febrero de 2024 - VIII Año

Emilia Pardo Bazán: Coraje, preparación, lucha contra los añejos prejuicios y feminismo

12 de mayo de 2021: cien años del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán (1851-1921)

Hace cien años que doña Emilia nos dejó. Aprovecho la ocasión que me brinda Entreletras, para dejar sentado mi convencimiento de que se trata de una escritora con nervio, ideas propias y valentía para luchar contra los prejuicios imperantes.

Esta novelista, ensayista, autora de cuentos, crítica literaria y periodista fue una de los grandes autores del siglo XIX y principios del XX. Hay que colocarla al lado de Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas “Clarín”, Valera y pocos más.

Su vida y su obra literaria han sido notablemente tergiversadas, manipuladas y despreciadas, primero por las ‘plumas’ más tradicionalistas y después por la larga, tediosa y miserable dictadura franquista. Corresponde pues reivindicarla y colocarla en el lugar que supo ganarse a pulso y con no poco esfuerzo.

Expondré a continuación algunas razones de peso que motivan la contundente afirmación anterior. Fue una protofeminista o feminista que, sin alharacas, defendió en todo momento, la dignidad de la mujer y criticó los techos de cristal y los prejuicios de un patriarcalismo rancio que, le negaban el acceso a puestos de responsabilidad que se tenía bien ganados.

Conoció además, las corrientes y vanguardias europeas del momento como demuestra en su obra “La Cuestión Palpitante”, donde formula, eso sí con cautela, sus puntos de vista y opiniones sobre realismo y naturalismo. Sus detractores no tardaron en arremeter contra ella, ‘que si se trataba de una bachillera’, ‘que sus ideas eran exageradas y peregrinas’… cuando por el contrario, actúa con una notable moderación y templanza, cuidando en todo momento de no ‘irse de la lengua’.

Voy a referirme básicamente a sus “Apuntes autobiográficos”, texto rico en matices, muy revelador y que proporciona una información sugestiva aunque, en algunos momentos, haré alguna breve incursión en otras obras.

Doña Emilia era celosa de su intimidad. Buscaba denodadamente, eso sí, que se la apreciara por sus conocimientos, su obra literaria, su cultura y su preparación. Quizás, por eso mismo, aceptó sin pensárselo dos veces, en publicarlos junto a “Los Pazos de Ulloa”  (1886)  que constituye con “La Madre Naturaleza”  (1887), en cierto modo su continuación, sus novelas más completas y apreciadas, tanto por la fuerza de los personajes, su rica vida interior como por la visión de la naturaleza, que se aparta de un mero fondo idílico para adquirir otros significados y otros tintes, acorde con las características estéticas de su tiempo y el valor que se le da al paisaje.

“Los apuntes autobiográficos”  en modo alguno son un prologo o una introducción. Tienen entidad propia y, probablemente, accedió a publicarlos porque en un arrebato de osadía quiso explicar quién era, como era y hacer unas cuantas críticas, muy pertinentes por cierto, al panorama literario y cultural del momento que le tocó vivir, tanto en su Galicia natal como en Madrid, donde pasaba largas temporadas y donde reposan sus restos.

Para un lector curioso y avisado, “Los apuntes autobiográficos” son un verdadero filón. Expone ideas avanzadas procurando, eso sí, modular el alcance de sus palabras. En ocasiones, el texto es críptico y hay que estar alerta para zambullirse en él, descifrarlo y realizar las interpretaciones pertinentes.

Entre sus múltiples núcleos de interés me atreveré a sugerir que en ocasiones rompe el silencio sobre su vida privada, quizás porque siente un deseo de explicarse y la necesidad de mostrar sus preferencias literarias y en más de una ocasión filosóficas. Por tanto, debería ser un texto de consulta obligada, aunque no es muy conocido y hasta la fecha no se ha reeditado apenas.

Otros puntos de interés es que formula sus inquietudes y planteamientos feministas por una parte y, por otra nos ayuda a comprender los libros que más le influyeron y puede decirse que formaron parte de su educación sentimental. Por último y no tiene escaso valor, es un recordatorio de a quienes admiraba por su inteligencia, habilidad literaria e ideas progresistas y a quienes despreciaba por sus planteamientos fundamentalistas, anticuados, rancios y envidiosos.

