noviembre de 2025

EL ECO Y SU SOMBRA / De una escalera en Liubliana

Fotografía de Marina Sogo

No sé si he hecho muchos o pocos contrapicados en mi modestísima experiencia fotográfica. Ni siquiera que lo fuesen cuando los hacía. Suelo dejarme asombrar cuando atiendo a mis ocupaciones en la calle o las dedico únicamente a pasear. Es cosa de la belleza perturbar y la de mi móvil guardar ese momento que, pese a la perseverancia de la memoria, se acabaría perdiendo si no le da una residencia a la que acudir cuando esa memoria flaquee o deseemos contemplar de nuevo lo que nos aturdió. Esa restitución es débil, por supuesto: no rivaliza con la contemplación exacta del objeto que reclamó nuestra atención, pero cuenta para animar los recuerdos y regresar a ese lugar en el espacio y a ese momento en el tiempo. Con no ser fotógrafo juega uno para envalentonarse y hacer como que lo es y dar al botón del móvil (por desgracia no me manejo como solía con una cámara) para que la realidad, lo que quiera que la realidad sea, permanezca, no sucumba al olvido, cree un instante duradero entre los instantes perdidos.

Esa escalera en espiral está en Liubliana, la capital de Eslovenia. El edificio que la contiene se llama Nebotičnik, que en esloveno significa «rascacielos». En los años treinta, cuando se construyó, fue el edificio más alto de Yugoeslavia y, gran mérito, el noveno de Europa. No fue su imponencia lo que nos fascinó, ni siquiera las vistas, que son espléndidas. Recordamos la terraza del bar que se encuentra en su última planta, la sensación de que no había nadie más arriba en cientos de kilómetros a la redonda. Creo recordar que pensé en mí mismo como rascacielos, en alguien contrapicándome, buscando la imagen que realzara la frágil contundencia de mi altura. Tendría que dar con quien buscara mi centro geométrico y dispusiera el ángulo idóneo. No tendré tal cosa, no sería un buen rascacielos. La altura de la que uno dispone no debería ser tangible, mensurable, sino cerrada, exenta de la rutina de los números y de sus anhelos.

Recuerdo al replicante Roy Batty en la persecución final de Blade Runner. Me vino la escena en la que se vuelve tiernamente metafísico. Quiso reconocerse hombre entre los hombres, memoria de la realidad para que otros la acogiesen cuando él faltase. Esas lágrimas en la lluvia, ese temblor huérfano. También el pensamiento, su zozobra y su danza, tienen su modo de imponerse a la realidad. Lo que se piensa está ubicado en una altura a la que se desea acceder: perseveramos en las palabras, nos conminamos a dar con la expresión justa, la que acerque la idea a su forma lingüística, la que ajuste lo vivido a lo recordado o lo pensado a lo fijado y duradero, pero no siempre damos con el ángulo desde el que ejercer esa tentativa de lenguaje, no miramos el suelo desde la cima, se escabulle el objeto, danza también en la intemperie del aire.

Escribir es facultarse para tener todos los ángulos, para ser el rey de los contrapicados. El escritor es un fotógrafo de esa metafísica. Arguye sin saber qué dará su pesquisa, compone sin la certeza de que lo compuesto responderá al propósito que lo animó. De este mismo texto ni siquiera se sabe desde dónde fue tomado.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Ortega y Gasset y Menéndez-Pelayo: maestros repudiados
Ortega y Gasset y Menéndez-Pelayo: maestros repudiados

La mayoría de españoles que han terminado el bachillerato en los últimos 75 años —dan igual los planes de estudio—…

El error de no planificar las emergencias en salud pública
El error de no planificar las emergencias en salud pública

La doctora Valle Coronado aborda en este artículo la necesidad de planificar las emergencias en materia de salud pública `Los…

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (y II)
Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (y II)

Los encuentros con la escritora gallega constituyen un punto álgido de la ruptura matrimonial de Blasco Ibañez. Alargar su estancia…

99