enero de 2026

‘Los papeles del Gran Gatsby’, de Francis Scott Fitzgerald

Los papeles del Gran Gatsby
Francis Scott Fitzgerald
Edición de Juan Ignacio Guijarro González
Traducción de José de María Romero Barea
Editorial Athenaica, 2025
Páginas: 200

Los entresijos de una novela y de su autor

¿A quién no le ha cautivado El gran Gatsby? Aunque en su día no fue ningún superventas, hoy es considerada una de las mejores novelas en lengua inglesa y lectura obligatoria en las aulas de Estados Unidos. Por el centenario de su publicación, Athenaica ha sacado a la luz Los papeles del Gran Gatsby, cuya introducción, notas y edición han estado a cargo del profesor Juan Ignacio Guijarro, especialista en F. Scott Fitzgerald, y traducido por el escritor José de María Romero Barea. De este estupendo dúo de amigos y colaboradores había leído anteriormente los ensayos de Fitzgerald recopilados en Ecos de la era del Jazz y otros ensayos, cuya lectura también os recomiendo, pues nos acerca a la figura del escritor —sus circunstancias y preocupaciones— y retrata con bastante precisión una época, además de poder conocer sus veintidós mejores artículos.

En Los papeles del Gran Gatsby se reúnen, por primera vez en español, relatos, cartas y reseñas de la novela, gracias a los cuales podremos descubrir los entresijos de su creación —por ejemplo, que Fitzgerald admiraba a Josep Conrad y este le influyó en el lirismo de la prosa de esta novela—, publicación y recepción de esta su tercera obra.

A la introducción, nota de edición y bibliografía esencial sobre la novela, le prosiguen tres relatos relacionados con la historia, una selección de su correspondencia, fragmentos de dos reseñas originales y el prólogo que añadió el propio Fitzgerald a la reedición de 1934, inédito en español.

Nos recuerda Juan Ignacio que nuestro escritor norteamericano contaba solo veintitrés años cuando alcanzó un enorme éxito con A este lado del paraíso. Llegó a convertirse en el autor más conocido y mejor pagado del país y en el cronista de su tiempo —al que bautizó como “La Era del Jazz”— en Hermosos y malditos (1922) y en sus numerosos relatos. Lamentablemente, su vida y trayectoria caerán en picado.

En una de sus cartas refiere que empieza a escribirla en 1922, pero sufrió muchas interrupciones. El fracaso en 2023 de su obra teatral le obligó a dejarla de lado para centrarse en publicar relatos y ensayos a fin de conseguir dinero.

Se incluyen los tres relatos referidos, considerados por los críticos de “la constelación de Gatsby”, pues afloran temas y cuestiones estilísticas que de algún modo anticipan los de la novela: Sueños de invierno (1922) —el escritor lo consideraba una especie de borrador de la idea de Gatsby—, Absolución (1924) y Lo más sensato (1924).

Como indica en una carta a su editor Maxwell Perkins, en la primavera de 1924 retoma la novela desde la Costa Azul francesa. Este le hizo sugerencias puntuales de cómo mejorar la estructura de la novela.

Se publica finalmente el 10 de abril de 1925 en una de las editoriales de mayor prestigio. A pesar de que Fitzgerald se lamentaba de la escasez de críticas y que estas fuesen negativas, parece que fue el libro que mejores críticas recibió de toda su carrera. Al final del texto encontraremos fragmentos de dos de las reseñas originales, traducidas por primera vez al español: la mirada crítica de Harvey Eagleton y la entusiasta de Heywood Broun, en la que se afirmaba: “Pocos libros se han escrito con la hermosura y delicadeza que se ha escrito El gran Gatsby… es una obra estilísticamente admirable (…) El personaje de Gatsby, osado oportunista, mantiene un atractivo imperecedero”.

Recibió elogios por personalidades famosas como T. S Eliot, Gertrude Stein o Edith Wharton, autora a la que admiraba. Fue tal el impacto de su lectura en Eliot, que procuró que se publicara en la editorial en la que trabajaba, sin resultado.

En cuanto a su correspondencia —escribió unas 3.000 cartas—, predominan las dirigidas a Maxwell Perkins, a quien le comenta la evolución de la novela y sus escollos: “Avanzo con pies de plomo, más que en mis libros anteriores, y a veces presa de angustias inenarrables, porque sé que este libro será un logro artístico consciente”; los dilemas con el título —conoceremos una lista de propuestas— y las correcciones de las galeradas; sus problemas de falta de dinero y el deseo de vender 20.000 ejemplares para saldar su deuda con él; lamenta que la novela no haya sido comprendida por los críticos y que tampoco se venda, o el deseo de que se publique en Inglaterra.

Encontraremos cartas a su agente literario, Harold Ober, con indicaciones para su publicación por entregas y otros temas, y un perfil más íntimo en las escritas a sus amigos. Destacan tres cartas sobre El gran Gatsby: de Gertrude Stein, Edith Wharton y T.S. Eliot. En palabras de la autora de “La edad de la inocencia”: “… esta vez ha dado usted un salto cualitativo, muy por delante de su obra anterior”. Y en palabras del poeta Nobel: “… me ha interesado y emocionado más que cualquier otra novela nueva que haya leído, ya sea inglesa o norteamericana, en todos estos años”.

Ultima con el prólogo a la novela que escribió el propio Fitzgerald en la reedición de 1934: “… nunca me esforcé tanto por preservar la pureza de mi conciencia artística como en aquellos diez meses que invertí en escribirla”. Remata el texto con esta frase: “no eres el primero que se encuentra solo en este mundo, solo y mil veces solo”. Un final que testimonia el ánimo del escritor, el sentimiento de fracaso tras varias frustraciones, como su intento de vivir de guionista de películas en Hollywood. Tardaría después nueve años en publicar Suave es la noche (1934). La película Días sin vida testimonia sus últimos años, sumido en un camino de autodestrucción por culpa del alcohol, acuciado por los problemas económicos y matrimoniales —su esposa Zelda empezó a sufrir crisis nerviosas y fue internada en un costoso centro psiquiátrico— y su amor con la periodista Sheila Graham. La historia de un desmoronamiento personal y literario que bien refleja en su ensayo El derrumbe (1936). Nuestro escritor de Minnesota muere prematuramente en 1940, con tan solo cuarenta y cuatro años, ciertamente en el olvido. Pasará una década hasta que críticos eminentes recuperen tanto su figura como esta novela

No puedo dejar de mencionar las valiosas notas que aclaran y amplían la información, necesarias para comprender muchas claves, vicisitudes y conocer a todos aquellos a quienes se mencionan.

Con Los papeles del Gran Gatsby nos sumergimos en todos los detalles del proceso, desconocidos hasta ahora para el lector, pero también en la personalidad de su autor, en sus aspiraciones y desencantos, y comprobamos que sí, también él era un romántico y soñador, como Jay Gatsby. Todo escritor toma material de su propia vida, porque ¿acaso no sufrió la ruptura por parte de su amada debido a que no tenía dinero? ¿No se encerró para escribir una novela de valor y poder hacerse famoso y rico y casarse con Zelda? Será un tema frecuente en sus escritos. Como el propio Fitzgerald indica en una carta a un amigo: “… el personaje comenzó siendo alguien que conocí una vez, y luego se convirtió en mi viva imagen; la amalgama, por lo que se ve, nunca se completó del todo en mi imaginación”. Aludiendo a los comentarios que se hicieron en su día sobre la indeterminación del perfil del protagonista. Bueno, tampoco hay que ser tan explícito, digo yo.

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