Cuando publica ‘Los Apuntes’ junto a “Los Pazos de Ulloa”, como hemos adelantado, doña Emilia tiene 35 años. Los golpes que da la vida la han hecho madurar. Gana en confianza en sí misma y su literatura es más combativa, atreviéndose a adentrarse en terrenos y vericuetos en los que hasta ahora no había puesto el pie.

Sabía el precio que había que pagar por su osadía y no le importó. Una sociedad como la española del momento, provinciana, inmovilista con las estructuras patriarcales intactas y, hasta con una indisimulada misoginia, reaccionó atacándola, vilipendiándola y excluyéndola de cuantos espacios e instituciones pudo. Ahí están, como ejemplo de ignominia, sus frustrados intentos de ingresar en la Academia Española de la Lengua. De alguna manera ‘enseña sus armas’ y se prepara para el combate.

Algunos de los que estuvieron, en principio, dispuestos a aceptarla como mal menor, en vista de su osadía, le dieron un sonoro portazo, comportándose como auténticos lobos disfrazados, eso sí de corderos y, apelando con frecuencia a las sagradas tradiciones, los mandamientos de la Ley de Dios o el papel que las costumbres y los hábitos vetustos, imponían a la mujer. Le vetaron el acceso a  aquellos espacios sociales y culturales con una actitud más vengativa que preventiva, intentando minarle la moral.

Inclementes como eran con todo lo que sentían como amenaza que pusiera en peligro sus privilegios, unieron la crueldad a la ignorancia para dificultar en lo posible, su libertad de movimientos, procurando soliviantarla y sacarla de quicio, obviamente sin lograrlo.

Numerosos son los ejemplos de cuanto estamos diciendo. Me limitaré a citar a fin de que el lector lo vea con claridad, unas palabras suyas sobre la educación y el destino que estaba reservado a las mujeres y que la hizo reaccionar con valentía y contundencia:”No puede, en rigor, la educación actual de la mujer llamarse tal educación sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”.

Planteamientos como este, están en la base de su reivindicación de los derechos de la mujer y de su feminismo. Recuérdese que feminismo es, ante todo, igualdad y eso fue lo que con su ejemplo mostró a las claras Emilia Pardo Bazán, siendo de paso, precursora de la actitud desprejuiciada de las llamadas ‘sin sombrero’, años más tarde.

Regresemos a ’Los Apuntes’ que sobre tantos aspectos pueden ilustrarnos. Determinados críticos se han hecho la pregunta de si se trata de un esbozo de memorias. La respuesta no es fácil. La brevedad del texto le permite hablar de unas cosas y ocultar otras. En una obra de mayor extensión hubiera tenido que aludir a situaciones que no le apetecían en absoluto. Lo que sí hizo y, muy bien por cierto, es dar pruebas de su preparación y de su capacidad.

Tampoco es fácil responder a la pregunta ¿qué es la literatura para ella? Doña Emilia diría que un espacio de libertad y para la libertad. Me parece una prueba encomiable de su voluntad de estilo, el que busque rehuir conscientemente de frívolas curiosidades  y el que se vea a sí misma como una escritora que no acepta las ideas hechas sino que por el contrario, se atreve a juzgar por sí misma los hechos. Escribe para entender el mundo en que le tocó vivir y entenderse a sí misma. Advierta el lector la punta de ironía que hay en su respuesta de que la literatura debe ser un alimento nutritivo, sazonado con sal y pimienta.

Emilia Pardo Bazán, no podía ser de otra forma, tuvo contradicciones algunas de ellas profundas, porque se producía en ella una escisión entre la sociedad provinciana de la que provenía, algunas de las ideas que la habían inculcado… y lo que veía y observaba en sus viajes a Europa y en su contacto con los nuevos aires, las ideas innovadoras y las vanguardias, que no solo le interesaron vivamente sino que la sedujeron.

La imagen rotundamente falsa, de una doña Emilia tradicionalista y reaccionaria se desmorona como un castillo de naipes, con sus alegatos a favor de la no violencia, con sus airadas protestas hacia los actos y humillaciones contra la mujer, algunos de los cuales terminaban en brutales palizas e incluso con la muerte. Estas denuncias de lo que hoy día llamaríamos ‘violencia de género’ son pioneras, no sólo en España sino en Europa. Cabe destacar, asimismo, su actitud valiente opuesta a la pena de muerte y en la defensa de las ideas protofeministas o feministas que, por entonces, aún eran balbuceantes y minoritarias. Sensible e inteligente como era estaba atenta a los cambios que se estaban produciendo y a los nuevos aires culturales que provenían, sobre todo, de Francia.

