abril de 2026

‘Lago Topo’, de Eduardo Franco

Lago Topo (Isla de Delos, 2022) es, a mi criterio —como expuse en la presentación reciente de la novela de este título—, un texto de denuncia desgarrada que, nacida de la propia experiencia del autor y de su entorno, se despliega más allá de sus referencias circunstanciales expuestas hasta abarcar la sociedad en la que vivimos y en la que muchos experimentan in extremis, es decir, dolorosamente, sin esperanzas, sin futuro, y esforzándose por sobrevivir más allá de la hostilidad que les depara el mundo, tanto en el presente como a lo largo de los tiempos. Una sociedad sometida a la degradación, objeto de la mejor literatura escrita desde sus primeros tiempos.  

La historia nos pone ante una población de marginados en aumento de resultas de la pérdida de su trabajo, que más allá de lo fáctico y lo personal de la experiencia real, se extiende con un vuelo fantástico hasta construir un mundo de opresión en el cual masas ingentes de sucesivos marginados se ven abocados al desgaste y reducidos a la impotencia («voluntaria», según la calificaba La Boétie), a una degradante resignación e incluso a componer una masa muchos de cuyos elementos acaban vigilándose los unos a los otros, enjuiciando los más leves actos que se aparten de la sumisión que la mayoría va aceptando como «razonable», aun cuando esos actos contribuyeran a la adaptación resignada al sistema. Juicios que llegan a veces, demasiadas, hasta la denuncia de esas víctimas entre las que, sin embargo, se cuentan.  

Una de los dibujos de Eugenio Rivera, que ilustran la novela ‘Lago Topo’ de Eduardo Franco

Estamos pues aquí, con Lago Topo, ante una literatura con mayúsculas: una auténtica novela que desde los primeros párrafos me llevó a valorarla positivamente, y a situarla lejos de las innumerables historias que hoy son encumbradas por insulsas e inconsecuentes, sobre todo por los grandes pulpos editoriales. En primer lugar por la calidad de la escritura, la fluidez de la narración y la sutileza con la que se va desarrollando y descubriendo la trama, creando desde el primer momento un interés creciente por comprender lo que acontece y el mundo ante el que nos vamos sumergiendo, sintiendo que se trata en realidad del nuestro y, sin duda, el derivado de la experiencia del autor.

Estos aspectos fueron, en definitiva, causa de ese placer de la lectura al que responderá la literatura para ser fiel a su existencia. Placer que se ve realimentado por las logradas ilustraciones de Eugenio Rivera que siembran cada tanto el texto, acompañando los puntos cruciales del relato en perfecta conjunción con este, y que refuerzan la señalada intencionalidad de la denuncia. Pues esto es lo que encontrará, a mi parecer, en Lago Topo de Eduardo Franco y Eugenio Rivera todo lector que no deseche ser empujado a pensar y se atreva a cruzar las puertas de este nuevo infierno, abandonando, como a las puertas del de Dante, «toda vileza y a toda cobardía dar por muerta».

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Archivo Entreletras

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