mayo de 2026

‘Un cuarto de silencio’, de Cecilia Pérez-Mínguez 

Un cuarto de silencio
Cecilia Pérez-Mínguez 
Ediciones En Huida, 2026
Número de páginas: 246

UN CUARTO DE SILENCIO, LA MIRADA DE CECILIA PÉREZ-MÍNGUEZ A LA LOCURA

Cecilia Pérez-Mínguez es doctora en Psicología por la UNED, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y guionista. Ha publicado ya Perdona si te escribo, donde predomina el género epistolar y No decía palabras, novela que toca el tema de la maternidad, el maltrato y las repercusiones en la infancia.

Ahora llega la novela Un cuarto de silencio, una verdadera radiografía de la locura, de la incomprensión de un mundo que margina a los diferentes. Editada por Ediciones En Huida, la novela cuenta la historia de Berta, una joven cooperante que, al volver a su país, es acusada injustamente de tráfico de drogas. Va a la cárcel y allí conoce a Patty, con quien compartirá amistad.

La prosa de la autora de largos párrafos va calando, es la amanuense que entiende la fuerza del lenguaje, que penetra en nosotros hasta herirnos. Así describe la celda:

“Una cuerda deshilachada atraviesa de un extremo a otro el ventanuco de la celda y de ella cuelgan algunas prendas, dos pares de calcetines, un sujetador, unas bragas floreadas, una manopla de rafia, todo dentro del chabolo, claro, porque está terminantemente prohibido colgar durante el día cualquier prenda al sol”.

La amiga de Berta, Patty, abortó y la ingresaron en un psiquiátrico, la prosa absorbente de Cecilia Pérez-Míngez va desvelando un mundo, descubriendo los entresijos de la cárcel y cómo este ambiente se adentra poderosamente en los personajes. Hay una mirada honda de la autora, que ha conocido a mucha gente, que sabe cómo reaccionan y plasma en la novela el universo de la cordura y la locura. Como un Quijote y Sancho, los personajes deambulan en esa fina línea para trazar el mundo, para abrir las tripas a la sociedad. Dice en el capítulo 22:

Cecilia Pérez-Mínguez

“Ya va para seis meses que Berta camina por el centro penitenciario abriéndose paso en la oscuridad y, aunque sea una metáfora exagerada de su estado de ánimo, es casi la verdad, aunque a veces hay destellos, pequeños fogonazos hacia sí misma, y entonces es cuando aparece la pregunta imposible, quién soy yo”.

La cartografía de los seres que deambulan en la cárcel, Marcelino, Reme, Gelines, todos tienen un sentido en ese espacio cerrado, donde lo importante es narrar, contar historias, porque a través de los relatos nace una respiración libre, un deseo de nadar en superficie.

Y ese es el gran mérito de la novela de Cecilia Pérez-Mínguez, contar, hablar como lo hacen las presas, narrar de seguido, en largos párrafos, lo que me recuerda a la prosa de Saramago. Todo sin pausas, entrando de lleno en el terreno del mundo interior, para que conozcamos sus vivencias, sus angustias y el tiempo, que no para, pese al espacio cerrado que es un silencio en las vidas de los seres atrapados en la cárcel.

Esta novela con la cubierta en la que vemos una ventana en la que se filtra la luz, no da respiro, va avanzando de forma claustrofóbica, estamos atrapados como los personajes en la prosa atrayente de la autora. Una novela que nos habla de la cordura y la locura y el fino hilo que las separa.

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