Fue una excelente observadora de cuanto la realidad le ofrecía. Las musas regalan, de cuando en cuando, a los escritores que saben traducir lo que la realidad pone delante de sus ojos… inspiración y valentía para ir llenando la página en blanco, narrando y describiendo lo que pasa, lo que siente, lo que intuye…

Hay críticos que han acertado a definir la literatura como un diálogo fecundo del escritor con su tiempo. Mas para que el tiempo esté vivo y no esclerotizado, necesita ser atravesado  por una conciencia herida pero lúcida.

Con frecuencia, me gusta regresar una y otra vez a “La Divida Comedia”  de Dante. Con su experiencia e ironía reserva una zona de su ‘Infierno’ para los ‘deterministas’. Ni que decir tiene que por vitalidad y carácter doña Emilia se mostraba opuesta a todo tipo de determinismos siendo ésta, de paso, una de sus críticas al naturalismo de Zola.

No era artificiosa ni retorcida. De hecho sentía una antipatía natural hacia ‘los cazadores de reclamo’ por su oportunismo. La mejor literatura se produce cuando se encuentran las ideas y las palabras para expresarlas. Modestamente creo que esta puede ser una orientación para iniciar una lectura crítica de alguna de las  obras de la insigne escritora gallega.

La reflexión, contra lo que se piensa, improvisa más de lo que parece. Ese es el momento en que la inspiración debe corregir y enmendar la senda que se está transitando. Hay que tener los ojos muy abiertos para acertar a escudriñar con eficacia, lo que las cosas son con agilidad de pensamiento. Una concesión a la metafísica más que oportuna.

En sus ‘Apuntes’ nos informa asimismo, de que le gustaba leer filosofía, si bien con sinceridad comenta, que no siempre la entendía. En la biblioteca de su padre había abundantes textos de filósofos, de hecho, era bastante más liberal y progresista de cuando de él se ha dicho.

Emilia recibió una educación que iba notablemente más allá de la que se dispensaba a las mujeres. Sabemos que leyó a Platón, a Aristóteles y a los filósofos alemanes Kant, Hegel, Fichte… también, supo aventurarse en los ilustrados franceses, especialmente Voltaire. Podemos preguntarnos qué buscaba con ese acercamiento a estos maestros de la filosofía. Ella misma nos lo dice abiertamente: método y disciplina.

Antes de hacer algunas consideraciones sobre “La Cuestión Palpitante”  quiero referirme, aunque sea de pasada, a que continuó rompiendo barreras y creando precedentes. Fue la primera mujer Presidenta de la Sección de Literatura de El Ateneo, donde pronunció conferencias ‘novedosas’, fruto de sus viajes y de su conocimiento de la literatura rusa, a través de traducciones francesas. Nos consta que sugirió a sus amigos la lectura de Tolstoi, Gogol o Turgénev. Cuando más tarde publicó “La Revolución y la Novela en Rusia”  -fue una excelente ensayista y crítica literaria- aprovechó los apuntes y notas que había elaborado para sus conferencias en El Ateneo. De hecho, su paso por la Docta Casa fue prolongado y fructífero y es la única mujer que figura en la Galería de Retratos. Allí conoció a Galdós, con el que durante muchos años mantuvo una franca amistad. Solían intercambiar ideas y opiniones sobre arte o literatura. Lo que va mucho más lejos de los comentarios ‘morbosos’ sobre sus relaciones.

Antes de finalizar este breve ensayo, unas consideraciones sobre “La Cuestión Palpitante”. Hay que señalar que no sólo destacó como ensayista sino como periodista. Escribió en diversos medios, españoles y latinoamericanos.

Es interesante constatar que antes de publicarse en formato de libro, esta obra polémica que despertó una manifiesta inquina entre los sectores inmovilistas y reaccionarios, fue apareciendo en forma de artículos-crónicas para el periódico ‘La época’.

