor la sufren.

Efectivamente, las víctimas de la sinrazón, antes, ahora y luego después, somos los frágiles, los menos resistentes, los que se rompen antes y se hacen añicos al primer embiste del prepotente ocasional. Lo estamos viendo en Ucrania y en las guerras de Sudán, Congo, Armenia, Etiopía, el Sahel y las “N” contiendas actuales, en las que la humanidad se degüella con ánimo de un lucro desatado, oculto y sin piedad.

La vida es muerte, le hace decir Buero al Goya, genio de sus siete cuadernos de “ocurrencias”(¡Mira por dónde!, Ocurrencias era el apodo con que los compañeros de estudios y deportes designaban a un ínclito personaje de actualidad y de máximo esplendor ciego…(¿sería una sincronicidad, o tal vez fue una premonición genial de adolescentes?) con los que denuncia la amargura de la realidad entorno: prostitución, hipocresía, corrupción, falsedad, avaricia, injusticia, violencia, vanidad, ignorancia. Miseria a mansalva. Son los monstruos que despiertan cuando la razón duerme.

Además de la guerra, otros monstruos de los Caprichos goyescos, de sus ocurrencias, parecen estar en pleno vuelo, a rebufo de lo que nos ocurre. La política, si no se entiende como una función de servicio, temporal y pasajera, sino como modus vivendi, destino irrenunciable y fuente de satisfacción del propio narcisismo, se convierte en un pugilato para sobrevivir a cualquier precio, con golpes en la nuca y ganchos al cuello del contrincante.

En España, los españoles europeos que nos gobiernan se han adueñado del Estado y en parte de la sociedad civil: El Tribunal Constitucional, la Fiscalía, el Tribunal de Cuentas, buena parte de los medios de comunicación, no sólo Prisa y la cadena SER, también Roures, hasta el CIS y el INE, son meros tentáculos del cefalópodo que habita  en Moncloa, pese a que ha cobrado más de 48.000 € como dieta de vivienda (¡!, ¿?), durante los cinco años de inquilinato, ya en Moncloa, ya en la Mareta, ya en Doñana. ¡Qué diferencia con Frau Merkel que, durante su mandato, no abandonó el piso de clase media berlinesa, donde vivía con su marido, haciéndose ellos la compra y los guisos!

Estos españoles europeos se parecen mucho a los españoles americanos, tipo Maduro, Correa, Preto, López Obrador, las diferentes versiones de Kirchner, Pedro Castillo con sombrero de realce o Dina Boluarte con tacones de presumir, el chileno Boric de fracaso estrepitoso en su referéndum con el que pretendía la apropiación indebida del Estado, Arce Catacora versión posmoderna de Evo Morales, como Díaz Canel lo es del clan de los Castro y el vencedor por los pelos Lula da Silva, proveniente de la cárcel, donde había ido para hacer penitencia por corrupción. Aquí y allá, tenemos múltiples ejemplos de reyes, o reyezuelos, investidos con el capisayo absolutista, que se encaraman al sursum corda del poder, adueñándose del mismo y castrando a la sociedad civil a la que dicen servir. Goya sólo se atrevió a no rendir pleitesía al tirano. Fue ofensa suficiente para tener que exilarse a morir en Bordeaux. El genio será siempre arrastrado por los suelos de la ignominia, mientras el Trono esté ocupado por indignos avarientos del poder. ¡Paradojas de la humanidad!

Con la prostitución, calamidad de todos los tiempos, Goya se ríe de los hombres explotados por las mujeres y sus alcahuetas, pintándolos como pajarillos que remolinean de anhelo, dispuestos a ser desplumados y aun sodomizados por sus amas. Con tanto feminismo actual, fundamentalista y altivo, terminamos en los reservados del Ramsés y en las tarjetas socialistas de pago en los prostíbulos…Goya, liberal él, se compadecía de las chicas pobres, que sobrevivían haciéndose virtuosas de la Philosophie du boudoir, mientras ponía en solfa la hipocresía cínica de quienes vendían honestidad  y derechos altisonantes, pero cuando se desnudaban pedían ser sodomizados por sus dóminas. ¡Más paradojas!

Amé la razón y pinté brujas”, vuelve Buero Vallejo a hacer que diga Goya, es una equiparación, un parangón: la inocencia sabia, de parafarmacia rural y cavernícola,  aún enraizada en su medio campestre desde el Neolítico, hace pócimas de remedios múltiples, con plantas de ensayo-error. Es un medio de descubrir la razón de ser de cada quien.  O, simplemente, de descubrir la forma de razonar sin dogmas, ni revelaciones teocráticas, aprendiendo de la experiencia cotidiana.

Próximamente, nos veremos sudando en las urnas para hacer valer la experiencia, porque hay que ganarse el pan con el sudor de la frente y despertar a la razón.

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