mayo de 2024 - VIII Año

En torno al libro ‘Lo que mueve el mundo’ de Kirmen Uribe

[Editorial Seix Barral, 2013]

Kirmen Uribe es un joven escritor vasco, hijo y nieto de pescadores, nacido en Ondárroa. Sus aficiones literarias comenzaron en la poesía y se han ampliado a la novela. Esta narración consigue en no mucho más de cien páginas conmover al lector. Está escrita de un tirón en muy pocos meses, desde Sausalito (USA) en una estancia temporal en ese país.

Esta narración se apoya en unos hechos reales ligados a la evacuación de los niños de la guerra civil española en el frente norte. Muchos miles de ellos se evacuaron principalmente por los puertos de Santurce, Bilbao y Gijón y en su periplo se dispersaron por diferentes países de acogida, Francia, Bélgica, Rusia y México.

En el caso de Euskadi, momento que evoca este autor, más de 2000 niños y niñas vascos fueron a parar a Francia y Bélgica y otros países europeos después de desembarcar en La Rochelle y sortear los barcos de la armada franquista y las minas del Golfo de Vizcaya.

En la acogida colaboraron muchas familias de Bélgica comprometidas con la República Española, de diferentes orientaciones políticas, socialistas, anarquistas y comunistas. En este caso se recoge la crónica de dos hermanos Karmentxu y su hermano Ramón, que fueron a parar a Gante, donde fueron acogidos en casa de dos familias vecinas que los recibieron como hijos propios.

Muchos volvieron al poco tiempo reclamados por las autoridades franquistas y sus familias acabada la guerra. Volvieron por Bilbao, o como en el caso de los niños exiliados a Rusia, por vía marítima a Valencia desde el puerto de Odesa, actual Ucrania. Esta última repatriación tuvo lugar pocos años después de la devolución de los prisioneros de la división azul en los años cincuenta.

La narración se recrea en Gante, en esos años felices para esas familias de acogida en los años anteriores a 1939. La llegada de la guerra mundial y la invasión de Bélgica dislocó la vida de todos ellos, condenándolos a un destino infame.

Hay momentos entrañables como en el caso del hermano de Karmentxu, cuando el dueño de la casa le enseña el palomar que tiene. El niño, Ramón, le pregunta si son mensajeras, su interlocutor asiente y le propone que escriba un papel con sus deseos para su familia en Bilbao. Lo ata a la pata de una de ellas, emprendiendo el vuelo como un cometa con los deseos del muchacho. Es conmovedor y de una gran ternura observar la respuesta a través de los ojos empañados en lágrimas del niño, confiado en enviar sus mejores deseos a los suyos por esta vía. Sabe el dueño que la paloma volverá en breve sin poder cumplir su prometido, pero los ojos glaucos del niño, empapados de emoción, son un latigazo para el lector.

A partir de ese momento inicial, el relato discurre en medio de las aventuras de los amigos de esos dos pequeños, sus amistades y aficiones. Desemboca la narración en otros dos jóvenes, más mayores, con los que conviven, Robert y Herman, sobre los que el autor despliega la segunda parte del relato. Sus vidas se reparten entre Gante y Amberes. Es un relato marcado por los maravillosos paseos del entorno urbano de la ciudad medieval y de su campiña. Constituye un cuaderno de viajes por paisajes de Bélgica, muchas veces en bicicleta.

Con la llegada de los alemanes a partir de 1940, Robert a iniciativa de Herman entra en la resistencia, participando en ella cada vez con más intensidad y compromiso, hasta el extremo que es detenido por la Gestapo.

Son dos amigos entrañables, y ese hecho y las vicisitudes que sufren, constituyen la parte del relato que ha motivado al autor a recoger la biografía de un héroe de la resistencia belga.

Robert después de ser torturado en Amberes acaba en un campo de concentración en Hamburgo. En las últimas fechas de 1945, ante el horror de los campos y con el fin ocultar todas las pruebas del exterminio y de la tortura, las autoridades alemanas envían a los presos de los campos a un barco prisión en Lubeck, en cuya bahía se encuentra fondeada la flota alemana en retirada. Al final del conflicto, esperando ser liberado, el protagonista muere fruto de un bombardeo aliado en los últimos días de la guerra. Las autoridades británicas creen que la concentración de naves en ese puerto obedece a un último interés por Alemania de evacuar la flota para seguir la guerra desde Noruega, por lo que ordena a la RAF bombardear los barcos sitos en la rada.

Son muy emocionantes algunas de las estampas que recoge del final de la guerra. Son los reencuentros de los hijos de estas dos personas, entrañables amigos de la infancia, con las familias de los dos niños vascos. Se celebran muchos años después. Sigue palpitando en ellos el cariño reforzado por las escasas huellas que les quedan de la vieja amistad de la infancia y la adolescencia, de su destierro en Gante. Son señas de identidad que les han legado sus padres y que les ha permitido conservar la amistad en el tiempo. Carmen la hija de Robert lleva su nombre en recuerdo de Karmentxu. A través de su testimonio se reconstruye este retal de la historia de nuestros niños de la guerra.

La narración es un compromiso de memoria, es una exaltación a la amistad, al cariño y a la entrega de las personas, y un homenaje a la solidaridad, de todos ellos en relación con las familias en que les ha tocado vivir. Les queda el poso, el empeño por recordar la lucha y el compromiso por un mundo mejor, salvaguardado a través del deber de memoria de aquellos que se han quedado en el camino pagando un alto tributo.

Uribe cumple sobradamente con este compromiso que se ha impuesto y lo ha hecho con toda dignidad. Construye esa promesa con la visita a Bélgica siguiendo la estela de sus protagonistas. Sus cartas y sus huellas han sido en parte conservadas. Es un largo sentimiento del autor parece que arrastrado durante tiempo y que aflora a través de esta narración.

Es un dato sobre unos pocos, pero que, mirado con distancia y perspectiva, el asunto afectó en esos tiempos a muchas más vidas de niños y niñas de la guerra. No podemos por menos que comprobar con mucha emoción que esto no ha acabado y que muchos años después, en Europa, en Ucrania, de repite el mismo fenómeno y se produce el mismo compromiso de solidaridad para resistir lo que una guerra trae consigo. Como dice el entrañable novelista Antonio Muñoz Molina, en medio de nuestros días, todo aquello que creíamos que era sólido se ha venido abajo.

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