septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Un espartano al ver a uno que reunía dinero para los dioses, 
dijo que no creía en dioses que fueran más pobres que él. 
Plutarco ‘Moralia’

sexto 1Cada día observo con mayor preocupación cómo crece y crece el desconocimiento que tenemos de la antigüedad clásica. Nada parece importar que el pensamiento racional naciera ahí y que allí estén las raíces de nuestra cultura y de nuestra interpretación del mundo.

Estoy convencido de que hay que prestar una atención rigurosa a la antigüedad greco-latina. No sólo para disponer de una visión del pasado sino para entendernos mejor a nosotros mismos. Para reinterpretar la realidad hace falta conectar el presente con el pasado y, lo que es más importante, un conocimiento crítico del pasado favorece nuevas perspectivas para observar lo que viene y nos proporciona itinerarios y hojas de ruta que pueden ser tremendamente útiles para orientarnos en este presente incierto y lleno de renuncias.

Hemos ido desprendiéndonos, frívolamente, de los pocos conocimientos que teníamos sobre el periodo greco-latino y con ello hemos empobrecido nuestra visión de la realidad. Todavía, se recuerda, eso sí, que la filosofía nace en Grecia pero… sabemos muy poco de las diferentes escuelas, corrientes de pensamiento y aún menos de las preocupaciones que impulsaban a los hombres a pensar sobre el mundo, sobre la sociedad, sobre sí mismos y sobre sus preocupaciones, miedos, esperanzas y el modo de administrar la ciudad y organizar la convivencia.

Sin ir más lejos, sobre el escepticismo es mucho más lo que ignoramos que lo poco que sabemos. El vocablo escéptico quiere decir el que examina cuidadosamente las cosas, el que no se conforma con lo trillado, el que persigue la verdad sin alcanzarla nunca.

Sexto Empírico (160-210 dC.), por otra parte, es un filósofo interesante y, en algunos aspectos, desconcertante. Forma parte del grupo de pensadores que tuvieron una visión cosmopolita del mundo y con respecto a su teoría del conocimiento practicaron un empirismo que conecta perfectamente con movimientos acaecidos en Europa muchos siglos más tarde, sobre todo en las Islas Británicas. Se movió mucho, probablemente nació en Atenas, residió algunos años en Alejandría y acabó por instalarse en Roma, la capital del Imperio.

Lo que sabemos de él no es gran cosa. Debemos algunas de las informaciones más destacadas sobre su vida y sus obras, una vez más, a Diógenes Laercio. Fue un batallador incansable. Se opuso con tenacidad a toda forma de fundamentalismo.

Tenemos muchas deudas pendientes con el pasado. El periodo que le tocó vivir fue en muchos aspectos traumático. El declive histórico presentaba perfiles lacerantes que presagiaban el desmoronamiento del Imperio.

No es cierto, como algunos afirman, que la filosofía llegue siempre tarde. Muy al contrario, a veces lo que hace es anticipar. Cuando hay signos que anuncian el reino de las tinieblas es cuando tiene más mérito no dar pasos atrás, ni ser cómplice de todo lo que nos lleva al atraso. Hay coyunturas que tienen en sí mismas un peligro evidente de desvalorización.

Por eso es sin duda meritorio, no buscar coartadas y no claudicar ante las múltiples sordideces que nos envuelven. La verdadera talla de un pensador se da siempre en medio de un decaimiento generalizado. Quizás, por eso, son tan irresponsables la desmemoria y el olvido.

sexto 2Vayamos al grano. ¿Por qué nos resulta tan atractivo Sexto Empírico? Fue, entre otras cosas filósofo, astrónomo y médico. Decididamente partidario de observar minuciosamente los hechos concretos y no limitarse a estudiar las abstracciones y principios generales. Es de singular importancia este planteamiento en cuanto a la práctica de la medicina pero su interés no acaba ahí.

Quienes se han dedicado al estudio de la antigüedad clásica, recuerdo con especial reverencia, al italiano Marcello Gigante y a Emilio Lledó, suelen adscribirlo al escepticismo pirrónico, destacándolo asimismo como un pre científico avezado en lo que se refiere a la práctica de la medicina empírica.

No debemos caer en ninguna forma de adanismo. Leyó con fruición y aprovechamiento a Pirrón, al que suele considerársele fundador de la corriente escéptica. Asimismo, siguió los pasos de Enesidemo que abandonó la Academia Platónica para explicar en Alejandría las concepciones y teorías de Pirrón.

Para los escépticos una idea de peso y fuerza es el relativismo. Las opiniones y juicios pueden y deben ser revisados, cuantas veces haga falta, siempre han de considerarse provisionales y su actitud opuesta a toda forma de dogmatismo y visión cerrada es emblemática. Digamos, también, que practicaron algo muy parecido al perspectivismo. Hay que mirar las cosas desde muchos puntos de vista y no podemos estar completamente seguros de nada. Es interesante el ejemplo del bastón en el agua o la cíclicamente repetida idea de que la yerba por la noche parece de color gris, pero a la luz del atardecer, dorada.

