febrero de 2026

Ricardo Martínez-Conde – Cuaderno de bitácora. Vols. I-IV  

Fotografía de Ricardo Martínez-Conde que ilustra las cubiertas de su tetralogía

Cuaderno de bitácora, obra compuesta por cuatro volúmenes escritos por Ricardo Martínez-Conde, se sitúa deliberadamente al margen de los géneros convencionales. No es un diario íntimo en sentido estricto, sino, más bien, un ejercicio sostenido de introspección filosófica y estética, articulado en fragmentos que adoptan la forma de anotaciones fechadas, reflexiones sueltas y observaciones sobre la experiencia cotidiana, sin progresión narrativa ni voluntad de cierre. Esta estructura no es un rasgo accesorio, sino un principio coherente con la poética del texto, que renuncia deliberadamente a la narratividad para privilegiar la meditación sostenida y la observación especulativa.

La soledad actúa como eje vertebrador del libro, concebida no solo como experiencia vital, sino como condición epistemológica y ética del pensamiento y percepción profunda del mundo. El yo que escribe se reconoce como un sujeto escindido del ruido social, especialmente del entorno burocrático y administrativo, que aparece reiteradamente como símbolo de la alienación contemporánea. La Administración, descrita con ironía amarga y una imaginería de resonancias kafkianas, funciona como contrapunto a la interioridad reflexiva del narrador: un espacio donde se teatralizan las relaciones humanas, se erosiona la dignidad individual y se consuma el desgaste espiritual, frente al cual la escritura se convierte en acto de resistencia.

Desde el punto de vista estilístico, el libro apuesta por una prosa densa y elaborada, meditativa y deliberadamente pausada, con frases extensas, cuidadosamente moduladas, en las que la sintaxis acompaña el fluir del pensamiento. El lenguaje es preciso, dispuesto a demorarse en los matices y mantiene una coherencia tonal que permite escuchar a lo largo de las páginas una misma voz, reconocible y fiel a sí misma, que observa el mundo natural —especialmente el mar, la lluvia y los ciclos estacionales— con una sensibilidad casi panteísta, caracterizándolo como un espacio de reconciliación y sentido, como contrapunto al mundo humano, que se presenta dominado por la hipocresía, la vulgaridad y la traición de lo auténtico.

En conjunto, Cuaderno de bitácora es una obra exigente, en el que la insistencia temática —la incomunicación, la espera, el silencio, la crítica a los otros— no responde a un descuido, sino que forma parte de un proyecto que aspira a la profundización paciente. Martínez-Conde escribe desde una fidelidad radical a una voz interior que observa el mundo sin complacencia y sin estridencias: su valor reside en reivindicar la mirada interior frente a la banalización contemporánea de la experiencia. Se trata de una creación dirigida, con rigor y honestidad, a aquel lector dispuesto a habitar, siquiera por un tiempo, la dignidad del pensamiento solitario. En esa obstinación silenciosa el texto encuentra su sentido más profundo: recordar que todavía es posible pensar despacio, a solas, y sin pedir permiso

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