Vio la luz en 1883. ¿De qué trata? Son opiniones sobre las corrientes realista y naturalista que estaban en boga en ese momento. Prologó esta colección de artículos Leopoldo Alas ‘Clarín’ y se trata de un ‘texto clave’ para apreciar la introducción del naturalismo en nuestro país, quienes se interesaron por él, quienes lo comprendieron y quienes lo denostaron, incluso sin leerlo.

Lo de mayor enjundia para ella, no es la pretensión de hacer ‘una novela científica’ sino de escribir y narrar la lucha por la vida, la explotación y los intentos emancipatorios de las capas y grupos marginales de la sociedad. De hecho, hasta entonces la literatura se venía ocupando de la aristocracia y de la burguesía acomodada. Ahora, se produce una alteración de ambientes, los personajes son de otro nivel social y las expectativas son, también, diferentes. No es extraño que aparezcan tipos y situaciones revolucionarias.

Los comentarios de doña Emilia son templados y acertados. Se trata de veinte artículos de los que son especialmente interesantes y polémicos los tres primeros. Ha leído a Zola y, también, a los hermanos Goncourt y a Daudet, lo que no significa que coincida con las opiniones y puntos de vista de estos autores. Asimismo, se ocupa de la novela en la España de su tiempo y analiza algunos textos interesantes de Flaubert.

Las reacciones furibundas no se hicieron esperar. Si bien expone con claridad que no comparte el fatalismo ni el determinismo, los sectores más apegados a un rancio clericalismo y al catolicismo inmovilista responden airados –y en muchos casos sin haberlas leído- que naturalismo y catolicismo son incompatibles. No acostumbran a perder ocasión para pontificar ni anatematizar. Todo lo que le sonaba a materialista, ateo o extranjerizante era tabú. A veces, más que agresivos y descalificadores son ridículos como cuando afirman que los libros de Zola no son aptos para señoritas.

No se ha reparado suficientemente, en que varios de los procedimientos del naturalismo los llevó doña Emilia a las páginas de su novela “La Tribuna”. empezando por la forma de documentarse sobre la vida, el atuendo y el habla de las cigarreras de Marinaleda –nombre que da doña Emilia a La Coruña- o descripciones, aunque sean indirectas, de un parto cosa que no se había llevado a cabo en la literatura española.

Emilia Pardo Bazán procuraba pensar libremente, por sí misma y, no le importaba que la acusaran de libre pensadora o que la motejaran de campeona del naturalismo o peor aún, como hiciese Pedro Antonio de Alarcón de mano sucia de la literatura.

Por último, me gustaría sugerir una respuesta a quienes preguntan habitualmente ¿Qué puedo leer para conocer mejor la vida y la obra de doña Emilia? Les contesto que su biógrafa de referencia es Isabel Burdiel y ha publicado en el 2019 una obra titulada “Emilia Pardo Bazán”  Editorial Taurus. Esta profesora y excelente conocedora de doña Emilia, será la Comisaria de la exposición que el Ministerio de Cultura organizará el próximo mes de junio en la Biblioteca Nacional.

Como colofón quisiera sugerir, asimismo, un libro de Vicente Aleixandre “Los Encuentros”  que data de 1986. Contiene entre otras delicias –este Premio Nobel  es un magnífico ensayista- un capítulo dedicado a la Pardo Bazán, elegante y analítico, que lleva por título ‘Doña Emilia en el Balneario’. Son solo unas cuantas páginas,  mas suculentas.

El primer Centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán no está teniendo el brillo que merece. No obstante, ha habido actos meritorios en su Coruña natal, organizados por la Universidad y la Academia Galega de la Lengua, ciclos de conferencias en El Ateneo de Madrid y de septiembre a diciembre se anuncia un prometedor ciclo de la Fundación Progreso y Cultura…

Emilia Pardo Bazán es ya una novelista de referencia. Por ello hay que continuar leyendo y comentando sus obras más allá del Centenario, recogiendo y proyectando todo lo que se ha publicado de interés para iluminar su figura, poniendo en valor su valentía para derribar y echar por tierra los tópicos, tergiversaciones y visiones reaccionarias y clericales, que han venido entorpeciendo y disuadiendo un mayor acercamiento por parte de muchos lectores interesados.

Ha llegado el momento de valorar a doña Emilia por sí misma, sin prejuicios ni anteojeras.

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