Los escépticos no sólo fueron relativistas sino fenomenistas, en cierto modo precursores del empirismo y antimetafísicos, en tanto en cuanto la metafísica o, al menos, una interpretación muy usual de ella es rígida y dogmática. Son abiertamente críticos con los silogismos que no les merecen otra consideración que círculos viciosos.

En cuanto a sus obras, muchas se han perdido pero conservamos Los esbozos pirrónicos y Contra los matemáticos, aunque en ocasiones hayan aparecido con otros títulos. Ahora bien, gracias a estos textos ha sido posible a los filósofos de la historia y a los historiadores conocer mejor, reconstruir y conceptualizar las principales ideas del escepticismo y los puntos de vista y opiniones de sus cultivadores más destacados.

La historia del pensamiento como la tela de Penélope, es un continuo tejer y destejer. Cuando la figura de Pirrón y su influencia se habían apagado, el escepticismo tuvo un nuevo resurgir con Enesidemo de Cnosos (siglo I a.C.) y especialmente con Sexto Empírico.

El interés hacia Sexto Empírico no acaba ahí. Sus anotaciones son precisas y muy útiles para el conocimiento de las nociones de astronomía y también de gramática, filosofía y medicina que sostuvo, describió y analizó.

No es en absoluto desdeñable, estudiar con atención cual ha sido la importancia de obras, poco recordadas y citadas hoy, en la historia del pensamiento. Los esbozos pirrónicos, sin ir más lejos, tuvieron un largo y fecundo recorrido en la Europa de los siglos XVI, XVII y XVIII y fueron no sólo leídos, sino comentados y citados por figuras como Michael de Montaigne en sus ensayos, Erasmo de Rotterdam, Descartes, David Hume y Hegel, que entre otros motivos, destacan su actitud crítica, su inteligencia y su fina ironía.

Sexto Empírico es un trabajador infatigable que se entrega con denuedo a las investigaciones que emprende desconfiando, eso sí, de cualquier presunción de verdad o de todo conocimiento cerrado y tenido por definitivo. Muy al contrario, lo que considera el proceder más juicioso y acertado no es otro que ir rastreando hilos, siguiendo pistas… hasta alcanzar metas, eso sí, siempre provisionales y revisables.

En esta aproximación liviana a Sexto Empírico, no puedo por menos que mencionar que en España existen varios tratados suyos de medicina, tanto en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial como en la Biblioteca Nacional. Es admirable su enorme esfuerzo compilador aunque los resultados sean un tanto parciales y asistemáticos. El mérito está en el intento, el enfoque y la forma de obtener los datos empíricos de la realidad.

En momentos convulsos y en periodos inestables casi siempre se vuelve a los escépticos. Así, en el Renacimiento tardío y en los inicios de la Reforma Luterana, donde los pensadores más avezados estaban íntimamente convencidos de que debían extraer sus propias conclusiones de los textos bíblicos, sin aceptar las supuestas verdades estereotipadas y dogmáticas que pretendían ser inmutables… pero que no lograban, ni siquiera penetrar, en el significado profundo y en las acepciones múltiples de determinados vocablos y pasajes.

Indudablemente tiene importancia valorar la diversidad de interpretaciones y opiniones sobre unos mismos textos que difieren notablemente de unas lecturas a otras. En cierto modo, puede decirse que la hermenéutica tuvo ahí sus inicios.

Para los escépticos las opiniones no dejan de ser convencionales y… por tanto, sujetas a constante revisión y crítica.

Me gustaría mucho que estas reflexiones despertaran algún interés por conocer a Sexto Empírico y por adentrarse en los vericuetos del pensamiento escéptico. La realidad, lo tangible puede ser interpretado de diversas formas pero es esencial y obligado que se haga una descripción minuciosa de los hechos antes de elaborar teoría alguna.

Desde luego, la simplificación del pasado y no digamos la liquidación de la memoria es notoriamente irresponsable desde cualquier punto de vista.

Creo además que no queda resquicio para la libertad donde se imponen estas concepciones cerradas y dogmáticas de peligrosos perfiles reduccionistas. El espectro del aislamiento es una de las consecuencias más evidentes pero, desde luego, no la única.

Quienes pensamos que el espíritu crítico dignifica al hombre, hemos de reconocer que el escepticismo no debe ser tomado a la ligera, porque no son pocas las consecuencias que podemos extraer de sus enseñanzas.

Si siente la curiosidad de saber más y de conocer mejor a Sexto Empírico… no vacile en seguir ese impulso… el esfuerzo será compensado con creces.

 

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